Por el Dr. Óscar Baro Pato* para Prensa Social.

En este momento en el que todos sabemos lo que es una pandemia, conocemos los conceptos: virus, inmunidad, anticuerpos, ARN, etcétera, aparece uno nuevo que se nos escapa; es más, un concepto que hemos subestimado y quizá del protagonismo que le corresponde. Os lo presento: el COVID persistente o Long COVID.

Pero ¿a qué nos referimos cuando hablamos de él? Para ponernos en contexto, debemos retroceder hasta diciembre de 2019, momento en el que se detecta en la ciudad china de Wuhan una nueva enfermedad causada por un coronavirus, a la que se dio el nombre de Síndrome Respiratorio Agudo Severo Coronavirus 2 (SARS-CoV-2). 

Se trata de una enfermedad que ya ha infectado a casi 220 millones de personas en todo el mundo y que ha causado el fallecimiento, a nivel mundial, de más de 4 millones y medio de personas. 

Prácticamente por todos son conocidos los síntomas más comunes de la infección: fiebre, anosmia, ageusia, dificultad respiratoria, tos, cansancio… y también las complicaciones más frecuentes: neumonía bilateral, tromboembolismo pulmonar, etcétera, pero los que apenas se conocen son los síntomas permanentes de la enfermedad que aparecen en determinados pacientes y, del mismo modo, tampoco conocemos su causa ni su tratamiento.

Debemos hacer aquí una aclaración entre dos términos ambiguos: el síndrome post-COVID (en el que hay el antecedente de haber pasado de forma grave la infección aguda por la COVID-19) y son pacientes que presentan posteriormente síntomas, derivados de las secuelas del daño sufrido por tal infección y por otro lado, el COVID persistente: en este caso nos referimos a la permanencia de síntomas típicos de la fase aguda de la infección más allá de las 4 semanas del inicio, pudiendo mantenerse en el tiempo. Ésta suele cursar en brotes y los síntomas fluctuan con mayor o menor intensidad, pero no desaparecen completamente en ningún momento. 

Las características epidemiológicas que los diferencian en este momento son: el primero, suele afectar más a varones con patologías previas y alrededor de la séptima década de vida y por el contrario, el segundo es más frecuente en mujeres sin antecedentes médicos de interés y de unos cuarenta años de media de edad.

Debemos saber que el COVID persistente todavía no está considerado como enfermedad por la Organización Mundial de la Salud (OMS), aunque ya está en marcha desde agosto de 2021 un estudio encargado por tal organización a fin de investigar esta patología. Desde luego, lo que sí conocemos es que se estima que afecta al menos al 10% de las personas que han padecido la infección por la COVID-19, especialmente en sus formas leves.

Como ya se ha mencionado, actualmente se desconoce su causa o etiología, aunque hay varias teorías al respecto que a través de estudios ya en marcha, pretenden demostrarlas. A saber: el reservorio del virus permanente en los cuerpos de los pacientes que lo padecen; la tormenta de citoquinas incorrectamente gestionada por el sistema inmune de los mismos o incluso la presencia de autoinmunidad frente al virus.

Del mismo modo, tampoco existe en este momento un tratamiento para estos pacientes que, en muchos casos, han visto claramente disminuida su calidad de vida y no son reconocidos como enfermos o se les remite a un espiral de derivaciones a distintos especialistas con sus respectivas pruebas, sin llegar a un diagnóstico certero o incluso estigmatizándolos con patologías más típicas del ámbito de salud mental, y todo ello por la falta de información al respecto.

Con el fin de aportar algo de luz en este asunto, además de los múltiples estudios y grupos de trabajo que existen, en España, de la mano del Dr. Francisco Mera Cordero, especialista en Medicina de Familia y Comunitaria, se ha creado una asociación que pretende ser referencia nacional e internacional en el estudio del COVID persistente, el CIR-LongCovid, grupo de trabajo que desde la transversalidad y multidisciplinariedad de todos sus integrantes, quiere dar visibilidad a esta patología, tratar de dar respuestas a los pacientes, continuar las múltiples investigaciones y estudios ya en marcha, lograr tratamientos efectivos y formar a los profesionales que así lo deseen en esta patología; con el fin último de lograr la recuperación más cercana a la calidad de vida que, previamente a la infección, tenían estos pacientes.

*Dr. Óscar Baro Pato es médico de familia y director del Centro Madrileño de Salud de Galapagar.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí