Gestos de credo, piedad y devoción; santiguarse, signarse y persignarse son actos muy frecuentes entre los cristianos que, empero, muchos confunden y mezclan.

La cruz es el símbolo por excelencia de la religión cristiana; una fe basada en el sacrificio de Jesucristo, quien se dejó crucificar para pagar por los pecados de las personas y, con el gesto, redimir a la humanidad.

Por ello, lucir colgada la cruz en el pecho es, a ojos de muchos cristianos, lo más natural del mundo, ya que alude a la dignidad de su religión. Así, santiguarse, signarse y persignarse es hacer una cruz, si bien el sentido varía en función de cómo y dónde se haga.

Pero ¿qué significa hacer la señal de la cruz?

Es más que un acto de buena fe o de decoro al credo abrazado. El gesto habla de devoción, sí, pero también del grado y grandeza de la fe, de lo que uno entiende y siente con la muestra, y ello se ve en el modo en que se realiza privada y públicamente.

Se trata de un signo sagrado que evoca al santificado signo de la salvación humana, mientras habla de orgullo humilde por la religión, y actúa de distintivo entre otros creyentes. En este sentido, existen dos maneras de hacer la señal de la cruz: una pasa por santiguarse y otra por signarse. La diferencia, aunque pequeña, es bastante importante, y el hacer una u otra va sujeto a la oración y al momento.

Uno se santigua a inicio de la misa, por ejemplo, o al pasar frente a una iglesia o al enviar un rezo cuando va a empezar el día. El signarse, en cambio, se hace más antes de proclamar el evangelio en la misa, mismamente, mientras que las oraciones que se dicen a comienzos del Santo rosario es más bien una persignación, igual que ocurre con el viacrucis y las novenas y demás.

¿Qué es santiguarse y qué es signarse?

La primera de ellas, santiguarse es primordial entre los cristianos. ¿Cuál es su fórmula verbal? «En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo… Amén». Un rezo que va acompasado de un gesto físico, el de trazar la señal de la Cruz en la frente.

Si bien es costumbre en muchos concluir el rezo con un beso en los dedos al decir el «Amén», o besar el dedo pulgar extendido sobre el índice, formando ambos dedos una cruz en clara reverencia y piadosa devoción al signo de la redención cristiana, lo cierto es que ambas prácticas no forman parte del acto de santiguarse, estrictamente hablando.

La oración de signarse, por su parte, consiste en hacer tres pequeñas cruces con el dedo pulgar; la primera en la frente, la segunda en la boca, y la última en el pecho; y todo ello mientras se ora el «por la señal de la santa cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor, Dios Nuestro».

Ahora bien, cada una de las cruces que se traza al signarse tienen su propio simbolismo. Signarse en la frente es pedirle a Dios que nos bendiga rogando además que libre de pensamientos y deseos indebidos; signarse la boca es pedirle al Señor que bendiga los labios y, de paso, ayude al orador a evitar palabras indebidas.

Por último, signarse en el pecho supone suplicar al Padre que bendiga el corazón, pidiendo también evitar las malas acciones. Una tríada de pequeñas cruces trazadas en tres partes importantes del cuerpo que, en conjunto y dichas con la oración, invitan a pedir que el Evangelio que se proclama al hacer esas muestras en misa, se haga vida en la persona que reza y en los debidos frutos.

Y es que según este medio cristiano, «cuando nos signamos antes del evangelio es para predisponer nuestra mente a la escucha atenta del mismo, en la boca para que sepamos anunciar el evangelio, y en el pecho para ser custodiado con amor y fe».

Cabe aclarar, en este sentido, que persignarse no es más que la suma de ambas oraciones, con sus correspondientes cruces trazadas. Así, al signarse, primero, y santiguarse, inmediatamente después, uno está haciendo el acto de persignarse.

El ejemplo de santiguarse, signarse y persignarse se entiende más claramente y se recuerda aún mejor si uno piensa en las oraciones y los momentos de la misa. El «Padre nuestro» que se formula a principios de la misa es santiguarse. La oración de «el Señor esté con vosotros» que se dice antes de proclamar el evangelio, es signarse.

Una oración a la que, por cierto, los presentes en misa responden proclamando: «y con tú Espíritu». Tras lo cual el sacerdote continúa anunciando: «Lectura del Santo Evangelio según San…», signando con el pulgar la Biblia, para después hacer otro tanto a sí mismo en la frente, en la boca y en el pecho, gesto que los presentes deben emular.

«Todo de cara a permitir que el Evangelio que se proclama se haga vida en nosotros y dé los debidos frutos», tal y como explican en esta revista hecha por y para la fe cristiana.

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