¿Le gustaría visitar la casa española de Papá Noel? ¿Conocerla, recorrerla, y hasta dormir en ella? No, no tiene que ir muy lejos; únicamente hasta el Bierzo.
El palacio de Canedo es donde duerme Papá Noel cuando llega a España. Hotelero, rural y con una bodega con historia propia, cada año arroja por la ventana los pesares acumulados durante meses, vistiéndose de fiesta y Navidad, plantando un árbol muy particular en su umbral, y dándole la bienvenida al bonachón de los juguetes y la madrugada del 25 de diciembre con una colorida salva de fuegos artificiales.
Porque visitar el palacio de Canedo, en el Bierzo leonés, es dormir junto a Papá Noel
Este es un caserío del siglo XVIII abierto todos los 365 días del año, un complejo rural del tamaño de un castillo que no obstante cobra vida propia en Navidad. ¿Y por qué? Porque confecciona un manto resplandeciente con miles de luces decorativas, diseña un árbol de Navidad con vetustas botellas de vino espumoso, y anuncia a gritos y explosiones que la Navidad ha llegado y, con ella, el momento del año que Papá Noel gusta dejarse caer y ver.
Les invitamos a pasearse por esta fábrica de sueños que guarda bastante similitud con la Laponia finlandesa de Papá Noel, aunque realmente se halla en pleno corazón de El Bierzo, en León. Vengan a respirar la atmósfera longeva pero festiva de este monumento barroco que lleva en pie desde 1730, a tomarle el pulso a su cuerpo de piedra y sus vigas de castaño, a quemar las calorías de los turrones y otros dulces navideños recorriendo de punta a punta y con entusiasmo su gran tamaño y las más de 30 hectáreas de viñedos que abrazan estrechamente a la finca.
Declarado Bien de Interés Cultural, se trata de un monumento atractivo refugiado en el municipio de Cacabelos, en Canedo, con talla de complejo enoturístico que reparte sus maravillas entre un hotel rural, un restaurante con carta de gourmet, una tienda gastrónoma, una bodega superviviente, unos viñedos legendarios, un taller de elaboración de conservas… y un bosque didáctico amparado por la Fundación Prada A Tope. ¿Qué más se le puede pedir? ¡Lo tiene todo!
Portentoso y fulgurante, principalmente por las más de 75.000 bombillas que bañan su umbral y silueta, hacer una escapada a estos lares y cumplir una o más jornadas aquí es vivir una experiencia ‘A TOPE’, como proclama el lema de la marca.
Y darle al paladar la oportunidad de relajarse tras el viaje con el sabor festivo, único, original y burbujeante del vino blanco de Xamprada, la elaboración propia que la bodega lleva más de 25 años haciendo su santo y seña, logrando con acierto un vino espumoso, híbrido de la Chardonnay y de la autóctona uva de El Bierzo, el Godello, y, dos variedades de uva que han sido por siglos las responsables de las grandes marcas espumosas con las que se suele brindar, abrir las fiestas y pactar los negocios.
¿Qué puede visitar en este domicilio español de Papá Noel?
Mucho, a decir verdad. Primero su patio, en cuyo centro se yergue un imponente árbol de Navidad de 4,5 metros de altura, hecho a partir de adornos decorativos y más de 1.500 botellas de Xamprada. Luego todas o alguna de sus 14 habitaciones amplias y rústicas, personalizadas con su propia historia y nombre; ya le advertimos desde ahora que temblará ante sus vertiginosas vistas a sus viñedos y con su paisaje extendido más allá, al Bierzo.
¿Cómo describir los desayunos aquí? Se sirve en bandeja de calidez y comodidad, desde una sala empañada por el calor de la chimenea y el olor a chocolate caliente y café recién hecho, mientras los productos de la zona, mermeladas, embutidos, frixuelos… copan el menú.
Más de 33 hectáreas abren sendero en el Palacio de Canedo, razón por la cual recorrerlas de punta a cabo hasta coronar su cima más alta, de 800 metros de altitud, es posible pedaleando una de sus bicicletas eléctricas, o montado en su ‘carroviñas’, un vehículo eléctrico pensado para visitantes. Les aseguramos que el entorno a explorar es mágico y enorme, bucólico y asombroso, un paisaje personalizado por viñedos cromáticos, el canto de las aves, el olor a tierra labrada y una panorámica a ojo de pájaro de todo el Bierzo.
Tanto y mucho es lo que tiene por ver y enseñar este caserío del siglo XVIII, que tiene diferentes rutas circulares y kilométricas a escoger y realizar, visitando al final el corazón de sus bodegas, descubriendo el surtido de diferentes tipos de vinos ecológicos D.O. Bierzo que elaboran, y espiando el proceso artesanal de producción de conservas que realizan, como sus sabrosos y característicos pimientos asados, peras al vino, cecina, quesos, pastas artesanales, castañas y membrillo… entre muchos otros.
Su bosque Didáctico es, quizá, la mejor parada vegetal y naturalista que tiene por ofrecer el interior de las parcelas de este caserón. Inmenso, con más de 8 hectáreas salpicadas de más de 50 especies arbóreas distintas, adentrarse por el ramaje de este singular jardín botánico es conocer la estirpe al completo del árbol del Bierzo más un plus de alguna especie foránea, lo que hace entender el por qué la zona está considerada patrimonio del lugar.
¿Qué puede degustar en las estancias palaciegas y españolas de Papá Noel?
Quesos de embutidos de la tierra, cata maridada de vinos y una amplia variedad de platos a cuál más exquisito y degustativo. Hay paladar para todos, desde queso gratinado con mermelada de pimientos y pan de pasas, hasta croquetas caseras y lacón prensado con pimientos asados, pasando por el contundente ‘Botillo A Tope’, hecho con garbanzos, repollo y patatas; todo ello sin olvidar la tarta de castañas con nata y chocolate, ni el dulce de membrillo elaborado con la receta artesanal de la abuela.
El colofón para el paladar lo pone un cóctel de aguayerbas, cerezas en aguardiente, mientras el palacio enciende sus luces de Navidad y envuelve el corazón de los visitantes con su toque familiar, ese que hace sentir incluso a Papá Noel que está de vuelta en casa.
Patrimonio, legado, tradición y sabores del Bierzo hacen de esta escapada una experiencia inigualable, donde la sensación de estar soñando es un interrogante constante, y los sabores de delicia que invaden el paladar se hacen un hueco irremplazable en la memoria.

























