Síndrome de Asperger, esa sombra apegada desde la infancia

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En el Día Mundial del Síndrome de Asperger, conozca en qué consiste, aprenda a distinguir sus señales, y asómese a la mirada de quienes viven con este trastorno.

Incluido en el abanico de trastornos del espectro del autismo (TEA), el síndrome de Asperger es un trastorno del desarrollo que afecta a la interacción social recíproca de un individuo, su comunicación oral o no verbal, y genera una resistencia para aceptar el cambio, así como una inflexibilidad del pensamiento; todo ello mientras insta a poseer campos de interés estrechos y absorbentes.

¿Qué es el síndrome de Asperger?

Cada 18 de febrero se celebra a nivel mundial el Día Internacional del Síndrome de Asperger. También llamado AS en su forma más abreviada, para entender este trastorno es preciso explicar, primero, qué es el trastorno del espectro autista. La respuesta al interrogante es bastante simple: se trata de una patología neuronal que comienza en los primeros años de la infancia, provocando en su desarrollo diferentes problemas para desenvolverse en la sociedad, ya sea en el colegio o en el trabajo o en otras situaciones sociales.

El TEA comprende diferentes afecciones que no son muy independientes de su rama principal, aunque sí se gradúa en distintos niveles, según el tipo de trastorno del espectro autista de cada persona. Así, los peldaños de esta afección lo conforman el trastorno desintegrativo infantil, el autismo, una forma no especificada de trastorno generalizado del desarrollo y, cómo no, el propio síndrome de Asperger, como ya señaláramos antes.

De esta forma, al síndrome de Asperger se le define como una enfermedad firmemente vinculada al desarrollo del cerebro, por un lado, siendo, en palabras llanas, una afección que condiciona la manera en la que una persona percibe el entorno y socializa con quienes están a su alrededor.

Hablamos de un trastorno que generalmente se nivela en el período final leve del trastorno del espectro autista, a juicio de los expertos, y que causa problemas tanto en la interacción social como en la comunicación interpersonal, comprendiendo en su desarrollo patrones de conducta que son repetitivos y bastante restringidos.

No, el síndrome de Asperger no tiene cura; ahora bien, con un tratamiento temprano e intensivo se puede hacer maravillas, mejorando la vida de muchos de esos niños que durante su primer año de vida ya empiezan a presentar síntomas de autismo.

Según el consenso sanitario, tanto el TEA como el SA pueden desarrollarse más adelante, aunque siempre durante el periodo de la infancia; existe, de hecho, un número reducido de pequeños que crecen sin alteraciones en el primer año, para después, entre los 18 y los 24 meses de edad, pasar por un periodo de regresión, a raíz de la aparición de los primeros signos del autismo.

¿Y cuáles son exactamente los síntomas del síndrome de Asperger?

Las personas con esta variedad de TEA reúnen en su perfil clínico unos síntomas y patrones de comportamiento bastante característicos y diferenciables, que, aunque pueden variar levemente de un caso a otro, casi siempre aparecen en torno a los dos años, generando señales como un menor contacto visual, indiferencia ante quienes lo cuidan, y mutismo al llamarlos.

Existen casos en los que los niños con SA pasan con normalidad la primera infancia, como ya hemos señalado anteriormente, pero en un momento indeterminado las tornas empiezan a girar, y los pequeños se vuelven agresivos o introvertidos, llegando incluso a perder las habilidades del lenguaje que ya tenían adquiridas.

No son pocos los menores con síndrome de Asperger (SA) que muestran dificultades de aprendizaje, dándose casos en que manifiestan una discapacidad intelectual en forma de inteligencia inferior a la que le corresponde por edad.

Otros niños con AS, en cambio, tienen una inteligencia entre normal y alta, mostrándose capaces de aprender rápido y, aunque mantienen las dificultades de comunicación, bien pueden llegar a aplicar en el día a día lo aprendido, y adaptarse a situaciones sociales.

En el síndrome de Asperger, a mayor diagnóstico precoz, mejor efectividad y auxilio para el niño; y es que la detección temprana de tanto el TEA como del AS marca la diferencia, una diferencia que a la larga se vuelve positiva.

Conforme van creciendo y madurando, algunos niños con síndrome de Asperger (o con otros trastornos del espectro autista, a decir verdad) consiguen evolucionar en su socialización con los demás, haciendo acopio de menos alteraciones del comportamiento.

En este sentido, algunas personas con SA pueden llevar una vida normal o casi normal, si bien es una normalización que se produce con el paso del tiempo, lográndolo aquellos con problemas menos graves, generalmente.

Y decimos generalmente, porque también es cierto que muchos otros crecen a la sombra de unas dificultades con el lenguaje que no desaparecen al madurar, como tampoco lo hacen los problemas en las habilidades sociales; tanto es así que tales problemas emocionales y de comportamiento tienden a empeorar durante la adolescencia.

En resumidas cuentas, no, no hay manera de prevenir el trastorno del espectro autista, como tampoco existe forma de “sanar” el síndrome de Asperger. Las opciones de tratamiento, por tanto, se yerguen como una necesidad de diagnóstico precoz, ante todo, y como una intervención muy útil capaz de mejorar el desarrollo del lenguaje de los niños con esta afección, amén de su conducta y sus habilidades.

Una intervención que siempre es útil, ciertamente, no importa la edad que la persona con síndrome de Asperger tenga en ese momento, lo que demuestra la gran verdad que esconde el dicho popular de que más vale tarde que nunca.

Después de todo, nunca es tarde para aprender, y nunca es innecesario dejarse ayudar, y menos cuando los síntomas del AS no desaparecen al crecer, siendo necesario por tanto aprender a convivir con ellos, y desempeñarse adecuadamente en su entorno y en la sociedad.

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