Reciclibros: larga vida al reciclaje y a los libros

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Gratuito y transformador, Reciclibros es solidaridad, innovación y reciclaje, el refugio donde los libros renacen y encuentran una segunda oportunidad.

De la historia se aprende, y de los libros, también. Reciclibros nació como una prueba de fe hacia la lectura, un respeto hacia el medioambiente, una manifestación de intención de mezcla y protección de ambos sectores.

Reciclibros: porque los libros merecen una segunda oportunidad

Si algo incentiva la imaginación es la crisis, los momentos críticos, los libros que lo recogen y lo plasman y hacen juramento de fe a las historias que narran. Y tan seguro como que el agua moja, Reciclibros ha hecho de esta certeza su filosofía e ideología, al poner en marcha un servicio de recogida de libros que brinda a los tomos una segunda vida. Otras manos, otros ojos, y siempre alguien nuevo que aprecia sus páginas, se sumerge en sus líneas, eclipsa la realidad con su trama.

Reciclibros nació en Francia hace más de trece años, en 2008, para ser exactos, en los senos del país galo y vecino, una iniciativa a caballo entre el amor por la lectura y el respeto por el medio ambiente.

Una mente brillante y un lector voraz se esconde tras la mente pensante de este proyecto, según cuenta en entrevista a Prensa Social Javier, director de Reciclibros. Él no acuñó la idea, aunque sí su jefe, apenado ante la idea de que los volúmenes que tanto había leído y apreciado acabaran indefectiblemente en la basura.

«Pensó que podía darles una segunda oportunidad a los libros, y decidió meterlos en un cuarto y empezar a venderlos por internet, para que la gente pudiera acceder a ellos», nos cuenta. «Los puso a precios muy económicos para que otra gente con menos recursos económicos pudiera acceder a la cultura».

Los grandes proyectos no se hacen grandes de la noche a la mañana. Van paso a paso, creciendo poco a poco, una trayectoria paulatina y en alza que Reciclibros emuló desde el minuto uno en que vio la luz, en Francia, país que ya lleva más de una década sabiendo de su existencia y sacando partido a los nuevos horizontes literarios que guarda su servicio.

Integración, valor, economía, fin social, reciclaje, segunda oportunidad, acción solidaria y reducción de impacto medioambiental son las primeras palabras que le vienen a la mente a Javier, su director, al intentar encapsular en un solo vocablo toda la síntesis de este gran proyecto.

Y desde luego que todas concuerdan con las andanzas por la cultura, el reciclaje y la pasión por las líneas escritas de Reciclibros; coincidiendo igualmente con su postura de inclusión social y laboral de las personas con discapacidad, que realizan a través de su vínculo con Fundación Grupo Sifu y de su centro logístico, Ares Services, los cuales emplean a personas con alguna deficiencia, cimentándoles un camino de inserción en una vida laboral duradera y sostenible.

Más de un millón y medio de libros, siete delegaciones por Francia, una sede en París y entre 3.000 y 4.000 pedidos diarios al almacén que cobija esta montaña de volúmenes, y ahora España ha sido el país elegido para ser el primero, fuera de Francia, en experimentar y replicar este modelo exitoso de recogida y venta de tomos de todos los tamaños, edades, antigüedades y géneros.

Aunque llevan poco menos de dos años en lares hispanos, lo cierto es que todo apunta a que Reciclibros no tendrá dificultades para convencer y llegar a los hogares y a esos libros olvidados que claman por volver a ser descubiertos, valorados y leídos.

La acogida en España ha sido bastante cálida, después de todo. O más bien la acogida en Madrid, pues el servicio sólo está disponible en la Comunidad madrileña… de momento.

Con un director pragmático, un equipo de tres bastante competente en la oficina, otros tres miembros en el almacén, y un convenio con Fundación Grupo Sifu bastante útil y provechoso para ambas partes, los casi dos años que Reciclibros lleva establecidos en la capital de España les ha valido para ganarse una experiencia que a punto están de empezar a exportar a otras autonomías.

