La vida transcurre entre una subida imposible de la inflación, una gasolina que ya pagamos con gusto a dos euros, una Ley que permite no sentirse sola cuando menstrúas y las canciones que en otro tiempo eran un gesto que unía Europa con un conflicto imparable de dimes y diretes en torno a la cubana, a los australianos que —primera noticia— compiten en el Viejo Continente y las tropelías varias con las que nos desayunamos cada mañana de esta primavera que promete asarnos. Y mientras todo ello sucede, aparecen los chanelazos.

Y en ese devenir en el que nadamos sin guardar la ropa, España acumula ya otros cinco meses de retraso en materia de dependencia, porque por la covi, sin d, los funcionarios están desbordados en sus respectivas casas. De un día para otro, tú, persona de edad que hasta la semana pasada veías, resulta que eres diagnosticado con una DMAE (degeneración macular asociada a la edad) y ya no ves las caras, no puedes enfocar y no lees. Deambulas con dificultad y lo que antes podías hacer solo, sola, sole, resulta que ya no.

Si a esto le sumas que tu vivienda no dispone de ascensor y por ello, subir y bajar cuatro pisos se hace un mundo y por tanto, puede que salgas de vez en cuando —porque no te mereces otra cosa— hace que tu vida, la vida sea ya la de un dependiente.

Entretanto dejas de oír porque a una edad se pierde audición y eso te instala en el mundo de la desazón porque no participas de cuanto acontece, sonríes porque no sabes de qué va y esperas a que alguien te explique o tú con tus ahorros logras comprar un audífono que otros congéneres no pueden permitirse. Y después de lograr instalarte en el lugar destinado a la dependencia, con tu pensión de mierda, pagas a millón la compra y acabas comiendo caparrones como en la guerra o lentejas viudas a mediados de mes porque no te llega para pagar el gas, la luz con sus imparables subidas y la comida, ese gran lujo que tenías hace tan solo un año.

Y tras vivir en un país ocho décadas resulta que todo es chulísimo, tanto, que te dan ganas de hablar de compresas, de bailar al son del Chanelazo o de ver películas del oeste porque es donde los malos reciben su merecido. De estas cosas hablamos en la España que se adentra en el temido verano y en donde todo se paraliza menos la actividad de sus señorías que, veraneo en mano, disfrutan con lo tienen porque ellos lo valen, como los productos que nos hacía consumir L’oreal.

Y en el devenir de tu dependencia no logras cobrar la paga, nadie te manda un asistente y te mueres porque no ha llegado tu hora pero te vas porque no quieres seguir. Para el dinero del no coma carne, que ya me la como yo, sí hay; para la partida de las compresas y su soledad, también. No hablo de izquierdas ni de derechas, ni tampoco de personajes que viven de lo que nos roban.

Me refiero al maldito estado del malestar en donde hemos instalado sine die a nuestros mayores, como los llaman los que nada saben de dependencia, de discapacidad ni de vejez.

De nuestros, nada: no son de nadie, salvo de la dignidad con la que afrontan la puñetera vida que les ha tocado vivir tras una contienda de la que seguimos hablando porque, como leí el otro día, «Franco está más vivo que nunca». Pero ¿quién los protege?

Sigamos con los chiringuitos y dilatemos en el tiempo la partida para dependencia, discapacidad o para ayudar a los mayores que no tienen a nadie y no disponen de bienes. En unos meses se morirán y así nos sale todo más barato. Eso sí, hablémosles de hipoteca inversa para dejarles sin blanca a sus herederos una vez que firmen el papelito en cuestión. Todo bien, oiga; va todo fenomenal, así que cantemos. Y si su hija con 16 años decide abortar y el legrado se complica, que venga Dios y lo vea. Quizá no le llamen porque ella decide y es libre. Eso sí, no se olvide de firmar la autorización para que vaya al zoo con los compañeros, compañeras, compañeres de colegio.

Cantemos Let’s go, oiga, que la cosa no da para más y la mami está ready pa’ romper cadera’…

Let’s go
Llegó la mami
La reina, la dura, una Bugatti
El mundo ‘tá loco con este body
Si tengo un problema, no es monetary
Les vuelvo loquito’ a todos los daddy’
Voy siempre primera, nunca secondary
Apena’ hago doom, doom con mi boom, boom
Y le’ tengo dando zoom, zoom on my yummy
Y no se confundan, señora’ y señore’
Yo siempre estoy ready pa’ romper cadera’, romper corazones
Solo existe una, no hay imitacione’…

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