Salud visual: de las cataratas a una muerte vascular

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Las cataratas están vinculadas a la salud visual, tanto así que de la presencia de esta enfermedad ocular deriva un mayor riesgo de muerte vascular.

La salud visual ha ido cobrando más y más importancia de un tiempo a esta parte. Con razón, si se tiene en cuenta que la vista es uno de los sentidos y órganos más importantes para la autonomía y desenvoltura de una persona en la sociedad.

Cataratas: un tropiezo de la salud visual

Hablar de salud visual implica hablar también de enfermedades que la contradicen, como las cataratas, una de las patologías oculares más frecuentes en la población mundial actual. Hoy en día, la cirugía de cataratas es el único tratamiento eficaz capaz de frenarle los pies al avance de esta enfermedad de la vista, al ser una de las principales causas de ceguera y deficiencia visual, convirtiendo a dicha cirugía en una de las prácticas más realizada por los oftalmólogos, llegando estos a utilizarla incluso como el sustituto más significativo, clínicamente hablando, de la catarata.

De hecho, a las llamadas «cataratas clínicamente significativas» se las ha vinculado a un mayor riesgo de muerte por causas vasculares, tras todo lo que apuntan los resultados de una investigación recientemente publicada en línea en el ‘British Journal of Ophthalmology’, cuyo texto alista al ictus y al infarto de miocardio como una de las consecuencias en las que derrapa este tipo de cataratas, derrumbando en el camino la salud visual y no visual de quien las padece.

Después de que fueran varios los estudios que al intentar analizar la asociación entre la cirugía de cataratas y la mortalidad en general, fracasaran en su intento de llegar a un consenso profesional y arrojaran, en cambio, resultados contradictorios, los autores de esta reciente investigación se dieron a la tarea de poner a la luz de ojo crítico, lupa y microscopio averiguar qué tipo de relación existe entre la cirugía de cataratas y la muerte, centrando su análisis para ello en el estudio de las muertes según sus causas específicas.

Con este propósito en mente, los investigadores accedieron a los datos de los participantes de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición de Estados Unidos, durante los ciclos de 1999/2008, obteniendo información acerca de 14.918 personas de 40 años e incluso de más edad.

El 9,61 por ciento de tales participantes, es decir, 2.009 personas, dieron a entender que no tenían una salud visual óptima y admitieron haberse sometido a una operación de cataratas en algún momento de su vida.

Las cataratas: un alud que desestabiliza el bienestar de todo el organismo

Otra táctica de estudio adoptado en esta investigación fue la realización de un seguimiento de las muertes que se sucedieron a lo largo de 10,8 años; un periodo medio en el que murieron el 19,1 por ciento de los participantes, es decir, 3.966 personas.

De este seguimiento dedujeron que las muertes por enfermedades vasculares, cáncer, accidentes, enfermedad de Alzheimer, enfermedades respiratorias y enfermedades renales y otras causas específicas cobraba mayor probabilidad al tratarse de aquellos que se habían operado de cataratas, un conteo en el que también entró la variante de la muerte por todas las causas.

¿Se tuvo en cuenta los factores socioeconómicos y sanitarios? Sí, ciertamente, aunque la cirugía de cataratas autodeclarada y la mortalidad relacionada con las enfermedades vasculares continuó dando una suma bastante significativa. Y es que, en comparación con el resto de los participantes no sometidos a la cirugía, el riesgo de muerte por cualquier causa siempre era un 13 por ciento mayor en aquellos operados de cataratas, un porcentaje que ascendía hasta el 36 por ciento, al tratarse del riesgo de muerte por causas vasculares.

No se detectó, eso sí, ninguna significativa relación entre la cirugía de cataratas autodeclarada y el cáncer, el Alzheimer, los accidentes, las enfermedades respiratorias o renales. No obstante, los autores no vacilaron en sugerir que tanto el estrés oxidativo o los cristalinos como la depresión pueden ser el factor común que relaciona la catarata con un mayor riesgo de muerte vascular.

Del estrés a las cataratas

Para esta última afirmación, los investigadores apelaron a las muestras del daño al ADN arreado por el estrés oxidativo, y señalaron que tal factor contribuye a la formación de cataratas, por un lado, mientras al mismo tiempo favorece la aterogénesis, recordando de paso que no en vano las cristalinas son componentes importantes del cristalino, participando con su relevancia en la regulación de las respuestas ante la inflamación, la isquemia y otros factores de estrés.

En este sentido, los autores del trabajo aseveraron que la degeneración de las cristalinas que se produce en la catarata puede representar un trastorno más generalizado, uno capaz de contribuir a la mayor mortalidad vascular. Más aún; indicaron que los pacientes con cataratas son más propensos a desarrollar depresión que aquellas personas libres de la enfermedad, una tendencia mayor que mantienen incluso después de haberse sometido a una operación de cataratas, agregando asimismo que las personas con depresión tienen un mayor riesgo de desarrollar ECV.

Este es un estudio observacional, en suma, cuyas limitaciones plantean las mismas dificultades e incapacidades para explicar la causa, amén de conservar varias limitaciones potenciales bastante destacables que los propios autores son los primeros en reconocer.

«Este estudio encontró asociaciones significativas de la cirugía de cataratas autodeclarada con la mortalidad por todas las causas y la mortalidad vascular», declararon los investigadores involucrados. «Se necesitan más estudios para confirmar estas asociaciones y para investigar más a fondo los mecanismos detrás de estas asociaciones», apuntaron.

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