Sarcoidosis, la nociva inflamación de los tejidos celulares

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Sistémica, patológica, celular y extendida, hoy cumple su Día Mundial. Mas ¿qué es la sarcoidosis? ¿Por qué se produce? ¿Cómo se transmite? ¿Y acaso tiene cura?

¿Su origen? Anónimo. ¿Sus causas? Desconocidas. ¿Su categoría patológica? Un trastorno inflamatorio. Sí, hablamos de la sarcoidosis, que en forma de cicatrices o quistes en pulmones y otras vías respiratorias, reclama más conciencia social, visibilidad, investigación y atención médica hoy, 12 de abril, durante su Día Mundial más internacional.

¿Qué es la sarcoidosis?

Caracterizada por el crecimiento de pequeñas acumulaciones de células inflamatorias, las llamadas granulomas, se entiende médicamente por sarcoidosis a la aparición de tales acumulaciones celulares en cualquier parte del cuerpo, especialmente en pulmones y ganglios linfáticos, pero incluso en piel, ojos, corazón y otros órganos.

Conocida también como la enfermedad de Besnier-Boeck, la sarcoidosis tiene carácter autoinmunitario, tal y como instruyen desde la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI), y en su afección no hace distinción entre población o etnias humanas, si bien tampoco disimula su predilección por las mujeres, las personas del norte de Europa o de ascendencia africana, los antecedentes familiares, o por ese colectivo de adultos entre 20 y 60 años.

En esta enciclopedia médica matizan, asimismo, que de la evolución posterior de esta enfermedad influyen mucho las varias complicaciones que pueden ir apareciendo en el proceso, variando su grado de pronóstico en función del/los órganos que hayan quedado afectados por las formaciones nodulares.

Algo que encima deriva en otras complejidades médicas como la fibrosis pulmonar, por ejemplo, la parálisis permanente, mismamente, ciertos trastornos visuales, sin ir más lejos, e incluso insuficiencia renal.

¿Cuáles son las causas y síntomas de esta enfermedad?

Se desconoce la causa de la sarcoidosis, como ya hemos señalado, aunque buena parte de las teorías especializadas sostiene como sospecha que la enfermedad nace como respuesta ante una sustancia desconocida, por parte del sistema inmunitario.

No son pocas las investigaciones publicadas hasta la fecha que sugieren, de hecho, que tanto el polvo, el virus y las bacterias, como los agentes infecciosos, los productos químicos y una anormal reacción a las propias proteínas del cuerpo son las auténticas culpables de que se lleguen a formar los granulomas que tanto caracterizan a esta enfermedad, al menos en aquellas personas genéticamente predispuestas.

Dado que la sarcoidosis puede desarrollarse en diferentes órganos, afectando así a su funcionamiento, los síntomas que simbolizan a esta patología varían dependiendo de cuál sea el órgano aquejado, durando años, algunos, y apareciendo y desapareciendo en un periodo de parpadeo, otros.

Son muchos los que ni siquiera llegan a manifestar síntoma alguno, incluso, pese a sufrir internamente una reacción desmesurada del sistema inmunitario en un patrón de inflamación de sus células; de modo que solo descubren su enfermedad tras realizarse una radiografía de tórax, motivados generalmente por otras causas médicas.

De llegar a levantar huella, empero, la sarcoidosis suele dejar un rastro de fatiga, pérdida de peso y ganglios linfáticos inflamados a su paso, amén de dolor e inflamación en articulaciones como los tobillos. Cuando afecta a los pulmones, cosa que suele ocurrir por lo general, por cierto, las señales de la sarcoidosis derivan a un silbido y dificultad para respirar, una tos seca persistente, signos cutáneos y dolor en el pecho.

Ahora bien; cuando el crecimiento de las pequeñas granulomas se producen en los ojos, con una inflamación que afecta a casi cualquier parte de estos órganos de la vista, las señales de la sarcoidosis se transforman en visión borrosa, sensibilidad a la luz, dolor ocular, irritación grave, y en un ardor o picazón o sequedad en los globos oculares. En este sentido, la sarcoidosis puede dañar la retina, conduciendo así a una ceguera por cataratas o glaucoma.

En la sarcoidosis cardíaca, sin embargo, la disnea, el edema y el síncope son quienes toman mayor protagonismo en la sintomatología, igual que la fatiga, el dolor en el pecho, agitadas palpitaciones, y arritmia o latidos irregulares.

En cualquier caso, la sarcoidosis puede llegar a afectar asimismo al hígado y al bazo y al sistema nervioso, y hacer otro tanto en los riñones, en el metabolismo del calcio, en los ganglios linfáticos… así como en los músculos, huesos y articulaciones. Lo cierto es que ningún órgano del cuerpo está exento de una posible sarcoidosis, a decir verdad.

Es más, existe un número reducido de personas con sarcoidosis que padecen problemas en el sistema nervioso central, debido a que los granulomas se les ha formado en el cerebro y/o en la médula espinal, llegando a inflamar incluso a los nervios faciales, causándoles parálisis facial.

¿Cómo se cura la sarcoidosis?

Se trata de una enfermedad de apariencia inevitable, que aún hoy sigue envolviendo en el desconocimiento las causas de su aparición; tanto así que hace que sus síntomas aparezcan repentinamente, manifestándose gradualmente y con un curso de pronóstico bastante variable y por lo general favorable, que puede ir de asintomático a crónico, según la evolución y las complicaciones y los órganos afectados; lo que provoca que en muy raras ocasiones todo culmine en la muerte.

Hablamos de una dolencia que en su versión más aguda suele descargar sobre quien lo padece una complicada evolución patológica que puede durar años, incluso, pese a que en el 95 por ciento de sus casos suele llegar a curarse por sí sola y de forma espontánea, en un plazo de cuatro a seis semanas, y todo sin intervención de ningún tratamiento.

Una sanación completa que puede ratificarse pasado un año, mediante radiografía, llegando a reflejar que los cambios producidos en los pulmones han quedado reconstruidos.

En cuanto a los casos de sarcoidosis crónica, llamados así porque la enfermedad se sigue reproduciendo tras un periodo de desaparición, el consenso literario de los entendidos en la materia aconseja acudir con frecuencia al médico y tratarse. ¿Lo bueno? Que este tipo de pacientes también pueden llegar a curar su sarcoidosis, gracias sobre todo a un tratamiento sencillo y de una sola aplicación administrado con cortisona. Y es que, si bien no existe todavía una cura para este mal pulmonar, la mayoría de sus pacientes sobrellevan bien la enfermedad, sin siquiera tratamiento.

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