«La acogida en Madrid ha sido muy buena». ¿Algún objetivo en el horizonte? «Para el año que viene tenemos el proyecto de salir de Madrid e ir a buscar libros en Cataluña, en Andalucía, en País Vasco…».

Para darse a conocer, entre tanto, les ha valido por ahora el acierto de la página web y el poder del boca a boca, los comentarios en expansión de la gente lectora, las recomendaciones de las asociaciones aliadas, la publicidad dejada en buzones en cada recogida a domicilio, la visibilidad adquirida con la Feria del Libro del 2019, donde estuvieron repartiendo folletos e información.

Un servicio de donativos

En Reciclibros no existe ni la discriminación ni el descarte baladí. Ello significa que acepta obras de todas las temáticas habidas y por haber, desde teatros y ensayos y poesía, pasando por la narrativa de las novelas y los muchos subgéneros que esta brinda. La única excepción, eso sí, son los diccionarios, las enciclopedias y los libros de texto de clase, y así nos lo expone Javier, ya que son ejemplares que no tienen salida.

«Hoy por hoy y habiendo internet, ya nadie consulta un diccionario, ni una enciclopedia», refiere, aludiendo al formato físico de tales repertorios y a los ejemplares académicos. «Se ha quedado obsoleto, igual que los libros de texto, por lo que no puede dársele salida», lamenta. «Desafortunadamente, hoy por hoy no tenemos una solución».

A pesar de ello, Javier no se da por vencido con esta problemática, y nos admite que uno de los frentes que personalmente tiene abiertos es el deseo de darles a tales tomos una segunda oportunidad, como actualmente hacen con otras obras.

Después de todo, siempre se pueden llevar a otras partes del mundo, a lugares donde incluso los diccionarios y las enciclopedias y los libros académicos son recibidos con las manos abiertas y pueden caer como agua de mayo, con personas que sí tienen necesidades de ellos. El problema, como bien nos hace ver Javier, es hacerlos llegar hasta ahí, «y acabas enfrentándote al problema de quién paga el coste del viaje».

Lo que sí hacen, no obstante, es agradecer los que ya tienen y los que les llegan, y felicitarse por la cobertura de reciclaje y venta de segunda mano que sí pueden dar hoy por hoy.

¿Cómo funciona el servicio?

En este sentido, Reciclibros no hace mercado con los libros que almacena, pues recibe los volúmenes en forma de entrega gratuita y donaciones voluntarias.

«Todos los libros que nos llegan son donaciones de particulares, o bien de empresas, o bien de asociaciones, o bien de bibliotecas», atestigua Javier. «Pueden venir o bien por el ámbito privado o por el ámbito público», nos comparte su director.

Haciendo gala de un afán por no expropiarle al medioambiente más árboles y páginas de lo necesario, Reciclibros difunde su cometido a través de su espacio digital, un sitio web donde los particulares pueden aceptar la invitación de libro y reciclaje que los caracteriza, y apuntarse a sus servicios con pasos sencillos, breves y directos.

¿Qué piden? Nombre, e-mail, número de teléfono y, cómo no, la dirección donde se reside. Y es que uno de los atractivos principales de Reciclibros es que piensa primero en la comodidad del usuario, efectúa la recogida de los libros donados a puertas abiertas del domicilio, de modo que el donante no tenga que desplazarse de casa ni andar cargado de aquí para allá con kilos de libros a la espalda.

Bastará con que concreten el número exacto de libros que van a entregar, para que los trabajadores de Reciclibros que vayan a recogerlos vengan preparados para el contingente de volúmenes que habrán de meter en la camioneta y, de ahí, llevar al almacén.

«Se apuntan, rellenan un formulario, nos llega a nuestras oficinas, y allí tenemos un equipo de gente que hace itinerarios de ruta. Entonces contactan con la persona, por teléfono o e-mail», nos explica Javier, señalando los pasos meticulosos que recorre cada solicitud de participación donativa en Reciclibros.

