Pedro Sánchez empieza el curso como los niños, sin corbata y a lo loco. Todo moreno, botulínico y estirao. Con esos mimbres, el caso es darse un baño de masas para que pitido va, soba-que-te-soba viene (como cuando lo restriega mi Yoli), al que nos preside no se le acabe el trasiego —porque mira que le gusta menearse—.

Inicia la temporada con las gentes —como diría Julio Iglesias— yendo a La Moncloa, la casa de todos (no lo veo, pero eso dice su inquilino); unos afortunados que han sido adiestrados como mejor conviene para que le pregunten esas cosas que todos querríamos saber. Una empleada del hogar, una jubilada, un maestro y dos jóvenes en plan representación, como dice la juventud. Una de ellas, repitió porque estuvo el año pasado en las dependencias del presi. Se conoce que entre los 47 millones de españoles siempre le toca a ella, oye.

Lo que no sabían todos es que tras las preguntas les iba a contar eso de que España es un gran país y no se va a quedar nadie atrás. Un discurso a medida en una precampaña desde Moncloa que los ha dejado compuestos y sin Pedro.

Lo cierto es que arranca el curso; el más caro de la historia que todos recordemos, con un carro de la compra del que salen tiritando los espaguetis con tomate marca blanca, pan de molde, huevos y chope (sin d), porque está la cosa que como los niños no vengan comidos y lavaos el día que toque gimnasia, va a ser que pasen más hambre que un maestro de escuela. Los impagables libros, la inasumible luz; el terrible ascenso del precio del gas, gasolina, productos básicos, etcétera. Menos mal que tenemos a la ministra de Trabajo, que anda con el topado de alimentos básicos. ¡Con la iglesia hemos!

Mientras todos seguimos en este país que no solo no arranca, sino que se hunde, las corbatas que son las que ha dejado atrás, nos permiten ver decretazos a gogó y acuerdos con sectores ignorados por otros. No digo yo que no se arreglen, pero antes de abrir nuevos melones tendrían que terminar algunos.

Las mujeres que limpian —porque la mayoría son asistentas, no asistentos—, tendrán derecho a paro en el nuevo curso sanchil, mientras que otros sectores están abocados al cierre, como tantos negocios de autónomos que el día uno ya tienen que soltar panoja para poner el cartel de abierto sin que haya entrado un cliente.

Los menús del día ascienden de 10 u 11 euros a 18 o 20; y la clase trabajadora, ora del tapervare, verá un bar de canto, porque ya no podrá permitirse ni el triste pincho de tortilla con la caña de turno. Si la cosa está mal para todos, para el sector servicios no digamos, y la hostelería, tras el verano de su vida —el primero tras la pandemia—, en donde han hecho (literal) su agosto, echan el cierre a cal y canto porque todo resulta impagable, imposible de sostener.

Entretanto, el sin corbata se peleará con Feijóo en el Senado sin Ciudadanos ni Podemos. Un debate económico que promete y será la antesala de otros tantos que tendrán hasta que estemos en campaña. Reunirse antes de arrancar el curso político es lo mismo que un duelo al sol. El míster informará acerca del plan de ahorro y gestión económica al líder gallego de la oposición y de la perspectiva territorial y el contexto económico en el que navega esta España nuestra.

Todo anda entre contingencias, medidas que no gustan; otras conflictivas, como lo de abortar sin que tus padres lo sepan; y muchas cuyo resultado es un imparable crecimiento de los precios que pronostican un peor invierno —más malo que los Hermanos Mala Sombra— y sin visos de continuidad.

Parece que el exceso de mortalidad se ha disparado en verano y se han quintuplicado los fallecimientos por covid. A esto le sumamos que casi cinco mil personas han muerto por causas relacionadas por el calor —porque ha sido de traca—; y julio ha cerrado con casi once mil trescientos óbitos por encima de lo habitual, seis veces más que la media del mismo mes según las estadísticas del MoMo (sistema de monitorización de la mortalidad).

Entre las hipótesis se enmarcan la covi (sin d), la hipertensión, la diabetes, la enfermedad mental, la cardiovascular; es decir, enfermedades no diagnosticadas, no tratadas, abandonadas, covid persistente, etcétera, que han debutado dos años después con la muerte del paciente, porque nada ha sido abordado como debiera, aunque estos señores que nos gobiernan, con la Darias a la cabeza, dicen que siguen sin saber el porqué de las cosas.

Peeedro —no el de Penélope, el nuestro— tendrá que conocer a Liz Truss, la sustituta de Boris. Al menos la nueva líder del Partido Conservador va peinada. Ya verás cuando vea a nuestro míster, cómo se enamora de él, como hacen todas, y lo soba cual Yolanda cuando lo coge de los carrillos como si un muchacho se tratara; solo le falta decir «ayyyy» para que le adoren, aunque está haciendo un duelo con Macron, que también habla de atarse los machos mientras navega en un yate de ene esloras con su esposabuela.

En fin, que arranca todo (que es un verbo que les mola a los colegas de la prensa); a ver si no nos arrancan algo de cuajo, que ya nos va quedando menos para ser inermes. Porque ser y estar no son lo mismo. Estamos ya así. Ya veremos en qué quedan todos estos augurios. Será pronto, no se crean.

Me voy a por el chope, que hoy está de oferta…

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Directora de Prensa Social. Periodista. Doctora en Ciencias de la Comunicación. Máster en Dirección Comercial y Marketing y Gestión de RR.HH.. Profesora Universitaria Ciencias de la Información. Estudios de Psicología y Derecho. Miembro de The Geneva Global Media United Nations, Presidente de DOCE, Miembro del Comité Asesor de la Fundación López-Ibor, Miembro del Comité de Ética Sociosanitarios EULEN, Consultora de Comunicación loquetunoves.com. Autora libros: Actos sociales y familiares, fotografía social. Junio 2012. Coautora: El cerebro religioso con María Inés López-Ibor. Enero 2019.

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