Semana Santa: qué significan sus colores litúrgicos

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Un paso de Semana Santa de Jesucristo
© Pixabay

La Semana Santa dura desde el Sexto Domingo de Cuaresma o Domingo de Ramos hasta el Lunes de la Pascua de Resurrección y se reviste de colores simbólicos. ¿Qué significan?

Tradición pascual como la Navidad, la Semana Santa es festejo cultural y manifestación histórica de credo, devoción y fe. De carácter religioso y origen remoto, se celebra durante las jornadas que van del Domingo de Ramos al Lunes de Pascua, una semana larga que culmina la larga Cuaresma iniciada el Miércoles de Ceniza siguiente al Martes de Carnaval.

¿Qué conmemora esta festividad?

El significado explícito de una de las festividades más importantes de la cultura cristiana como lo es la Semana Santa no es otro que conmemorar la Pasión, muerte y resurrección de Jesús desde su entrada en Jerusalén, el Domingo de Ramos, hasta su Resurrección, pasando por la Última Cena el Jueves, la Crucifixión el Viernes y el Sábado de Gloria.

Fue concretamente en la primavera de 325 cuando el I Concilio de Nicea fijó la fecha de celebración de esta Pascua, un conjunto de festividades locales y evangélicas que tiene como una de sus mayores peculiaridades el revestimiento de las imágenes y de los propios nazarenos con colores impregnados de simbología.

Según los escritos del abad francés Prosper Géranguer, su significado radica en recrear la Pasión de Cristo. ¿Por placer malsano? No, más bien por deseo de entendimiento, cercanía y empatía.

Un intento humano de comprender el sentimiento de la Última Cena, de recordar las oraciones de Jesús en el huerto de los Olivos, de ensalzar su resignación al ser prendido por los soldados de Pilatos, de compartir su sufrimiento en el Vía Crucis y velar en la Vigilia Pascual de la Resurrección.

Esta liturgia es evidentemente penitencial, y de ahí la elección de sus diversas tonalidades, mayoritariamente apagadas. Fue el Papa Inocencio III quien, en 1200, determinó el significado del abanico de colores que identifican esta festividad.

De esta forma, el color morado y su tonalidad oscura representa los años en que dicho color era uno de los más típicos de la Iglesia, al menos en sus tiempos penitenciales, llegando a implicar diferentes significados adquiridos con el paso de los siglos. Pero el morado es, ante todo, una referencia a la Cuaresma, la penitencia y la vigilia, a fin de comunicar un sentido penitencial apagado y sobrio.

A la luz de este prisma papal, el morado habla del duelo, de la penitencia y de la misericordia, razón por la que estos tres temas imperan en la mayoría de los cánticos entonados durante la festividad, incluso en su gastronomía más típica, recordando en el proceso los momentos más sufridores de Cristo cuando se sacrificó por la humanidad, y escenificando en las procesiones los pasajes más míticos de la vida del llamado Salvador.

Otro tercer motivo que explica el desfile de colores que identifican a la Semana Santa apunta a una razón estratégica, pensada a conciencia para evitar distracciones de los feligreses ante las esculturas, justo en el momento en que salen en procesión de conversión. Se subraya, además, la necesidad de centrarse más en el arrepentimiento de los pecados cometidos, y mostrar cómo la fe se reafirma en la obra de Cristo en su muerte colgado en la cruz, por ejemplo.

La Semana Santa y su tendencia inviolable a vestir de morado

Este color es el más característico de la temporada, como ya hemos señalado: símbolo expreso de la penitencia, la Cuaresma y la vigilia que caracterizan estas fechas tan señaladas. No es el único color que puede verse en estas fechas, sin embargo: el negro es otro color por excelencia de las festividades, representando el duelo y el luto y siendo más habitual reconocerlo en las vestimentas del Viernes Santo.

El blanco, por su parte, también posee un significado muy especial, aunque más alegre y muy diferente al de los otros dos, siendo muy propio sacarlo a relucir en la Pascua. El blanco de la semana Santa es sinónimo de alegría y felicidad, como corresponde a la Resurrección de Cristo. Un blanco que rinde tributo a la pureza, a la alegría y a la luz de la vida que triunfa sobre la muerte.

El blanco también suele ser el color típico de las ofrendas que riegan la Semana Santa, y de esas procesiones que escenifican el júbilo de la población al ver a Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos.

A la lista de colores codificados de la Semana Santa, regulados en el siglo XIII y revalidados posteriormente por el papa Pío V, se suma asimismo el rojo, símbolo de la sangre derramada por Jesús y de su amor por la humanidad; este color explica por qué suelen arrojarse claveles rojos al paso de algunas procesiones.

El verde, por su parte, simboliza la esperanza de los cristianos, a la vez que hace referencia a la Buena Esperanza de la Virgen María. Por último, el azul y el carmesí representan a la Inmaculada Concepción y a las órdenes cardenalicias, respectivamente.

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