La empresa se pone en contacto para notificar cuándo se va a pasar a recoger esos tomos ofrecidos y, si el usuario no puede atenderlos en la fecha señalada, concretan una cita mejor que se adecúe a la disponibilidad indicada, aceptando el momento que mejor le convenga al donante.

«Hay que tener los libros preparados, metidos en cajas o bolsas», nos apunta el director de Reciclibros. «Los recogemos de forma gratuita. Luego llegan a un centro donde se hace un trabajo de clasificación».

¿Traducción? Se clasifica la obra según los datos impresos en su cubierta. «Cogemos la información, título, autor, editorial… lo etiquetamos y lo metemos en cajas. De ahí vienen a Fundación Grupo Sifu, al almacén, donde se ponen en estanterías, y el equipo de gente va a cogerlos después para darles una ubicación».

¿Y allí acaba todo?

Ciertamente no. Tras recogerlos en el domicilio y darles una segunda oportunidad a los libros que ya se han leído para que otros puedan hacer lo mismo y apreciarlos en la medida que valen, Reciclibros realiza un gesto solidario, donde el 10 por ciento del precio de venta neto de aquellos libros que se venden a través de las plataformas de internet acaba destinándose al apoyo de diferentes asociaciones, entidades ligadas a la educación y a la ecología.

«Se hace lo que se denomina un picking o packing». ¿En qué consiste esta fase? «Todas las mañanas los compañeros del almacén van a buscar los libros para así ponerle la etiqueta de envío», nos detalla. «Los libros se recogen a las 12:00 de la mañana y salen todas las tardes».

Reciclibros: un coste de segunda mano

Aunque la donación de libros a Reciclibros es gratuita, la llegada de los mismos tomos a nuevas manos no lo es. El coste de su venta es bajo, no obstante, y gracias a ello el servicio puede financiarse por sí solo, mantenerse libremente y funcionar como un organismo independiente.

«Nosotros ponemos esos libros a la venta; la diferencia es que lo ponemos a un precio muy económico, con una media establecida en torno a 5 o 6 euros por tomo», nos indica Javier. «Parte de la venta de ese libro, entre un 10 y un 20 por ciento, se revierte a la asociación que nos ha ayudado a conseguir los libros. Todo lo que viene por particular va a la Asociación Lectura Fácil, a los que se les envía parte de los beneficios de la venta».

Ante nuestra curiosidad por saber cómo se determina el precio de esos tomos donados, las características que influyen a la hora de fijar el coste final del libro, Javier nos comparte que el nivel de deterioro de dicho volumen es una variante muy importante y decisiva para tener en cuenta en ese periodo de evaluación económica, junto a las marcas de uso y el estado de conservación en el que se encuentra.

«Los catalogamos en cuatro estados: “aceptables”, “bueno”, “muy bueno”, y “como nuevo”». La diferencia entre ellos, de todas formas, es mínima, de apenas céntimos. «Nos ponemos siempre en el precio más barato que existe en la red, porque tal es nuestra política: ser siempre los más baratos».

¿Pueden las personas que andan en busca de un título específico acudir a Reciclibros?

Cualquiera que desee donar un ejemplar puede hacerlo a través de las vías de contacto de Reciclibros, el formulario de su página web. Pero quien quiera echar mano de alguna de las obras que almacenan tendrá que hacerlo por otros canales de internet, consultando las diferentes plataformas que cuentan a su favor con la presencia de este servicio de reciclaje de libros.

«Queremos poner para el año que viene nuestra propia tienda online», nos anticipa Javier, «para que la gente pueda comprar directamente desde nuestra página». Un espacio digital donde aparte de inscribirse para donar, uno pueda entrar y hallar ese título largamente buscado.

Reciclibros: un paraguas de literatura y cultura que ha sabido resistir a los embates del coronavirus

La pandemia de la Covid-19 ha puesto patas arriba la cotidianidad de gran parte de los sectores de la sociedad. La forma de trabajar se ha visto obligada a reinventarse y pasarse al formato telemático en muchos casos, por ejemplo, la economía se ha sometido a una sonora colisión, por decirlo suavemente, e incluso las actividades de ocio han tenido que dar marcha atrás para realizarse en mente, aunque ya no en cuerpo.

