Algunos aparatos con los que convivimos de forma cotidiana, como frigoríficos, electrodomésticos, equipos de ventilación o coches, emiten infrasonidos o lo que se denomina como «ruidos negros»; frecuencias acústicas menores a 20 Hz que sentimos como ligeras vibraciones o percibimos como zumbidos, y cuya energía es absorbida por nuestro organismo.
Las ondas sonoras se clasifican en tres categorías en función de la relación de los seres humanos con ellas. Por un lado, las ondas ultrasonido, cuya frecuencia es más elevada de lo que el oído humano puede percibir. Después tendríamos las ondas audibles, que son aquellas que escuchamos perfectamente. Y, por último, las ondas de infrasonido, cuya frecuencia es inferior a lo que podemos oír. Estas últimas tienen la capacidad de producir contracciones y dilataciones de la materia, incluidas las partículas de nuestro cuerpo, que podrían ser dañinas para nuestro organismo, como se aseguran algunos científicos en el periódico de divulgación científica The Conversation.
En palabras de los especialistas del medio australiano, «el ruido negro es generado en el cuerpo humano durante la respiración, palpitación o al toser, pero también lo producen los aparatos electrodomésticos en funcionamiento al vibrar en nuestra casa, los equipos de ventilación y refrigeración de establecimientos comerciales, las máquinas de nuestro entorno laboral y las turbinas eólicas», además del movimiento de las ruedas de los vehículos, especialmente los autobuses y los camiones. Un ruido que no se encuentra normalmente en la naturaleza.
En la misma línea de trabajo, los investigadores de la Escuela Politécnica Superior, David Baeza y Roberto Alonso González-Lezcano, apuntan en un artículo acerca de los efectos de los infrasonidos sobre la salud que la exposición a altas intensidades de este ruido negro puede suscitar ansiedad, fatiga, pánico, desorientación, alteraciones cardíacas, espasmos intestinales, náuseas, vómitos, ilusiones ópticas e incluso pérdida de conocimiento
«Los efectos adversos y el miedo generado en torno a esta banda de frecuencia infrasónica se deben a que está íntimamente ligada al funcionamiento de los órganos internos del cuerpo humano», explican en el artículo los expertos.
Este infrasonido «evoca una resonancia biológica de nuestros órganos internos y en mayor medida del sistema nervioso central, lo que conduce a un movimiento y distorsión de las células», añaden.
La realidad es que vivimos rodeados de máquinas, y ese “ruido negro” parece que nos envuelve. Hasta qué punto es responsable de las dolencias y alteraciones a las que se ve sometido nuestro organismo es una cuestión sobre la que no existe consenso en el seno de la comunidad científica, pese a las recientes publicaciones.
Quizá esas vibraciones nocivas son las que nos empujan, en ocasiones, a salir huyendo de la urbe, del tráfico, de su cielo contaminado, en busca de un «pedacito» de naturaleza.
























