La ola de calor que asolará España es una alerta roja del cambio climático. La ONU alertó, los científicos advirtieron, pero ¿cuándo escuchará la humanidad?
España afrontará una nueva ola de calor, la más intensa de este verano hasta la fecha. En previsión, han saltado las alarmas, varias provincias han activado la alerta amarilla y Sanidad ha vuelto a emitir su decálogo de medidas preventivas para hacer frente a las temperaturas extremas y evitar golpes de calor e insolaciones.
Un informe climático que explica la ola de calor
Las olas de calor están asociadas «inequívocamente» a las actividades humanas que causan el calentamiento global, a juicio de la alerta de la última evaluación científica del Panel Internacional de Expertos (IPCC), igual que las sequías y las tormentas «sin precedentes en siglos».
«Nadie está a salvo», resume en advertencia Pep Canadell, director ejecutivo de Carbon Project y uno de los redactores del informe del IPCC. «Hemos comprobado que el calentamiento y la acidificación de los océanos ha llegado ya a más de 2.000 metros de profundidad», explica, refiriéndose al informe medioambiental basado en la física y realizado por científicos. «No hay duda de que el calentamiento acumulado hasta ahora es debido a las actividades humanas», añade, algo que «no lo había dicho así de taxativamente nunca el IPCC».
El informe, que expone asimismo que «la influencia humana ha alterado el clima a un ritmo sin precedente en los últimos 2.000 años», matiza que muchos de los aspectos del clima que hoy en día afrontamos responden desde luego a una subida de la temperatura global. El planeta está 1,1ºC grados por encima de la temperatura media en 1850/1900, por ejemplo; un cambio que hace que los días más calurosos de cada década alcancen 1,2 grados más altos de media, aproximadamente.
Se trata, pues, de una situación en la que «la intensificación y la frecuencia de estos desastres van a aumentar muy significativamente casi hagamos lo que hagamos, hasta mitad de siglo», en palabras del científico Canadell, refiriéndose a las sequías, lluvias, el retroceso de los glaciares, la elevación del nivel del mar y todas las graves consecuencias de este cambio climático que abofeteará en olas de calor a los españoles durante una semana. «Luego puede pararse si hay menos emisiones».
Ola de calor: un plus de riesgo para azuzar las preocupaciones
Todos estos datos contribuyen a respaldar nuestra afirmación de que una ola de calor siempre tiene la capacidad de aumentar los riesgos y dar motivos de inquietud por la salud de las personas, especialmente las de mayor edad. ¿Y por qué ellas precisamente?: debido a que tienen una percepción muy disminuida de las altas temperaturas, por lo que corren el peligro de deshidratarse.
«A nadie le importa lo que va a ocurrir dentro de tanto tiempo», lamenta el investigador Canadell. «Hay problemas más acuciantes ahora». Y, aun así, los alcances de ese cambio climático los podemos sentir hoy, ahora, sudor a sudor y rayo ardiente a desesperación, sumándose, en el caso de las personas de edad avanzada, a su propia distorsión del calor, pintando juntos un sofocante cuadro.
Y es que varios son los cambios fisiológicos que llegan en el mismo paquete que la edad, cambios que alteran la percepción de la temperatura y, por ende, hace que las personas mayores perciban el calor con menor intensidad, lo que en absoluto es una ventaja, ya que eso sólo les deja más vulnerables para protegerse, de modo que deben extremar las precauciones, en especial si viven solos.
Las ciudades, focos de riesgo para las personas mayores
Según el IPCC, las grandes urbes exacerban los efectos del cambio climático. ¿Traducción? Que, si las personas mayores ya están en desventaja en cuanto a su percepción del calor sólo por causa de su edad, las que viven en ciudades están aún más expuestas a este peligro, por la simple razón de que en dichas metrópolis se acumulan más grados de temperatura.
«El mundo escucha, pero no ha actuado lo suficiente», resumió la secretaria ejecutiva del Departamento de Medio Ambiente de la ONU, Inger Andersen.
El modelo urbano y el desarrollo de la industrialización humana se combinan así para gestar episodios extremos como las olas de calor que arrancan hoy en España. «Se espera que suban tanto las temperaturas como el nivel medio del mar», pronostica el IPCC, refiriéndose en concreto a ciudades costeras como muchas de las que se ubican geográficamente en la península Ibérica.
¿Qué factores han fomentado la ola de calor que ha llegado con este cambio climático?
Tres son los factores que contribuyen al empeoramiento de los efectos del cambio climático en las grandes urbes. Primero, la geometría de las ciudades, organizada en altas edificaciones que absorben más calor y cuya proximidad, tan poco distanciada, dificulta la ventilación.
Después están las actividades humanas; no las deportivas como correr o nadar, sino aquellas que liberan calor, como el uso de la calefacción, el aire acondicionado y todo tipo de motores. A ello se suma el tercer factor, consistente en la fabricación y uso de materiales de construcción que «son muy buenos reteniendo el calor y, luego, expulsándolo».
Los factores arriba citados son difíciles de frenar aisladamente, y desde luego imposibles por cuenta propia e individualç. Los daños causados al planeta son tan graves que sus consecuencias son ya imparables; la humanidad tendría, por tanto, que cambiar todo el modelo de vida y construcción y desarrollo en el que lleva siglos fundamentada, cambio radical que no tiene ni la más mínima intención de emprender ni a medio plazo.
«Muchos de los cambios debidos a las emisiones pasadas y futuras son ya irreversibles durante siglos o, incluso, milenios», señala Canadell como lo peor. La lucha, por tanto, está en desterrar costumbres que deterioran aún más el medio ambiente; en reducir actividades CO2, por ejemplo, aun cuando el nivel del mar continuará ascendiendo con seguridad durante este siglo, a causa del escenario que la humanidad le ha deparado. Y mientras tanto, protegerse. Protegerse bien, debidamente, a nosotros mismos, a los niños y a nuestros mayores.
¿Cómo reconocer la insolación y golpe de calor?
El decálogo de Sanidad despliega una serie de recordatorios y recomendaciones preventivas contra el calor en general y la actual ola en particular.
Toda insolación o golpe de calor viene precedida de sus síntomas, entre los que Sanidad destaca: mareos, náuseas, vómitos, dolor de cabeza, cansancio, piel fría, pálida o húmeda, sudoración, pulso rápido y débil y fiebre menor de 40°C.
¿Cómo combatir el calor?
Bebiendo mucha, mucha agua. A sorbitos, despacio, pero una cantidad abundante: dos litros como mínimo. También ayuda el permanecer en un lugar fresco, aplicarse paños húmedos, aflojar la ropa, darse duchas de agua fría. E importante: buscar atención inmediata si los síntomas empeoran, duran más de una hora, o si se padecen enfermedades crónicas.

