Pero el entretenimiento y la cultura es una arteria vital de cualquier sociedad, un conducto de aire y vida que ni mil confinamientos puede taponar. Eso quedó de manifiesto durante la pandemia, cuando la demanda de Reciclibros se vio incrementada en los primeros meses de la pandemia, cuando andar de un lado a otro de la casa era la máxima caminata que se podía realizar.

«El confinamiento hizo que la gente leyese más, afortunadamente, que es algo que en ciertos tramos de edad se está perdiendo», nos revela Javier. «Hizo que aumentase el gusto por la lectura».

Un gusto reavivado a pesar de la amenaza del formato digital y de los audiolibros que, a juicio del director de Reciclibros, tampoco han supuesto un gran enemigo de este tipo de donaciones encabezados por la iniciativa que lidera.

«Creo que en la edad joven se lee cada vez menos, probablemente porque están más ahora con los móviles o con las consolas», razona. «Por tanto sí, hay que fomentar la lectura en este grupo», insta.

En cuanto a los libros digitales, Javier confirma que sí tienen su cuota de mercado, pero que no han supuesto tanta pérdida para el libro físico como se preveía y se temía. Más aún, su presencia no significa, ni mucho menos, la desaparición de los libros en papel, señalando que ambos formatos, digital e impreso, son compatibles entre sí, sirviendo cada uno a una ocasión distinta.

«Yo tengo un eBook», dice, «y si me voy de vacaciones o de viaje, en vez de llevar mis tres o cuatro libros, que ocupan lo suyo, me los llevo metidos en un iPod. Pero si estoy en mi casa, por ejemplo, prefiero personalmente el libro físico; me gusta más, así como tener uno en la mesilla para leer por la noche».

Su conclusión, en este sentido, es bastante concluyente e irrebatible: «hace más daño y es más problemático dejar de leer, que el formato en que se lea».

Sobrevivir a la pandemia habla por sí solo

Pero retomando el carril de la Covid-19, podemos afirmar que Reciclibros cumple de igual forma con las medidas de seguridad demandadas por Sanidad, desinfectando los tomos una vez se recogen en los domicilios de los donantes.

«Durante los meses de Covid hubo una temporada que tuvimos que parar la actividad», nos descubre el director. «La diferencia es que ahora no entramos en las casas».

Esto puede resultar obvio para algunos, y poco inconveniente para la mayoría, pero cabe señalar que hay mucha gente, personas mayores en su mayoría, que participan en esta donación de libros de Reciclibros, pero que no están capacitados para empaquetar los volúmenes, arrastrar las bolsas o cajas donde los han embalado, y depositar el bulto o los bultos hasta la parte exterior del umbral de casa.

Ésta fue la dinámica de Reciclibros cuando por fin pudo retomar su actividad; un método que, como ya hemos dicho, impedía la participación de muchos de los donantes, especialmente si eran mayores o con alguna discapacidad.

Pero ahora Reciclibros se apunta un tanto de accesibilidad en este punto, ya que han podido retomar el método de antes, con precaución, cómo no, pudiendo dar de nuevo este servicio, sin romper en el ejercicio ninguna medida de seguridad.

«Con tiempo, ayudamos a las personas a empaquetar. Con el Covid dejamos de hacerlo, no obstante. Ahora lo hacemos de nuevo», aclara Javier, matizando a continuación que sólo para aquellas personas que no lo puedan realizar por su cuenta.

«Nuestra gente va con mascarillas, con guantes… va protegida», nos asegura el director de Reciclibros.

¿Cuál es el perfil de esta campaña activa por salvar los libros impresos?

En cuanto al perfil de los donantes, Javier nos testifica que, aunque tienen mucha donación de gente mayor, el servicio está abierto a todos los perfiles, ya sean jóvenes o adultos.

