Opiáceos: crónica de una adicción indeseada

0

Aun tomándose con receta, los opiáceos como el fentanilo pueden producir una adicción tan inesperada como indeseada al ser una sustancia mucho más potentes que la heroína.

«La adicción genera pérdida de control; la dependencia, no». Las palabras de Ana Isabel Henche, profesional que desde 1995 trata a pacientes con adicción y dependencia, resumen la indeseada adicción que generan los opiáceos como el fentanilo en quienes lo consumen por prescripción médica. Averigüemos bajo sus directrices y la de otros profesionales en qué momento se empieza a caer en esta trampa de adicción o, como mínimo, a rendirse a ella y dejar de combatirla.

Los opiáceos y el fentanilo son más potentes que cualquier heroína

Drogadictos, yonquis, toxicómanos, receptores de SIDA, transmisores de enfermedades víricas… las personas con adicción reciben un sinfín de nombres, a cuál más descriptivo y decadente, reflejando a veces los términos médicos y alejándose bastante en otras ocasiones del diccionario políticamente correcto. En cualquier caso, hacen alusión a individuos que consumen drogas por vía parenteral.

Pero de un tiempo a esta parte se ha ido generando otra realidad, una no tan conocida ni contada, una denunciada por esta profesional, sus pacientes y otras asociaciones médicas y psicólogas, y es la de personas que se han visto empujadas a una adicción indeseada del fentanilo y otra variedad de los Opiáceos, a pesar de no haberse inyectado nada, jamás, ni de haber consumido ninguna sustancia tóxica en toda su vida. ¿Y cómo es eso posible? Se preguntarán.

La respuesta que señala Henche apunta directamente hacia esos medicamentos administrados para controlar el dolor, prescritos en tantas ocasiones a través de recetas médicas. El fentanilo es un fármaco incluido en la familia de los opiáceos que fue desarrollado por Paul Janssen en 1960, y que forma parte del tratamiento contra el dolor, manteniéndose hoy en día como el principio activo de mayor consumo entre los opioides mayores que pululan por el Sistema Nacional de Salud.

Decir que puede ser hasta cien veces más fuerte que la heroína no es exagerar. A ello se suma el hecho de que los opioides están infradotadas, lo que se percibe en las amplias listas de espera de las unidades de dolor, además de que a veces se venden en forma de parche, inhalador nasal o piruletas para chupar en cualquier momento del día; un formato mil veces más atractivo que la cápsula o comprimido o píldora familiar, ciertamente.

Según definición del Ministerio de Sanidad, los opiáceos u opioides, «manejados de forma adecuada, pueden ser muy eficaces para algunos tipos de dolor». A la vista de la lectura de los datos barrajados por la entidad máxima de la salud en el país, el fentanilo es un analgésico opioide u opiáceo con un principio activo bastante adictivo, cuyo índice de consumo ha aumentado en los últimos cinco años un 39,6 por ciento, y eso sólo en España, arrastrando en el incremento al consumo del resto de calmantes de la misma familia.

De hecho, no son pocos los expertos que llevan años advirtiendo acerca de la larga lista de problemas que puede generar la mala dispensación de los opiáceos, presentados ante la población como medicamentos anodinos que ni siquiera son cuestionados por la mayoría de profesionales de la medicina, sin que tampoco ninguno de ellos ponga en duda su eficacia, consecuencia y secuelas para quien lo ingiere.

Remitiendo de nuevo a los datos de consumo de este medicamento, un registro realizado por Sanidad no es erróneo afirmar que el consumo de los opiáceos, los también llamados opioides mayores, ha aumentado en España.

Un incremento que durante los últimos cinco años ha pasado de 3,57 dosis diarias por 1.000 habitantes, a 5,42 por DHD. En este rango de consumo de los opiáceos, los datos señalan una variabilidad que oscila de alta a mediana o baja según la comunidad autónoma, donde Galicia, la Comunidad valenciana y Cantabria se llevan el palmarés de las regiones de España con mayor utilización de este tipo de sustancia, siendo el 3,57 el índice más bajo, y 7,74 el más alto.

Preguntados al respecto, la gran mayoría de las voces expertas de la medicina se apresuran a repetir y abundar en las bondades de una correcta dispensación de los opiáceos, que van desde una excelente alternativa para combatir esos fuertísimos dolores incontrolables, eruptivos e inhabilitantes, hasta un socorro para una larga lista de enfermedades y síndromes dolorosos.

