Ómicron: una variante inmune a las mascarillas quirúrgicas

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El aviso de varios expertos confirma que no todas las mascarillas quirúrgicas protegen bastante frente a la variante Ómicron. ¿La excepción? Las FFP2.

Ante el aumento de contagios por Ómicron en el país y el resto del mundo, la nueva alerta lanzada recientemente por los expertos versan precisamente sobre la variante Ómicron y sobre el hecho de que las habituales mascarillas quirúrgicas no protegen realmente a una persona; de ahí que recomienden a la población el uso de las FFP2, algo más herméticas y con menos recovecos para filtrar el aire y, con ello, el virus.

Alerta frente a Ómicron y la vulnerabilidad de las mascarillas quirúrgicas

Según el último conteo del Ministerio de Sanidad del miércoles 5 de enero, España ya cuenta con 137.180 nuevos casos positivos por Coronavirus, con una incidencia que se ha visto incrementada unos 140 puntos, situándose en los 2.574 casos por cada 100.000 habitantes, y eso en los últimos 14 días.

Unos datos de acrecentamiento de contagios que han vuelto a propiciar el ya conocido debate sobre la efectividad de las mascarillas, por un lado, y si todas las mascarillas resultan igual de efectivas en su cometido de protección ante el virus.

Varios han sido los expertos que en tal contexto de incertidumbre han alertado a la población que, si bien las mascarillas quirúrgicas otorgan amparo, es una protección insuficiente frente a una variante tan contagiosa como resulta ser Ómicron, por lo visto, de modo que recomiendan el uso de mascarillas FFP2, en lugar de las más habituales o las confeccionadas con tela.

Ómicron: porque no se trata de llevar cualquier mascarilla, sino de vestir la correcta

Es el caso de María Gallego Blanco, sanitaria española, y de José Luis Jiménez, profesor de la universidad de Colorado, en Estados Unidos, quien figura como uno de los mayores expertos en la transmisión por aerosoles. Ambos profesionales no han dudado en recurrir a sus cuentas de Twitter para dirigirse a la población e insistir en el preferible uso de las mascarillas FFP2.

«Las mascarillas quirúrgicas ya no son suficientes», aseguraba días atrás Jiménez en su respectivo perfil público de la conocida red social. «Cualquier mascarilla filtra algo», y si bien es mejor llevar una que ninguna, «las mascarillas quirúrgicas ya no son suficientes», especialmente para un virus que se transmite por el aire «tan rápido o más rápido que cualquier virus conocido por la humanidad».

El experto hace ver que, a pesar del esfuerzo, la mayor parte de lugares no goza de la ventilación adecuada, lo que engloba tanto a colegios y oficinas como a los trenes y otros transportes públicos.

En esta falta de ventilación, Jiménez respalda su recomendación y apuesta por el uso de mascarillas FFP2, haciendo hincapié eso sí en lo importante que es llevar una buena mascarilla, primeramente, y que ésta esté bien ajustada, por otro lado.

La recomendación de María Gallego, por su parte, se basa en utilizar únicamente mascarillas FFP2 o FFP3, añadiendo que sean mascarillas que cuenten «a poder ser con ajuste trasnuca». Y es que «son cómodas, se respira bien con ellas y ajustan bien», aseguró desde su perfil público.

Explicó asimismo que «un hueco del tamaño del 2% del perímetro de la mascarilla deja entrar y salir 50% aire sin filtrar», razón por la que afirmó que «si quieren ahorrar, una elastomérica cuesta 20 euros aproximadamente y dura años. Sus filtros son baratos y se cambian cada mes, o más», agregando que tienen además «ajuste perfecto».

Protegerse frente a Ómicron empieza por llevar bien ajustada la mascarilla

La experta Claire Judith Horwell, profesora de Geohealth en el Departamento de Ciencias de la Tierra y el Instituto de Peligros, Riesgos y Resiliencia, directivo perteneciente a la Universidad de Durham, señaló por su parte que el uso de mascarillas FFP2 debería ser una «prioridad», especialmente ahora, que hay mucha más información sobre el virus.

«Como regla general, si siente que entra aire en los ojos y sus gafas se empañan rápidamente, o si siente que su aliento se escapa por los bordes… entonces también podrá entrar aire contaminado», advirtió a través también de su cuenta de Twitter.

