Protonterapia, el soldado más prodigioso contra el cáncer

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Mujeres contra el cáncer de mama en Ausejo (La Rioja), foto cedida por Mari Carmen Espinosa Jadaet

La protonterapia se alza como una máquina de curación contra el cáncer. Aprendan cómo funciona, en qué consiste y por qué actualmente es la mejor en su campo.

La protonterapia es buena porque cura muchos casos de cáncer, y excelente porque cura más y mejor, dejando intactos los órganos sanos. Es una victoria de la vida, reivindicada con cada paciente nuevo que se recupera, y una derrota absoluta del cáncer, sobre todo de esos tumores malignos empeñados en invadir con metástasis el sistema cerebral.

¿Cómo funciona la protonterapia?

Tratamiento de referencia y ejemplo de recuperación. Así es la protonterapia, una terapia que ayuda al paciente a evolucionar hacia una exitosa superación del cáncer. ¿Lo malo? Que en todo el país solo dos hospitales privados cuentan con ella. ¿Las buenas noticias? Que ya son diez los centros públicos que, en la lista de previsiones a poner en marcha en breve, tienen anotado su utilización.

Se trata de una tecnología que ataca con minuciosidad y precisión al tumor, irradiando menos toxicidad que el resto de las máquinas con objetivo similar; lo que permite que la radiación alcance los órganos y tejidos que rodean al tumor, por un lado, y no desate en el organismo secuelas que afecten a la movilidad y sensibilidad en brazos y piernas de los pacientes, sin tampoco amenazar a su memoria o al lenguaje.

De esta forma, la protonterapia derrama una menor toxicidad y actúa con una mayor precisión, al tiempo que permite aumentar la dosis de radiación que se aplica al tumor, minimizando en el proceso dispersiones innecesarias. ¿Cómo lo consigue? Recurriendo a una radiación diferente a la convencional. Así, allí donde la terapia habitual echa mano de fotones, un haz de rayos X, la protonterapia, en cambio, utiliza protones o partículas aceleradas que se dejan dirigir con mayor y mejor precisión.

Esta cualidad se debe realmente a las características físicas de los propios protones, dotados de una masa que impide que sufran alguna alteración en su trayectoria. Una peculiaridad que logra asimismo depositar la mayor parte de la energía dentro del tumor; lo mejor ocurre cuando se topan con el propio tumor, sin embargo, y es que se frenan inmediatamente, sin irradiar más allá.

La protonterapia, asimismo, contribuye a reducir el riesgo de desarrollar otros tumores en el futuro, lo que es toda una buena noticia, si se tiene en cuenta que «muchos niños que se curan con los tratamientos tradicionales tienen secuelas que les pueden hacer la vida muy penosa cuando son adultos», tal y como reseña Felipe Calvo, director científico de la Unidad de Protonterapia de la Clínica Universidad de Navarra (CUN).

Los primeros tratamientos con tecnología de protonterapia se remontan a los años 50 de Estados Unidos y Suecia, aunque actualmente la población mundial ya cuenta con 114 centros operacionales en todo el mapa internacional, 32 de ellos ubicados en Europa, y unos cuantos de ellos en estado aún de construcción.

En palabras descriptivas del doctor Calvo, quien ha estado al cargo de dos casos de tumor cerebral que han desembocado en una recuperación, «el prodigio de la protonterapia, más allá de curar más, es curar mejor». Todo un futuro esperanzador del que ya se han beneficiado más de 200.000 personas en todo el mundo.

La historia de la protonterapia en España

Esta terapia no empezó con buen pie en España, a decir verdad. Ser diagnosticado con un tumor cerebral aquí y recibir un tratamiento de protonterapia era cosa imposible hace dos años, recibiendo como única opción un traslado a Francia o Suiza, por ejemplo, al ser países donde sí existen unidades con este tipo de tratamiento; un desplazamiento que, dicho sea de paso, se admitía en casos muy concretos y que corría por cuenta financiera del Sistema Nacional de Salud.

Ahora la situación ha cambiado radicalmente, empero, o eso apuntan las novedades del Ministerio de Sanidad; si de momento son únicamente dos los centros que ofrecen este tipo de curación, la CUN y el Grupo Quirónsalud, pronto dicha circunstancia cambiará, sin embargo. Y es que el departamento que dirige Carolina Darias ha informado que la técnica llegará por fin a los centros públicos de España, en un plazo estimado de tres años.

Y todo gracias a una copiosa donación de la Fundación Amancio Ortega, entidad que ha entregado 280 millones de euros al Ministerio de Sanidad; una donación que se traducirá en la compra de diez equipos de protonterapia, los cuales se implantarán en varias comunidades autónomas. Para Carme Ares, jefa de Oncología Radioterápica del Centro de Protonterapia Quirónsalud, este es un paso bastante importante para el país.

«El número de unidades de protonterapia por habitante que tendremos en los próximos años nos va a permitir ponernos al nivel de países como Alemania».

Una estimación con la que coincide la Sociedad Española de Oncología Radioterápica (SEOR), la cual asegura que el 11 por ciento de los pacientes con cáncer en España podrían llegar a beneficiarse de esta ventaja; hablamos de unas 17.000 personas al año.

Cuando la Sanidad le gana el pulso al cáncer

A juicio de la entidad de SEOR, tanto los pacientes con tumores ubicados en la base del cráneo como los afectados por un cáncer en la médula espinal, serán los que mejor parados acaben con este tratamiento, y lo mismo reza para aquellos aquejados con cáncer infantil o con tumores oculares.

«Estamos ante una tecnología revolucionaria en el mundo de la radioterapia que reduce las secuelas innecesarias», aseguró el facultativo Felipe Calvo. «La ciencia de los protones frente a los fotones de la radioterapia tradicional es que reducen el daño en órganos circundantes», explicó el oncólogo; «en este caso, órganos críticos y sistemas en proceso de crecimiento», abundó.

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