El riesgo de los opiáceos: no es oro todo lo que reluce

A pesar de la convicción general y la acogida popular entre los sanitarios, tampoco ellos son tan ciegos en negar los riesgos que se corren al ingerir este tipo de medicamentos, de ahí que apoyen la urgencia de mantenerse alerta y no abusar.

Conscientes de la vulnerabilidad de la población ante los influjos adictivos de tales fármacos, el año pasado la Organización Mundial de la Salud (OMS) quitó de la circulación dos guías médicas que llevaban circulando desde 2011 y 2012, y que afirmaban que los opiáceos son relevantes, casi de vital importancia en el manejo del dolor crónico.

Dentro del panorama nacional, la lucha contra los opiáceos ya ha comenzado oficialmente, incluso en las altas esferas de Sanidad. Tanto así que el departamento que dirige Carolina Darias , anunció hace poco su intención de poner en marcha la iniciativa DCNO contra los opiáceos en el Sistema Nacional de Salud (SNS), el llamado Plan de Optimización de la Utilización de Analgésicos Opioides en Dolor Crónico no Oncológico.

¿En qué consiste? El plan está dirigido a analizar la información relativa a la utilización de los opioides en el SNS, amén de identificar los puntos de mejora en los que flaquea, a fin de establecer al final unas líneas de actuación consensuadas, muy necesarias para optimizar la utilización de los opioides en el SNS, tocando aquellos puntos relacionados con el ámbito holístico y transversal.

¿Traducción? Son casi cien páginas por las que desfilan la formación profesional en este terreno, la importancia de reseñar las alternativas a los opiáceos, plantear otras opciones que alivien el dolor, como la terapia conductual, a fin de que el paciente se vuelva más funcional, adapte sus hábitos de vida y no opte por acostumbrarse sencillamente al dolor o se limite a apaciguarlo a golpe de analgésicos.

Los opiáceos, instigadores de sembrar la crisis en diferentes ámbitos

Según recoge el Centro de Control y Prevención de las Enfermedades de EEUU, más de 100 personas al día murieron en 2017 por sobredosis de los opiáceos u opioides. Y es que si hay un país que sufre a diario el azote de los opiáceos es Estados Unidos, donde es sinónimo de problema de salud pública, ya que causa más de 1.000 muertes al año, tal y como apunta David Pere Martínez Oró, doctor en Psicología y autor del Informe Opioides en España, publicado en 2017, cuyo trabajo de investigación contó con la financiación del Plan Nacional sobre Drogas y con el apoyo, también económico, del Fondo de Bienes Decomisados de 2017.

En este sentido, Martínez Oró hace hincapié en la importancia de mantenerse informado en el asunto, sensible a la problemática, que bien podría convertirse en algo peor. Eso justo ha pasado en países vecinos, donde se han hallado drogas recreativas adulteradas con fentanilo, una alteración peligrosa que no se ha registrado en España… de momento y afortunadamente.

«El cáncer no me mató, pero el fentanilo casi lo hace», reconoce Marina.

Un ejemplo de esta adicción adquirida a través de medicación y es que existe la hiperalgesia inducida por el fármaco de los opiáceos, según advierten dos doctoras al diario de El Español, ya que los medicamentos para tratar el dolor bien pueden acabar provocando un dolor peor del que mitigan, paradójicamente.

¿España está libre de este peligro?

No, en absoluto, pues aquí también se administran analgésicos opioides con uso terapéutico; en este sentido, el Plan de Sanidad notificó diez fallecidos con presencia de fentanilo en 2018, y 41 fallecidos cuyo organismo conservaba el rastro de tramadol. A pesar de ello, Sanidad ni siquiera se atreve a admitir que podrían ser muertes causadas directamente por influjo de estos fármacos.

La lista de opiáceos se desglosa en once fármacos que la contienen: paracetamol, tramadol, tapentadol, fentanilo, codeína, Puprenorfina, oxicodona, naloxona, dexketoprofeno, ibuprofeno y morfina. Cada uno de ellos, en mayor o menor medida, son fármacos que propician la expansión de un problema multifactorial como lo es la adicción a los opiáceos.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí