¿Sabía que 4 de cada 10 afectados de viruela del mono la sufren en forma grave?

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Realizado en España, este último análisis sobre la viruela del mono subraya las vías de contagio de la afección e incide en sus atípicas formas de aparición.

Tras apuntar en un estudio anterior y nacional las nuevas características dermatológicas de la viruela del mono, desde lesiones cutáneas menos graves hasta la insistencia en aparecer en zonas de contacto sexual, otra tanda de científicos españoles ha puesto sobre la mesa otros datos del virus de Monkeypox.

Las formas graves del virus del simio se hacen sentir en casi la mitad de los aquejados

La viruela del mono sigue sumando casos e incidencias tanto en España como fuera del país. Una tasa de contagio que, si bien desalienta, también permite contar con más pacientes a los que estudiar, con el fin de comprender mejor el curso de la enfermedad, así como sus síntomas y el grado de afectación de estos.

Ahora, centros de investigación médica de Madrid y Cataluña han sacado a la luz más detalles que diseccionan el nuevo brote de viruela del mono en países no endémicos y fuera de África. El nuevo trabajo español señala, de hecho, que 4 de cada 10 personas aquejadas con esta dolencia contagiosa sufren las complicaciones de la infección, saboreando en carne propia las formas más graves e invalidantes de la enfermedad.

Convertida desde hace tres semanas en una emergencia mundial de salud pública, estatus decretado por la OMS u Organización Mundial de la Salud, la viruela del mono cuenta actualmente con una incidencia global de 26.017 casos confirmados, nueve de los cuales han acabado en muerte, tal y como recogen los datos estadísticos y actualizados a diario por el organismo sanitario de Naciones Unidas.

El nuevo análisis, difundido por cierto por la revista The Lancet’, se centra sin embargo en subrayar que los contagios se producen por contacto piel con piel, mayoritariamente, remarcando en sus conclusiones que la dolencia adopta diversas y muy atípicas formas de aparición.

Se trata de un estudio que ha contado con 180 pacientes, y con la colaboración conjunta del Hospital 12 de Octubre de Madrid, el Hospital Universitario Vall d’Hebron de Barcelona, y el Hospital Universitario Germans Trias Fundación de Lucha contra las Infecciones, también de Cataluña.

¿Cuáles son sus conclusiones más reseñables?

El hecho de que este brote de viruela del mono plantea manifestaciones y complicaciones muy diferentes a las descritas en anteriores olas de contagio, básicamente; subrayando, de hecho, que un 40 por ciento de casos acaban requiriendo tratamiento médico.

«Una de las complicaciones más frecuentes y dolorosas, e incluso motivo de ingreso, son las proctitis [inflamación del revestimiento interno de la pared del recto], en un 25% de los casos», tal y como ha informado Eloy Tarín Vicente, médico adjunto del servicio de Dermatología y Venereología del madrileño 12 de Octubre.

«A esta le siguen la amigdalitis, edema peneano, y los abscesos», detalló, apuntando a renglón siguiente que «un 40% de los pacientes requirió tratamiento médico, mayoritariamente para reducir el dolor causado por estas manifestaciones».

Haciendo hincapié en la transmisibilidad del virus

Con los datos del Ministerio de Sanidad en la mano, 4.436 personas residentes en España han resultado dar positivo en viruela del mono; de ellos, 139 casos fueron hospitalizados y 237 presentaron complicaciones a lo largo de su proceso clínico; es decir, el 2,8 y el 6,9 por ciento, respectivamente, y de nuevo según la información disponible.

¿Cuáles son las más frecuentes?

Las úlceras bucales y las infecciones bacterianas secundarias, tal y como alistan en el estudio; procesos sintomatológicos que también fueron analizados en el presente trabajo, evidentemente, y que incluyen asimismo que 6 de cada 10 tenían exantema anogenital, o al menos así fue entre los casos en los que sí existe información clínica. En este sentido, Oriol Mitjà, otro de los autores de la investigación, aclara el grado de tales complicaciones.

«Producen dolor de intensidad elevada, por un lado; la inflamación de la mucosa anal y, por otro, la ulceración de las amígdalas palatinas. La primera produce dolor al defecar y la segunda dificulta tragar el alimento. Se tratan con analgésicos y antiinflamatorios de diferente intensidad y por vía de administración rectal u oral según cual sea la afectación».

¿Cuál es lo peor, sin embargo?

Que «en no pocos casos nos encontramos con pacientes que requieren el ingreso porque no pueden llegar a tragar», según ha explicado Tarín, subrayando asimismo que «los umbrales del dolor son tan, tan elevados, que ingresan para poder pautarles analgésicos potentes».

Son datos que pintan una infección muy alejada de los conceptos y de la situación que inicialmente se aseveraba, cuando aún se creía que la sintomatología leve de la viruela del mono permitía volver a la vida normal tras un periodo de cuarentena, impuesto para cortar los contagios.

Una variabilidad que dificulta los diagnósticos

En palabras de Tarín, el dermatólogo madrileño, «el trabajo que hemos realizado pone el acento en la evidencia del contacto piel con piel durante las relaciones sexuales como el factor dominante en la transmisión de la viruela del mono», algo que la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV) reseñó públicamente, en un trabajo difundido la semana pasada en la revista British Journal of Dermatology.

«No creemos que la transmisión aérea tenga un papel fundamental, y sí el contacto estrecho», sostuvo Tarín. «Esto influye en las medidas que se deben tomar». Algo que también ha manifestado Mitjà al recalcar que es preciso mejorar, en pro sobre todo de la detección de la enfermedad.

«En las unidades especializadas en salud sexual o infecciones de transmisión sexual se hace un buen manejo clínico, pero varía de una clínica a otra. Faltan guías clínicas para estandarizar el manejo diagnóstico y terapéutico en todas partes».

Para los autores de la investigación, empero, la dificultad de la detección de la viruela del mono también radica en que la dolencia tiende a aparecer bajo formas atípicas, lo que a su vez exige que los médicos mantengan en todo momento un alto índice de sospecha de la enfermedad, ya sea recurriendo a los protocolos actuales como también apelando a la entrevista epidemiológica.

En el estudio, sin ir más lejos, se describe un síndrome clínico vinculado a una proctitis con diferentes características clínicas, así como diversas manifestaciones sistémicas que aparecen antes incluso que las lesiones, sobre todo en aquellos pacientes que han admitido haber mantenido sexo anal-receptivo, algo que, por supuesto, difiere de otras presentaciones.

«Y esto es importante, porque esta lesión es muy invalidante y dolorosa», recalcó Turín. «Y necesitamos que se conozca más allá del peso del estigma. En este tiempo, hemos visto muchos pacientes y la cuestión emocional hace que muchos pacientes no consulten, no acudan a los centros…

Esto es un error que debemos subsanar», apostilló, por último.

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