Sida: una epidemia cuya sombra es mucho, mucho más alargada

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Pilas de muertos, incendio e impacto social, y una perpetua sensación de vulnerabilidad. No, no hablamos del covid, sino del sida, una pandemia más longeva.

Transmitible, infeccioso, dañino, debilitante y tratable. El sida es uno de los mayores problemas crónicos de salud pública que más vidas humanas se han cobrado a lo largo y ancho del mundo y con el transcurrir de la historia, allanándole el camino a unos datos internacionales muy altos, y a una incidencia vertiginosa que además se ha visto superada finalmente por el virus SARS-CoV-2.

Sida: la pandemia que descansa, mas nunca muere

El sida, o Síndrome de inmunodeficiencia adquirida, es la fase final del virus de inmunodeficiencia humana (VIH), una enfermedad caracterizada por dañar el sistema inmunitario, y destruir en el proceso cierto tipo de glóbulo blanco encargado de ayudar al organismo a combatir las infecciones, exponiendo al cuerpo a padecer regulares infecciones e incluso algunos cánceres.

No todos quienes tienen VIH acaban desarrollando necesariamente el sida, si bien aquellos que sí sufren esta fase final del virus infeccioso guardan en su organismo una versión muy avanzada de la infección del VIH.

En cualquier caso, se trata de una enfermedad que carece de cura; y, no obstante, los rápidos diagnósticos, el incremento de la concienciación social sobre las medidas de prevención, la efectividad del tratamiento y la atención regulada contra las infecciones oportunistas han refrenado bastante el poder mortal de la enfermedad, convirtiendo tanto al VIH como al sida en una inequívoca dificultad sanitaria, cierto, pero cambiando su clasificación de letal a crónico y tratable, ya que con un control adecuado y la medicación precisa se hace más que posible llevar una vida larga y saludable.

De los datos a las incidencias

Según los datos publicados en julio de este mismo 2021 por la Organización Mundial de la Salud (OMS) tanto el VIH como el sida se han cobrado en equipo unos 36,3 millones [27,2-47,8 millones] de vidas en total, o al menos desde que se empezó a llevar un control pormenorizado de los fallecimientos por dicha infección. Más aún, según la agencia sanitaria de la ONU, a finales del pasado 2020 había 37,7 millones de afectados que convivían con el virus, y más de dos tercios de ellos, es decir, 25,4 millones, lo hacían en África.

Un periodo que presenció la muerte de más de 1 millón] de personas fallecidas por causas relacionadas con el VIH, amén de 2 millones de nuevos infectados por el virus.

Dentro del perfil de los afectado por esta enfermedad abundan especialmente las mujeres y las niñas, alcanzando el escalofriante porcentaje del 53 por ciento del total contabilizado.

La gestión del sida frente a la del covid

Con la llegada del coronavirus al panorama sanitario, el Sida se ha convertido en un enemigo aún más acérrimo de la salud, tal y como refleja la hoja de estadística mundial de la enfermedad, llevando a las personas que viven con el VIH a sufrir cuadros más graves, soportando además mayores comorbilidades por covid que aquellos que no padecen la enfermedad crónica de transmisión sexual y sanguínea.

¿Traducción? Que la pandemia por coronavirus ha puesto de manifiesto el incremento de la vulnerabilidad a la que se exponen las personas con VIH ante el SARS-CoV-2. Tanto es así, que según los datos analizados por la OMS este mismo año, de las 15.500 personas con VIH que fueron hospitalizadas por Covid-19, acabaron generando un porcentaje de mortalidad del 23 por ciento, y eso en un total de 24 países.

Asimismo, más de medio millón de muertes adicionales por sida se produjeron en el África Subsahariana en el periodo antes señalado, un aumento desmedido de infecciones, la mayoría de las cuales vinieron derivadas directamente de las interrupciones en el servicio del VIH durante los primeros meses y compases de la pandemia; lo que tampoco ayudó a dicho panorama fue la ralentización de la respuesta de salud pública al virus.

«Esos datos revelan la importancia de que los países incluyan a las personas que viven con VIH en la lista de las poblaciones prioritarias en los programas de vacunación nacionales», fue la contumaz declaración de la codirectora de la Sociedad Internacional del Sida (AIS, por sus siglas en inglés) Adeeba Kamarulzaman, durante el encuentro virtual de la XI Conferencia de Ciencia de este verano en Berlín.

Una intervención virtual antesala a la rueda de prensa internacional, mediante la cual Kamarulzaman apeló a la importancia de lograr que la comunidad internacional facilite el acceso a la vacuna en los países con más incidencia de VIH y de otras enfermedades.