¿Su recomendación? Probarse varias mascarillas FFP2 hasta dar con una que se ajuste bien, sin dejar salir el aire por los bordes. Horwell hizo ver asimismo que la barba puede ser un obstáculo que dificulte la tarea de conseguir un cierre hermético, llegando a aseverar que las mascarillas de dos pliegues «no suponen un gran sello porque el clip de la nariz viene doblado en el medio».

Por esa razón, «cuando se coloque una mascarilla debe moldear el clip a su nariz, no pellizcarlo», instruyó. «De lo contrario el aire se escapará alrededor del puente de la nariz», explicó.

Las mascarillas de rejilla tampoco protegen, ni contra Ómicron contra nada en realidad

A pesar de estar homologadas (en ciertos países) y venderse legalmente en farmacias, es óptimo cerrar esta pieza dedicándole unos párrafos a las mascarillas transparentes de rejilla, artículos muy vendidos, pero proporcionalmente inútiles en su defensa contra el SARS-CoV-2.

Cesc Tort, director general de Laboratorio de Ensayos LECCYL, explica claramente la inutilidad de este tipo de mascarillas en una publicación de diciembre del año pasado compartida en la red social LinkedIn.

«Varios han sido los laboratorios de este país que se han hinchado a certificar esos atrofios de mascarillas, y me refiero a no acreditados como acreditados, con tejido que cualquier persona que tenga una mínima experiencia en la industria textil sabe que simplemente, por la naturaleza de ese material y por su uso, se pueden encontrar huecos entre 100 y 600 micras entre las tramas».

Y es que Tort expuso en un documento públicamente compartido las imágenes de una inspección obtenida a través de una cámara digital conectada a un software, indicando con colores las medidas de las diagonales de los huecos del tejido. ¿Para qué? A fin de proporcionar una idea del posible nivel de filtración a partículas a las que se exponen las personas que recurren a este tipo de mascarillas, inútiles frente a Ómicron y, en realidad, inútiles frente a cualquier otro virus.

Tort continúa expresando su protesta frente a este tipo de mascarillas diciendo: «sí, digo entre 100 y 600 micras, cuando los ensayos de BFE, según la ISO 14683, habla de 3 micras como dimensión máxima a frenar… Sin mencionar que estas “Mascarillas” se les concede unas propiedades de lavables hasta 50 veces y, si no fuera suficiente, se les incluye una certificación oekotech, algo que muchos no saben ni que es ni los requisitos para poder anunciar un producto con dicha certificación».

Son mascarillas que, al menos en España, no están homologadas por el Ministerio de Sanidad, a pesar de lo que proclamen sus proveedores, igual que sucede con las mascarillas higiénicas, tanto con las no reutilizables como con las reutilizables.

«Para estos productos no existe homologación, ni ningún otro trámite equivalente donde intervenga las autoridades de forma previa a la comercialización o puesta del producto en el mercado», en palabras exactas de Sanidad. «Indicar que una mascarilla higiénica está homologada, puede ser considerado una inducción a error al consumidor», advierten.

A ello se suma que las mascarillas transparentes de rejilla ni siquiera son científicamente válidas para poner un muro de defensa entre el Coronavirus y el organismo.

«Como se puede observar, los huecos entre los hilos entrelazados oscilan entre 638,422um y 530,450um. Cualquier gotita emitida al respirar, hablar o toser inferior a estas medidas, puede pasar a través de esos huecos sin ninguna barrera, siendo imposible cumplir con los requisitos de BFE», concluyó Tort en su informe, haciendo referencia con esas siglas de BFE a la respirabilidad y a la eficacia de filtración bacteriana, reflejada también en el Boletín Oficial del Estado y en su Orden CSM/115/2021, de 11 de febrero, por la que se establecen los requisitos de información y comercialización de mascarillas higiénicas.

Resumiendo, que no por venderse en farmacias son barreras eficaces contra Ómicron; más aún, peligran la estabilidad y el bienestar de la salud. ¿Nuestra recomendación? No dejarse engañar por las fábricas, importadores y comerciantes que aseguran que este tipo de mascarillas transparentes de rejilla son realmente buenas.

Le aconsejamos, de hecho, andarse con pies de plomo y conocer con detenimiento el grado de cumplimiento de la normativa antes señalada de cualquier mascarilla que vaya a comprar. De rejilla, higiénicas, reutilizables, de FFP2… no importa; conozca antes y a fondo de qué pie cojea lo que va a ponerse… antes de ponérselo.

Porque la información es poder, y ni todo el dinero del mundo vale el precio de la salud.

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