«Hay mucha gente que está sensibilizada por el proyecto que tenemos, con sus valores solidarios», se maravilla, aludiendo a la intención de integración que persiguen en su alianza con Fundación Grupo Sifu y de la que los voluntarios no tardan en hacerse cómplices con su participación. «Todo eso atrae a mucha gente; no sabría decirte edades, pero son gente joven y mayor y de mediana edad».

Gente muy sensibilizada con el reciclaje, en definitiva.

«Ellos saben que volvemos a poner un libro en circulación, le damos una segunda vida», nos define Javier el perfil de sus usuarios, señalando a aquellas personas que traducen el reciclaje de un libro como algo más que el no arrojar el volumen a la basura, e igualmente a la gente que no puede quedarse con ellos porque ya los ha leído o, sencillamente, por falta de espacio.

Son personas que al conocer esta iniciativa se muestran bastante agradecida con ella, pues «les da mucha pena tirar libros, y realmente no quieren hacerlo».

¿Qué asoma en el futuro de Reciclibros?

Ampliar la capacidad de respuesta, principalmente, ya que mucha es la demanda y pequeño el equipo de Madrid, por lo que no dan abasto.

De hecho, si en un principio tardaban entre 48 horas para acudir al domicilio a recoger las obras, 72 como muy tarde, pronto pasaron a necesitar de una semana para poder asistir, y de ahí las recogidas pasaron a citarse para la semana siguiente.

Actualmente, aunque el tiempo de respuesta de petición de donación realizado a través del formulario es rápido, relativamente, las citas para presentarse en el domicilio a por las obras son ahora de un mes. Un tiempo que habla por sí solo del éxito obtenido y de la necesidad de abrir su cobertura, por no hablar de la urgencia de potenciar y agilizar la lista de espera.

«Queremos hacer una campaña un poquito más grande», manifiesta Javier. «Para ello, «escribimos un blog; un blog sobre reciclaje y los libros en nuestra página web».

Y hablando de campañas, otra meta a futuro de Reciclibros es habilitar, junto a Fundación Grupo Sifu, unos contenedores de libros en las oficinas de la Fundación. ¿Para tirarlos? Por supuesto que no. Más bien para que los trabajadores y colaboradores de Sifu traigan sus tomos de casa, participen igualmente en la iniciativa, depositando de uno en uno o en mayor cantidad los libros de los que se quieran desprender.

«No lo hemos definido todavía; todo depende del volumen de libros acumulados. Pero cada quince días o mensualmente pasaríamos a recogerlos; se clasificarán, se pondrán en las estanterías, y pasarán luego a la venta».

De aquellos tomos que estén en mal estado o no puedan clasificarse Javier nos comenta que acabarán en el contenedor del papel reciclado; a su vez, los tomos que tengan una serie de criterios por los cuales no se puedan poner en venta irán a otro tipo de destinos, a asociaciones varias.

«Son inclinaciones que tenemos con Fundación Grupo Sifu y con otras empresas que ponen puntos de recogida de libros».

El objetivo principal, en cualquier caso, es evitar por todos los medios posibles que el volumen acabe en la pila de papeles a reciclar de los contenedores, a no ser que esté en unas condiciones tan frágiles que no puedan recuperarse para que otra persona lo pueda leer.

Reciclibros, asimismo, extiende sus campañas a colegios e institutos y otras instituciones educativas, con el fin de concienciar también a los jóvenes acerca de la importancia del reciclaje en general, y no sólo del reutilizamiento de los libros en particular.

«Tenemos previsto además lanzar una acción de comunicación para el siguiente trimestre», nos anticipa en la entrevista Javier, «y va a estar centrada sobre todo en la donación, no en la venta de libros. Porque lo que nos interesa de la venta es, sobre todo, recuperar libros, salvar libros».

Después de todo, el objetivo de la iniciativa no es convencer ni ganar económicamente, sino entregar el libro que sobre en casa, ese tomo sentenciado al olvido y al polvo del fondo de la estantería y al que otras manos pueden volver a revivir.

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