¿Se va a vacunar contra la neumonía?

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Famosa por ser una enfermedad neumocócica que genera infección en los pulmones, la neumonía es un desafío a la salud que puede vencerse a golpe de vacunación cuyo día mundial se celebra el doce de noviembre.

Fiebre, escalofríos, Tos con flema, pus en los pulmones, dificultad para respirar… la neumonía es la infección causada por microrganismos de la talla de los hongos y las bacterias y los virus, los cuales inflaman los sacos aéreos de uno o ambos pulmones, llenándolos de líquido o pus u otro material purulento.

¿Interesante saberlo, verdad? Veamos en profundidad en qué consiste esta infección y sus consecuencias frente a la Covid-19, a la gripe y a las vacunas que intentan inmunizarla.

¿Qué es la neumonía y qué lo provoca?

Llamada también pulmonía, según esta enciclopedia médica virtual, la neumonía es la infección en uno o en ambos pulmones, como ya hemos señalado. Al afirmar que su presencia la provocan los hongos y las bacterias y los virus que flotan en el aire y que acaban en el interior del cuerpo al respirar, estamos acusando claramente a las infecciones fúngicas, bacterianas y virales.

Así, aunque el cuerpo pelea generalmente para evitar que los gérmenes infecten los pulmones, no es una defensa hecha a prueba de todo, ciertamente; de modo que hay ocasiones en los que los gérmenes invasores ganan la batalla y llegan a doblegar al sistema inmunitario, aun cuando hay una salud buena de por medio. Esa dominación es la que los médicos diagnostican como neumonía, tal y como confirman desde el programa nacional del Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre.

Se trata de una infección pulmonar que puede variar de leve a grave, siendo la primera un caso suave y la segunda una urgencia potencialmente mortal. ¿De qué depende esta clasificación? Del tipo de germen que ha provocado la infección, ante todo, pero también de la edad y el estado de salud de la persona afectada.

Ello viene a indicar que suele ser más leve para el gran colectivo de la población, salvo para los bebés y niños pequeños, las personas mayores de 65 años, y para aquellos con problemas de salud o sistemas inmunitarios debilitados, convirtiéndose en una amenaza muy grave a su salud.

¿Cuáles son sus síntomas?

La neumonía puede afectar a todo el mundo, en cualquier momento de la vida, si bien los menores de dos años y los mayores de 65 son los más propensos y vulnerables a contraer esta infección pulmonar.

También existen factores de riesgo que inclinan la balanza de cualquiera hacia la pulmonía, tales como el fumar, la desnutrición, estar hospitalizado, residir a largo plazo en un centro de atención médica, tener un sistema inmunitario debilitado o directamente suprimido, y padecer una enfermedad crónica.

Las señales de la neumonía son bastante fáciles de pasar por alto, si se tiene en cuenta que, aunque varíen de moderados a graves, en función de factores como el tipo de germen causante de la infección y otras variantes, suelen ser similares a los del resfriado o la gripe. ¿Cómo diferenciarla de otro constipado cualquiera? Porque con la neumonía los síntomas duran más tiempo.

El dolor en el pecho al respirar o toser es una de las advertencias principales de la neumonía, de todos modos, junto a una fiebre de 39 grados o superior, la fatiga,  las náuseas, la diarrea, la tos con flema, los escalofríos, el vómito, la dificultad para respirar y/o la transpiración con temblor.

Un pastel sintomático cuya guinda de gravedad la coloca la desorientación y los cambios de percepción mental, al tratarse de personas de 65 años o más, igual que una temperatura corporal mucho más baja de lo normal, lo que también se presenta en individuos con un débil sistema inmunitario.

La neumonía en recién nacidos, bebés e infantes de dos años o menos es aún más difícil de percibir, ya que los pequeños no suelen presentar signos de estar sufriendo la infección. A veces, eso sí, pueden llegar a compartir algunas de las señales ya enumeradas, siendo niños que vomitan y tosen, que tienen fiebre alta y persistente y poca energía, que están cansados o inquietos, o que presentan dificultades para respirar y comer.

¿Puede uno prevenirse ante la neumonía?

Ciertamente sí. Y aunque no sea una prevención infinita e invencible, es fácil de ponerla en práctica. ¿Cómo? Empezando por no fumar; el tabaco daña las defensas naturales del cuerpo, por lo que el tabaquismo propicia una protección paupérrima o nula contra las infecciones respiratorias, las mismas que esconden en su gen viral la papeleta de la neumonía.

Otra táctica de protección es la higiene; lavarse las manos con jabón y con regularidad o usar desinfectante, minimiza bastante las posibilidades de acabar con la pulmonía bien instalada en los pulmones.

Asimismo, mantener en forma al sistema inmunitario no está de más, como tampoco el dormir y descansar lo suficiente, el ejercitarse regularmente, y el llevar una dieta buena, equilibrada y saludable.

Si algo previene casi de forma infalible la neumonía, no obstante, son las vacunas. Y es que la vacunación es la aliada más fuerte y efectiva contra esta infección pulmonar. No en vano existen vacunas que al menos previenen algunos tipos de neumonía.

Y aunque las pautas de vacunación se hayan ido renovando con el paso del tiempo, nunca está de más asegurarse del estado de vacunas recibidas en el pasado.

Es importante asimismo permitir que los niños se vacunen, tengan dos años o más, o no hayan superado todavía el ecuador de edad que les hace más vulnerables. ¿Y por qué lo decimos? Porque esta enfermedad es la principal causa de mortalidad infantil en menores de cinco años, llegando a acabar con la vida de 800.000 niños en todo el mundo durante 2019.

El virus SARS-CoV-2, causante de la COVID-19, es una de las infecciones virales que más abren la puerta a la neumonía, especialmente en aquellos adultos de 65 años o más, en quienes puede causar consecuencias bastante devastadoras.

En España, por ejemplo, la neumonía causa alrededor de 9.995 hospitalizaciones anuales en adultos, con el 72 por ciento de ellos declarándose mayores de 65 años; un colectivo cuya tasa de mortalidad por neumonía es del 9,5 por ciento.

De ahí la importancia de inmunizarse, habida cuenta de que la vacunación es una práctica médica muy eficaz y segura, pues ayuda al organismo a defenderse contra las enfermedades neumocócicas, amén de las provocadas por las bacterias.

Por ello, desde la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología recomiendan que las personas mayores se vacunen contra la neumonía, porque bien podrían tener dañado esos pequeños cabellos que recubren el interior de los pulmones, los mismos encargados de velar por la protección del órgano respiratorio y ahuyentar a las amenazas virales y bacterianas y demás.

La misma entidad asegura que cada una de las vacunas que actualmente se administran contra la neumonía, como la vacuna de polisacáridos y las vacunas conjugadas, tienen una efectividad entre el 50 y el 70 por ciento, lo que viene a implicar que existen posibilidades de contraer neumonía aun después de haber recibido el pinchazo. Una eficacia que varía también en función de la edad de la persona, y de la fortaleza de su sistema inmunitario.

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