Mientras España vuelve a arder de calor otra semana más, fiel a la tendencia de este verano, la salud mental entra en juego por efecto de las altas temperaturas.

Las altas temperaturas no solo conllevan el peligro de un golpe de calor; también suponen un gran impacto negativo en el bienestar físico y en la salud mental de las personas. De la deshidratación a los desmayos, de los delirios a la capacidad cognitiva, de la agresividad al empeoramiento de la ansiedad y de la depresión… el reguero de secuelas psicológicas durante las épocas más calurosas es notorio y constante.

Porque los vientos del calor le hinchan las velas al barco de la salud mental

Así lo prueban recientes estudios difundidos por The Conversation, que entre los datos de sus conclusiones recogen un aumento de visitas a urgencias de un 10 por ciento, aproximadamente, sobre todo en esos días en que las temperaturas alcanzan o directamente superan el 5 por ciento de la temperatura media del lugar en cuestión.

Está más que comprobado que el calor extremo puede tener graves consecuencias en la salud cardiovascular de las personas, siendo el golpe de calor uno de los grandes riesgos de sufrir dicha exposición; un golpe de calor que lleva 2.176 fallecidos este verano, a fecha del 30 de julio y según el MoMo o sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria, del Instituto de Salud Carlos III.

Lo que las altas temperaturas han constatado más recientemente, sin embargo, es que su toque también puede empeorar la salud mental; es decir, los síntomas de los trastornos que a veces aquejan a la población, y lo mismo ocurre con las inundaciones, los incendios y demás fenómenos meteorológicos.

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Diversos estudios observacionales han demostrado, de hecho, que los síntomas depresivos en personas que ya padecen de depresión se han visto incrementados al toque de las olas de calor, igual que ha ocurrido con los síntomas de ansiedad en aquellos pacientes que ya presentaban ansiedad generalizada.

Otros ensayos, en cambio, han registrado un vínculo existente entre la fiebre alta y los suicidios e intentos de arrebatarse la vida; unas muertes relacionadas con la salud mental que han aumentado en torno a un 2,2 por ciento por cada grado superior a la temperatura media mensual, según sus investigadores, con los picos de humedad manteniéndose asociados con más suicidios.

Tal fue el caso de una revisión de estudios, por ejemplo, que entre sus datos constató una correlación entre la alta humedad y las altas temperaturas con el empeoramiento del trastorno bipolar, detallando que el calor suscitaba el incremento de los episodios maníacos.

Una efectividad farmacológica también en peligro

Asimismo, la efectividad de las medicinas también se ha visto alterada por las olas de calor, dificultando la eficacia de algunos medicamentos prescritos para tratar la salud mental que causan ciertas enfermedades psiquiátricas; ¿de qué manera? Reduciendo sus efectos farmacológicos, por un lado, e interfiriendo con la regulación de la temperatura corporal, por otra parte, desventaja que particularmente se da entre las personas mayores.

Las explicaciones pertinentes a este riesgo las aclararon en unas declaraciones recientes Eileen Neumann y Laurence Wainwright, investigadora de Neurociencia de la Universidad de Zúrich y profesora de Sostenibilidad, Negocios y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford, respectivamente.

«Sabemos que muchos medicamentos aumentan el riesgo de muerte relacionada con el calor», admitieron en un artículo divulgativo. «Por ejemplo los antipsicóticos, que puede suprimir la sed, provocando deshidratación en las personas». A juzgar por lo que ambas investigadoras explican, «algunos fármacos funcionarán de forma diferente dependiendo de la temperatura corporal y de lo deshidratado que esté el paciente».

Para ilustrar su punto de vista ejemplifican el caso del litio, «un estabilizador del estado de ánimo muy potente y ampliamente utilizado, a menudo recetado para personas con trastorno bipolar».

Un revés a la capacidad cognitiva

Se dice, asimismo, que tanto las altas temperaturas como el frío extremo pueden afectar la capacidad cognitiva de cualquier persona, padezca o no de algún trastorno de salud mental, ya que el calor, mismamente, puede generar estrés.

Un estrés que a su vez puede dañar las áreas del cerebro encargadas de realizar y solucionar las tareas cognitivas más complejas, tal y como asegura un interesante trabajo científico y observacional en el que participaron estudiantes de Boston durante una ola de calor en 2016.

La agresividad y los crímenes también se ven suscitados por la ola de calor… o más bien lo hacen los motivos emocionales que se esconden detrás de tales gestos belicosos. ¿Y por qué? Porque muchas veces el calor ofusca la mente, impide pensar bien, causa frustración y, con ello, da rienda suelta a la impulsividad, primero, y a los episodios de agresividad y violencia, después, debido sobre todo a los niveles de serotonina que se acumulan en el cerebro.

Numerosos estudios, de hecho, vinculan el calor extremo con un aumento de los delitos violentos. Tanto es así que las estimaciones de investigadores y especialistas avisan de que para 2090, el cambio climático bien podría convertirse en el acicate incrementador de la delincuencia a nivel mundial, llegando hasta un 5 por ciento.

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