¿Sabe qué es la Solastalgia? En honor al 28 de enero, Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre, es hora de hablar de un trastorno tan climático como sanitario.

Las consecuencias del cambio climático están siendo terribles; y si lo han sido para los alimentos, los campos de cultivo, los animales y los recursos naturales, está claro que la salud de las personas no iba a quedarse atrás.

Pero empecemos por lo básico. ¿Qué es la solastalgia?

El concepto, acuñado no hace mucho, a decir verdad, hace referencia a un trastorno psicológico que envuelve a quien lo sufre en un bajo estado de ánimo; pero también hace alusión al desarrollo de algunos trastornos psicológicos y al despertar de todas esas enfermedades físicas cuya incidencia se está viendo incrementada de un tiempo a esta parte, empezando por la hipertensión y el asma, mismamente, y continuando por el cáncer de pulmón y muchas patologías neurodegenerativas, sin ir más lejos.

De igual forma, el sentimiento de la solastalgia guarda relación con otras patologías importantes; y ejemplo de ello es la falta de vitamina D de la que muchos andan cojos, ya que cada vez es menos recomendable exponerse a los beneficios de los rayos del sol; asimismo, la obesidad y las enfermedades respiratorias también se están viendo afectadas nocivamente por la solastalgia, y lo mismo sucede con los problemas para dormir o con el dolor de cabeza, incrementados por la radiación.

Se puede afirmar, por tanto, sin miedo a equivocarse ni a exagerar, además, que el cambio climático no solo se está dejando sentir en perjuicio del planeta. Ya es un hecho que también está siendo negativo y nocivo para los seres humanos, algo que hasta la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Ministerio de Sanidad han constatado, señalando que esto es especialmente malo y exponencial para la salud pulmonar de los mayores.

Y es que buena parte del aire que se respira en las grandes ciudades está enrarecido, razón por la que se hace prioritario empezar a tomar medidas que ayuden a revertir esta situación. Por tanto, sí, el aumento gradual de la temperatura de La Tierra ya tiene una afección propia, desafortunadamente; una dolencia de carácter mental que, sin embargo, también fomenta un mayor riesgo de suicidio, por un lado, y a la aparición de estados depresivos entre la población, por otra parte.

Ese es el tema que la COP, la Conferencia de la Cumbre del Cambio climático de la ONU que lucha porque los derechos sociales de las personas y el planeta se conviertan en el centro de todas las decisiones políticas, ha denunciado reiteradamente en cada una de sus ediciones.

Dado que «sin planeta no hay futuro», este evento anual, que cada año congrega a muchas entidades y organizaciones en su programa, defiende la necesidad de trabajar en red, primero, crear alianzas entre empresas y administraciones públicas y sociedad civil, después, para así conseguir poner fin a la pobreza y exclusión social, por un lado, y lograr cimentar finalmente un planeta más sostenible, por otra parte.

¿Cómo afecta la solastalgia a la salud de las personas, exactamente?

Cabe matizar, antes que nada, que el origen de la solastalgia se remonta a mucho tiempo atrás, más que ser producto del calentamiento global. Así lo creía el filósofo australiano Glenn y, acuñador de este término, quien concibió este término (aunque no sus acepciones) uniendo ‘solacium’, consuelo, con ‘algia’, dolor.

Para Albrecht, solastalgia era la desconexión del ser humano con su entorno natural; un distanciamiento que responde al ritmo de vida que la sociedad de la era actual lleva día a día, sin apenas contacto con la cara más natural del medioambiente.

Por tanto, quienes padecen solastalgia son aquellas personas que no solo lamentan el cambio que ha sufrido su ambiente natural, sino que además perciben esa alteración en carne propia, en forma de miedo y sentida angustia. Sentimientos pesimistas que incrementan a la vista de los desastres de la contaminación en el medioambiente, por cierto, y que se dispara ante los incendios forestales, las inundaciones y las sequías; desastres naturales tan irremediables como penosos, que terminan modificando el espacio del entorno, azuzando así la añoranza y la angustia.

¿La solastalgia se puede remediar?

Para el filósofo Glenn Albrecht y para muchos actuales profesionales del tema, la respuesta a esta pregunta es clara: sí. Ahora bien… ¿Cómo? Fácil: recuperando el contacto directo y regular con la naturaleza, sencillamente.

En este sentido, los expertos afirman que el estado anímico de quien sufre solastalgia mejorará conforme la persona aumente gradualmente su contacto con su entorno natural. ¿Topofilia? Efectivamente; hablamos de ese sentimiento positivo y evocador, por supuesto, que muchos experimentan hacia su lugar de nacimiento o crecimiento, en el que guardan sus mejores recuerdos.

Rodeado muchas veces de naturaleza, en este rincón evocador uno se siente más tranquilos y relajados, máxime si están apartados del bullicio urbano y del estrés inherente a las grandes ciudades.

A fin de superar los episodios de solastalgia, cambios de hábitos como la desintoxicación de las redes sociales y las nuevas tecnologías tampoco está de más, como tampoco apagar las pantallas, salir a la calle, dar un paseo, dejarse arropar por el viento y el sol, e incluso cambiándolo si es posible por respirar más entorno natural. El organismo, que se podrá proveer de reservas de vitamina D, lo agradecerá.

Actuando contra el calentamiento global

Otra forma de quitarle poder nostálgico y aletargador a la solastalgia pasa por hacerse responsable de los actos hacia el medioambiente y no favorecer el progresivo deterioro del planeta. Un granito de arena hacia la conservación climática que se puede hacer individualmente en el día a día, y que implica acciones sostenibles y más verdes, respetuosos desde luego con el medio ambiente.

¿Un ejemplo? Generar menos desperdicios y residuos en casa y apostar en cambio por un reciclaje comprometido; evitar utilizar envases de usar y tirar, y más si son de plástico, siendo preferente emplear recipientes reutilizables; y consumir productos de temporada, si es posible, haciendo la compra en mercados locales que estén cercanos, y cuya visita no implique coche u otro transporte público, pues con ello se está evitando aumentar la contaminación con ese desplazamiento de combustible.

Asimismo, desde todas las entidades y empresas que actúan en favor de la conservación de la atmósfera instan a usar con cabeza los recursos naturales, ya esté uno en casa o en otro sitio de paso; esto implica no malgastar ni el agua ni la electricidad, como tampoco el gas, siendo aún más aconsejable instaurar en casa bombillas de bajo consumo y electrodomésticos eficientes.

De hecho, los expertos apuntan que un simple cambio en la alimentación, como una dieta rica en vegetales y frutas y no tanto en carne roja, puede favorecer que la huella de carbono se reduzca, y que, por tanto, disminuyan los gases de efecto invernadero a la atmósfera. Un punto positivo que se hace extensible al simple hecho de dejar el coche e ir a los sitios andando, si es posible, eligiendo el transporte público o, mejor aún, la bicicleta, si el lugar está muy lejos; todo un gesto que no solo el planeta agradecerá, sino también el cuerpo y la propia salud.

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