Tras más de doce años sin actualización, España ha aprobado la primera estrategia de salud mental, dividiendo las opiniones de las sociedades científicas.
La advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de que la salud mental se convertirá en la primera causa de discapacidad a nivel internacional para 2030 ha vuelto a cobrar importancia más recientemente, a raíz de la aparición, tras doce años sin novedades, de una estrategia nacional sobre salud mental, proporcionada por Sanidad.
Un plan de salud mental que convence a las CCAA pero no a los científicos
El pasado 3 de diciembre, el Ministerio de Sanidad presentó ante el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (SNS) la sustitución oficial de la antigua estrategia de salud mental de España, suponiendo la primera actualización de este modelo en doce años.
Con la aprobación unánime de todas las comunidades autónomas, el objetivo de este nuevo proyecto no es más que presentarse como una herramienta para mejorar la salud mental de la población española.
Ahora bien, quienes no se han mostrado tan conformes con su texto han sido la mayoría de las sociedades científicas, las cuales no la han avalado por considerarla «poco ambicioso», una salsa de críticas que han sazonado con el apunte de que la estrategia de salud mental en cuestión no establece objetivos medibles.
Para Carolina Darias, ministra de Sanidad, esta es una «hoja de ruta» establecida en un momento en el que la pandemia marca el fundamento y contexto de la situación, razón por la que se ha «hablado mucho» del impacto de la Covid-19 en los sistemas sanitarios, por un lado, así como de su huella tanto en la economía como en la sociedad, por otra parte.
Lo curioso, empero, es lo poco que tales ríos de tinta y debate han corrido a favor de la salud mental, aun cuando dicho apartado sanitario promete convertirse en una fuente prioritaria de discapacidades, y eso en menos de diez años.
La nueva estrategia de salud mental nacional, que ya tuvo su avance preliminar en octubre de la mano de Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, tendrá una vigencia de cuatro años, en cualquier caso, desde 2022 hasta 2026.
El plan recibirá además un aporte de las arcas del estado de 100 millones de euros para aplicarse en el periodo antes señalado, e incluirá la puesta en marcha de un teléfono de atención al suicidio, el cual permanecerá activo durante 24 horas al día, los 365 días del año.
Quizá este sea, por cierto, la más grande de todas las novedades que trae consigo esta actualizada estrategia de salud gubernamental, pues nada se decía del suicidio en el modelo de las anteriores estrategias.
«No solo hemos pasado del silencio al debate, sino que ahora pasamos del debate a la acción», se congratuló Darias al respecto de esta incorporación.
Y es que, durante el 2020, el suicidio fue la primera causa de muerte no natural en España, acumulando 3.941 fallecimientos en total, 2.930 hombres y 1.011 mujeres.
En el texto de la nueva estrategia de salud mental del país pone de manifiesto la intención de contemplar una mejora del acceso a los servicios de salud mental, especialmente para aquellas personas con conducta suicida en su historial.
El plan pretende, asimismo, promover la formación de los profesionales de la salud y hacerles óptimos para detectar el riesgo del suicidio, completar un adecuado diagnóstico y mejorar el abordaje de esta conducta desesperada.
«La mujer desarrolla más problemas psiquiátricos que el hombre a partir de la adolescencia y presenta índices más elevados de depresión, ansiedad, estrés y trastornos en la alimentación», en palabras de Sanidad. Y es que otro factor que esta actualizada estrategia presenta a ojos de todos como una novedad, es el enfoque de género.
¿Cuáles son los pilares de la más reciente estrategia de salud mental del Gobierno?
La autonomía y los derechos de los pacientes con atención centrada en la persona, y la promoción de la salud mental y la prevención de sus problemas son dos de los diez pilares fundamentales de este proyecto sanitario, junto a la atención basada en el ámbito comunitario, el foco en la infancia y la adolescencia, la prevención y detección precoz y atención a la conducta suicida.
Todo ello sin olvidar el resto de los fundamentos, cómo no, es decir, la formación, la participación ciudadana, la coordinación interinstitucional y la atención e intervención familiar, especialmente la investigación, la innovación y el conocimiento.
«Porque sin Salud Mental no hay salud; es tiempo de que visibilicemos su existencia, rompamos silencios y actuemos», apostilló la ministra en la rueda de prensa que precedió a la antes mencionada congregación del Consejo de ministros.
Se sabe, asimismo, que para la confección de esta estrategia nacional de salud mental participaron un Comité institucional y asesor multidisciplinar, desde profesionales de la psiquiatría y la psicología clínica, hasta expertos del trabajo social, la enfermería y personas afectadas, pasando por 25 entidades y las CCAA.

























