Nuestro Niño Jesús. Y el vuestro también

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*Rocío de los Reyes Machuca para Prensa Social.

Mi marido se harta de reír conmigo cuando le aseguro, medio en serio medio en chanza, que es un asaltacunas.

Asaltacunas. Como suena. Pepe es casi diez años mayor que una, aunque debo reconocer que, a pesar de nuestra diferencia de edad, él hace lo que puede por reciclarse en el tema informático y demás, que le ha arrollado como un tsunami.

Continuamente trata de vengarse, chuleando de que, al haber vivido más, conoce más cosas que yo, aunque a veces el tiro le sale por la culata, je, je, je…

Me comenta que recuerda perfectamente el nombramiento como Papa de Juan Pablo II, y que hablaba de ello con sus compañeros del colegio. Me lo dice porque sabe de veras que no puedo contraatacarle, puesto que, por aquel entonces, esta menda comenzaba a jugar con sus muñequitas, como El De Arriba manda, y no se enteraba de la Misa la media. Ni siquiera de la Misa inicial de tan memorable Pontífice, mientras que Pepe estuvo al loro del tema y sabía de detalles y anécdotas.

Contento con el gol que me ha encajado, me sigue diciendo que su madre (mi suegra) es de Valladolid, y que un verano, siendo él adolescente, lo pasaron en Medina de Rioseco, un municipio de tal provincia. El pueblo natal de Fray Carlos Amigo, que llegó a ser Arzobispo de Sevilla, y que incluso trabó alguna conversación con sus familiares.

Pero aquí me planto, como en el póker. Pongo pie en pared y le reto a levantar los naipes, a ver quién gana. Porque, a pesar de nuestra distancia en edad, una tuvo la suerte de tratarse con Fray Carlos y con el Hermano Pablo, muchísimo antes que mi consorte.

Mis amigos saben que, debido a mi discapacidad, estudié en el Colegio de Educación Especial «Aben Basso», hoy llamado Mercedes Sanromá.

Y allí estaban Fray Carlos y Fray Pablo al pie del cañón, representantes de una Iglesia fraterna y humana, apostando por la inclusión de todos.

Recibí el sacramento de la Confirmación del Arzobispo Carlos Amigo. En mi condición de responsable de FRATER (Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad), me reunía con él con frecuencia en el Palacio Arzobispal, para ponerle al día de las reivindicaciones de mis compañeros con silla de ruedas. No me cansaré nunca de hablar del empeño de nuestro mitrado amigo por facilitar la inclusión de las personas con discapacidad, predicando y dando trigo, que Iglesia somos todos.

De modo que ahí le he dado una buena colleja a Pepe, que va mirando hacia otro lado, haciéndose el sueco y cambiando la conversación —«qué frío hace hoy» y tal— mientras yo le sigo zumbando la del león, hablándole de millares de esperanzadoras vivencias con mi querido Fray, quien, por cierto, ofició nuestro matrimonio ante el altar de la Virgen De Los Reyes. De Los Reyes. Mis apellidos. ¿Casualidad o providencia? Je, je…

Y entonces, cuando ya la he largado estopa a mi cónyuge, me toca ahora darle cuartelillo. Una de cal y otra de arena, que me da pena.

Y rememoro con Pepe aquello que nos ocurrió con Fray Carlos, que albergamos en el corazón como si fuera un Toisón de Oro.

Nuestro hijo Luis apenas tenía seis meses. Nos comentaba el Arzobispo su ilusión por oficiar la primera Eucaristía navideña en el año 2003, en la que portaría un Niño Jesús de barro por la Catedral, para que la gente lo besara.

Miró a Luis, que parecía hasta bueno, hartito de biberón y dormidito. Ante nuestro asombro, le dijo al Hermano Pablo:

«A partir de ahora vamos a cambiar levemente el ritual. En vez de un Niño de Dios de barro, llevaré a este niño en brazos por la Catedral. Que se acerque quien quiera a besarlo. Un niño real, como real es nuestro Niño Jesús».

Y a Pepe y a una menda, allí en la Catedral, cayéndosenos la baba. Viendo emocionados a nuestro hijo portado en brazos por Fray Carlos, con lo alto que es.

Mi marido y ésta que suscribe, anchos como pavos navideños. Orgullosos de compartir a nuestro niño Luis, a nuestro Niño Jesús, con el pueblo de Sevilla.

Los dos gordos y orondos. Tan gordos y tan orondos como los cochinos que tiene Manolo Murga en su dehesa de Texas, hinchados de bellotas.

Felices del legado que nuestro hijo ha dejado en esta bellísima ciudad, con los críos que le van sucediendo cada Navidad como protagonistas de la presentación de Dios hecho niño, ofreciéndonos infinitos horizontes de esperanza y de encuentro entre los sevillanos.

Luis. Nuestro Niño Jesús, que ya es universitario. Nuestro Niño Jesús. Y el vuestro también.

Feliz Navidad.

*Rocío De Los Reyes Machuca es embajadora del Consejo Español para la Defensa de la Discapacidad y la Dependencia en Andalucía (CEDDD-A)

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