«No es aceptable que, hasta la fecha, menos de un 3% de toda la población del continente africano haya recibido solo una dosis de la vacuna, y menos de un 1,5% las dos», criticó la codirectora de la AIS, entidad creada en 1998 que actualmente reúne a nivel internacional al mayor grupo de expertos y profesionales en el virus del sida.

Así, a juicio de la OMS, parte de este incremento de infecciones por sida producidos en periodos recientes responde también a la falta de vacunación de las personas con VIH; y es que, si bien las primeras vacunas llegaron en diciembre de 2020, incluso a mediados de este mismo año 2021, la mayoría de los pacientes del sida continuaban sin tener acceso a las vacunas anticovid.

De hecho, recientes estudios de Inglaterra y Sudáfrica revelaron a la agencia sanitaria de la ONU, que el riesgo de morir por covid se duplicaba al tratarse de personas con VIH, que el que pudiera acumular la población general.

Es el caso de la zona subsahariana de África, la cual acumula el 67 por ciento de las personas que viven con el VIH; aquí las vacunas contra el coronavirus no alcanzan a llegar con la rapidez necesaria, siendo que menos del 3 por ciento de los habitantes de la zona habían recibido al menos una dosis de alguna de las vacunas anticovid; y eso, en julio de 2021.

Sida y coronavirus: ¿dos caras de una misma moneda?

Mucho se ha comparado al sida con la covid, aun cuando lo único que tienen en común son sus ínfulas de pandemia y los miles de muertos que ambas han dejado a su paso. Mientras el sida ha necesitado de años desde 1981, cuando se originó, hasta ahora, para acumular más de 32 millones de fallecimientos en todo el planeta, según datos de ONUSIDA, a la covid-19 le han bastado poco menos de dos años para hacerse con un contador de 5,16 millones de fallecidos a nivel mundial, a fecha del 21 de noviembre de 2021. Cifras que en ambos casos subrayan la ominosa amenaza contra la vida de las personas que por sí solas representan ambas enfermedades adquiridas por virus, aun cuando una se contagia (coronavirus) y la otra se transmite (sida).

A pesar de la lluvia de comparaciones que en un principio pusieron cara a cara a ambas enfermedades, lo cierto es que ni el sida tiene que ver con el coronavirus ni la covid comparte lazos con el sida.

Basta ver cómo en el caso del VIH el virus no desaparece y, en el mejor de los casos evoluciona a una condición crónica, mientras que del virus por SARS-CoV-2 uno puede recuperarse, generalmente, logrando incluso que su influjo pandémico desaparezca del organismo. Para Nuria Izquierdo-Useros, jefa de patógenos emergentes en el Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa, la diferenciación entre ambas patologías salta a la vista.

«Son dos virus diferentes que actúan de forma diferente y que causan la muerte de forma muy diferente», resumió.

Como ejemplo de ello, la facultativa expone que «hay muchas personas que de forma natural son capaces de hacer frente al SARS-CoV-2 gracias a su sistema inmune. El problema del VIH es que el sistema inmunitario no es capaz por sí solo de hacerle frente. En ausencia de tratamiento puede llegar a causar la muerte, pero ese es un proceso extremadamente lento que puede llevar años». Con el coronavirus, en cambio, «en tan solo semanas una persona puede entrar en situación crítica y en cuestión de días perder la vida».

Lo que está claro, es que, si bien existen paralelismos entre ambos patógenos o, mejor dicho, entre los efectos sociales de las dos vertientes infecciosas, no se trata de lo mismo y debe darse la importancia merecida a cada una de ellas, tal y como se hizo con el abordaje requerido para hacerlas frente.

Las personas con covid siguen tan expuestas al sida como antes de pillar la infección, pues en ello depende las medidas de prevención que no han cambiado en 40 años y que son más controlables, al ser una enfermedad que se transmite mediante una práctica de riesgo. Los pacientes del VIH, en cambio, sí sufren una mayor vulnerabilidad frente a la covid, y eso no lo pueden evitar, pues la definición en sí del sida implica una pérdida mayúscula de las fuerzas defensivas del organismo, una flaqueza que se ve superada enseguida por una enfermedad cuya propagación comienza en el simple contacto.

En suma, es importante fomentar la prevención y protección ante ambas infecciones, y no permitir que la sombra del coronavirus eclipse a la también importante sombra del sida; porque entonces estamos cambiando un mal inmediato por otro a largo plazo, pero igual de fulminante.

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