Síndrome de piernas inquietas, un trastorno con el que conviven 2 millones de españoles

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La Dra. Ana Fernández Arcos, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la SEN.

El Síndrome de piernas inquietas celebra hoy su Día Mundial, invitando a su concienciación y visibilidad tanto a sus afectados como a la población general.

Pese a ser más común de lo que cabría esperar, sigue viviendo más bien en el anonimato, semioculta en el infradiagnóstico. Hablamos del síndrome de piernas inquietas, por supuesto, una patología que aqueja al 10 por ciento de la población, aproximadamente, y que en España cuenta con dos millones de afectados, como mínimo, según estimaciones de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Ahora bien, ¿qué es exactamente el síndrome de piernas inquietas?

También denominada síndrome de Willis-Ekbom, se trata de una enfermedad bastante peculiar que, en forma de trastorno neurológico, se clasifica dentro del trastorno de movimiento periódico de las extremidades, ya que somete a sus pacientes al yugo nervioso de necesitar mover las piernas incesantemente; todo un malestar que se deja sentir en las extremidades y aparece al anochecer, generalmente, y que empeora al estar inactivo o en reposo.

Es, en suma, la manía incontrolable e irresistible de mover una y otra vez los brazos y/o las piernas durante el sueño, al percibir sensaciones anormales en esas partes del cuerpo por causa de estar sentado o acostado.

El síndrome de las piernas inquietas tiende a interrumpir el sueño de quien lo padece, espabilado por las constantes sacudidas de brazos y piernas o ambos, pese a no ser consciente siquiera de esos movimientos. Un trastorno que dificulta tanto el sueño como el descanso, por cierto, ya que sienten todo el rato la necesidad de mover las extremidades aquejadas.

Frecuentes sobre todo en aquellas personas de mediana y avanzada edad, el síndrome de las piernas inquietas no tiene cura, aunque los medicamentos del Párkinson suelen ayudar a controlar sus síntomas.

Y pese a desconocer todavía la causa que origina realmente esta dolencia imperiosa, nerviosa y neuronal, las estadísticas apuntan que está tan infradiagnosticada que el 90 por ciento de sus pacientes viven sin detección médica, y que más de un tercio de sus aquejados reconocidos tienen familiares que también lo padecen.

Hablamos de una patología que encuentra en el tabaquismo, el sedentarismo y la obesidad sus factores de riesgo más comunes, presentándose especialmente ante aquellas personas que toman estimulantes o ciertos antidepresivos, tienen anemia o diabetes, sufren de párkinson o esclerosis múltiple o alguna otra enfermedad neurológica, y han dejado de tomar diazepam y otros fármacos de la talla de las benzodiazepinas.

¿Cuáles son los síntomas del síndrome de piernas inquietas?

La huella sintomática de esta patología se va produciendo despacio, inicialmente, con molestias leves y de forma discreta y esporádica, además, permitiendo así que transcurran más de 10 años entre la aparición de los primeros signos hasta el diagnóstico final de los especialistas.

Algo que no favorece al paciente, por descontado, ya que además llama al empeoramiento del trastorno, el cual llega a interferir significativamente en la calidad de vida de quien lo padece; suele ser tras estos episodios, de hecho, cuando la preocupación empuja a acudir por primera vez a consulta médica.

El cansancio permanente y la sensación de somnolencia durante el día representan los signos más habituales del síndrome de piernas inquietas, igual que las quejas continuas de dormir mal, despertarse varias veces durante la noche, sufrir sacudidas entre 20 y 40 segundos durante el sueño, con breves despertares posteriores de los que no se es consciente siquiera, así como patalear sin querer a la persona con quien se duerme.

A ello se suma la sensación, vaga pero desagradable y hasta a veces intensa, de dolor y ardor y hormigueo en las piernas, sensación de tirón o del movimiento de unos insectos recorriendo el interior de dicha extremidad.

Son síntomas que aparecen incluso en momentos de estrés, si bien los episodios que generan pueden darse de manera ocasional, dejando pocos problemas a su paso, o con una puntualidad diaria, lo que priva del sueño, dificulta la concentración, y complica el normal funcionamiento y rendimiento de la persona.

Para quienes sufren del síndrome de piernas inquietas, tanto el caminar y el estirar las piernas como el moverse de un lado para otro es una fuente de alivio, igual que dar vueltas incesantes en la cama o retorcer constantemente las piernas al estar sentado.

En opinión de Ana Fernández Arcos, coordinadora del Grupo de Estudio de Trastornos de la Vigilia y Sueño de la SEN, el síndrome de piernas inquietas va más allá de una simple categorización como trastorno del sueño; con esto, la facultativa está aludiendo a ese 25 por ciento de las personas que son diagnosticadas con este mal, tras acudir a una Unidad de Sueño o a la consulta de Neurología, debido a problemas de insomnio crónico.

«Cuando se asocia a la privación crónica de sueño, que conlleva problemas de cansancio, de rendimiento y dificultad para realizar las actividades diarias, alteraciones cognitivas y en las relaciones sociales y familiares, este trastorno provoca una mayor predisposición a desarrollar trastornos ansioso-depresivos, hipertensión arterial, así como otros trastornos de tipo cardiovascular».

Una escalera de razones que no hacen sino urgir la necesidad de mejorar el diagnóstico del síndrome de piernas inquietas, aparte de incentivar más conciencia y visibilidad social sobre este trastorno; y más cuando existen tratamientos eficaces para muchos de estos pacientes, cuyos movimientos nerviosos suele tener que ver más con el déficit de hierro o insuficiencia renal u otras enfermedades neurológicas, que por la propia dolencia en sí.

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