Marc J. Mellado no solo repara en las palabras, se detiene ante el espectáculo de la vida; esa que nos es dada, y procura con sus versos que encontremos en lo cotidiano eso que a él le hace vibrar.

Este joven poeta catalán (1990) nos invita a ordenar en su poemario nuestro entorno con cierta aquiescencia.

Que empiece la tarde relata acaso, desde esa atalaya de la vida en donde él ve los cielos, (en mayúsculas), cómo es la rutinaria cotidianidad de la escena perfecta; el impecable lugar en donde debemos asir los momentos.

Magistralmente, nos invita a ver los instantes fugaces; esos que nos perdemos por tontunas; esos que se enmarcan en las letras de Marc en un constante devenir que nos hace encontrarnos con el siguiente poema. Serrat cantó a aquellas pequeñas cosas; él las ensalza, las saca de lo normal y cuida que cada detalle sea resuelto con sus palabras.

La inmensidad que ofrece Mellado nos permite sentirnos también protagonistas de nuestra propia ciudad y con ello, adentramos entre las calles y lo que es corriente para nosotros, para deshacernos de una forma singular en lo que es suyo. El poeta traslada esa preciosa forma de narrar lo que ve y aún desconoce, porque quizá, aún no se ha detenido ante ello. Así de simple; así de real. Así de cierto.

En los versos de Marc existen los atardeceres y los amaneceres como pudiera pensarlos; una mirada intensa que se vertebra en su única forma de ver el mundo; la ciudad en donde habita; lo que eficazmente nos muestra, tal vez, la vida misma que parece desaparecer entre nosotros.

Que empiece la tarde puede encontrarse en Ediciones Valparaíso; también en todostuslibros.com

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