¿Qué es realmente el síndrome de Tourette y qué lo causa? ¿Cómo identificar a quien lo padece y cuáles suelen ser los peores síntomas que manifiesta?

Con motivo del Día Mundial de Concienciación del Síndrome de Tourette, no son pocas las entidades que han optado por iluminar sus monumentos, y cumplir así con la anual y ya tradicional demanda de visibilidad y entendimiento social, de petición de apoyo y respaldo de investigaciones científicas y más tratamientos especializados.

La diferencia, no obstante, es que, en esta ocasión, las peticiones de más información y diagnóstico temprano girarán en torno a esa patología que, englobada dentro de las enfermedades raras, rinde tributo a la neuropsicóloga Mary Robertson, titular de una labor clínica intachable y autora de más de 100 artículos científicos que revelan los secretos y misterios de esta dolencia.

¿Qué es el síndrome de Tourette?

Caracterizado por movimientos repetitivos o sonidos indeseados llamados tics, se trata de un trastorno que causa en quien lo padece diversos espasmos que la persona es incapaz de dominar o, como mínimo, que se ve con serias dificultades para mantenerlo a raya.

Hablamos de un amplio abanico de gestos dispares, tal y como apunta la Asociación americana de Tourette, como parpadear repetidas veces de manera incontrolada, encoger los hombros, por ejemplo, emitir sonidos raros o formular palabras ofensivas.

Conocida también como síndrome de Gilles de la Tourette, los tics motores que constituyen el rasgo más identificativo de esta patología suelen empezar a manifestarse en torno al sexto año de vida, aproximadamente y según promedios; aunque también puede ser entre los 2 y los 15 años. Se trata de una enfermedad que da a los hombres más cartas de desarrollarla que a las mujeres, entre tres y cuatro veces más, de hecho.

Neuropsiquiátrico, complejo y de naturaleza familiar, este trastorno fue descrito por primera vez en 1885, de la tinta del Neurólogo francés Georges Gilles de la Tourette, aunque a fecha de hoy aún se desconoce la causa exacta que lo origina.

Las papeletas científicas señalan, no obstante, que lo más probable es que surja como desencadenante de una combinación de factores ambientales y bajo influencias heredadas mediante genética.

Otros apuntan, asimismo, que la dopamina, la serotonina y demás neurotransmisores alojados en el cerebro pueden estar involucrados en el despertar de esta enfermedad, al ser sustancias químicas que desde el cerebro transmiten impulsos nerviosos al resto del cuerpo.

¿Cuáles son los tics más frecuentes del síndrome de Tourette?

Se clasifican en simples o comunes, siendo repentinos, breves y repetitivos los primeros, ya que implican un número limitado de grupos musculares; y movimientos diferentes y coordinados los segundos, ya que involucran en su patrón a varios grupos musculares.

De igual forma, los tics de esta enfermedad causan mucha angustia y hasta picores en quienes la sufren, al menos antes de estallar y manifestarse; y dejan mucho alivio a su paso, cuando finalmente se ha expresado.

Hace falta un gran esfuerzo para detenerlos o contenerlo temporalmente, y eso si es que se consiguen. También pueden abarcar movimientos motores o de sonidos, estos últimos llamados tics vocales.

Mientras los motores suelen ser los primeros en aparecer, ambos tipos tienen muchas formas de hacerse notar, sin embargo.

Lo que significa que varían en el tipo, la variedad y la frecuencia en que se expresan, cambiando con el tiempo y empeorando cuando se está enfermo o emocionado, ansioso o estresado, cansado o dormido, y siendo aún peor si ocurren durante la adolescencia temprana. ¿el alivio? Que mejoran en los años de transición a la edad adulta.

Entre los tics más simples y comunes del síndrome de Tourette destaca el tocar u oler objetos, el parpadeo continuo, encoger los hombros y caminar siguiendo un patrón determinado; sacudir la cabeza y emular otros movimientos observados; hacer gestos obscenos y mover los ojos repentinamente; saltar, inclinarse, retorcerse, girar, hacer una mueca con la nariz o la boca… etc.

Por su parte, los tics vocales más comunes son toser, resoplar, ladrar, carraspear, repetir palabras o frases propias o de otros; e incluso expresar vulgaridades en voz alta, con insultos o palabras obscenas.

¿Cuáles son los síntomas más frecuentes y factores de riesgo?

Los movimientos o sonidos repentinos son el signo más distintivo del síndrome de Tourette. Se trata de tics breves e intermitentes que van de leves a graves, en función de si interfieren o no y cuánto en el funcionamiento cotidiano de quien lo tiene, su capacidad de comunicación y su calidad de vida.

Por otra parte, existen ciertos factores de riesgo que suelen aumentar las probabilidades de acabar sufriendo en carne propia esta dolencia, véase el sexo, con los hombres a la cabeza de padecerla, o los antecedentes familiares, ya sean del propio síndrome o ya estén vinculados a otros trastornos de tics.

Si bien los afectados con el síndrome de Tourette llevan vidas sanas y activas, a veces deben afrontar complicaciones y desafíos sociales y/o de comportamiento que acaba como un revés a su autoestima.

A este inconveniente patológico se suma la pequeña lista de enfermedades que más suelen ir asociadas al nombre de esta patología, como el TOC o trastorno obsesivo-compulsivo, el TEA o trastorno del espectro autista, el TDAH o trastorno por déficit de atención e hiperactividad, o los trastornos de ansiedad y/o de sueño. Una lista en la que también figura la depresión, los problemas del manejo de la ira, el dolor de cabeza u otro malestar relacionado con los tics.

Los síntomas del síndrome de Tourette comienzan en la infancia o en la adolescencia, generalmente. Y si bien es un síndrome que por ahora carece de cura, ha demostrado ser tratable las más de las veces. De hecho, muchos de los pacientes con esta afección ni siquiera requieren tratamiento, porque conviven con síntomas nada o muy poco molestos. En cuanto a aquellos que sí se suelen tratar, los expertos afirman que suelen disminuir o controlarse al cabo de diez años, aproximadamente.

Ahora bien, no todos los tics indican necesariamente la presencia del síndrome de Tourette. Muchos de los tics que suelen desarrollar los niños suelen aparecer de forma natural, y así como llegaron desaparecen por sí solos al cabo del tiempo.

Lo importante, en cualquier caso, es identificar la causa de tales tics, a fin de descartar posibles problemas de salud graves, básicamente. Y dado que más vale prevenir que lamentar, es mejor consultar al pediatra de turno si se observa que el menor realiza sonidos o movimientos involuntarios.

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