Soy Marie Pierre mamá cuidadora de Bruno, un niño dependiente por una enfermedad rara, también soy familia monoparental y expatriada.

Soy parte de una generación de madres cuidadoras de hijos dependientes con discapacidad y somos tan importantes como ellos, los índices demuestran el incremento de niños con discapacidad y con ello las cuidadoras no profesionales de por vida de ellos.

Somos más que madres, tenemos la responsabilidad clave de un cuidador, les brindamos atención y apoyo necesarios para ayudar a elevar su calidad de vida y estamos cansadas de serlos, de la lucha constante por sus derechos, y que la labor de nosotras no se tome en cuenta, somos más que madres, somos cuidadoras y estamos cansadas emocionalmente y físicamente y no de cuidar a nuestros hijos que aprendemos a hacerlo, cansadas de lo que representa a salir a la calle, un territorio hostil para ellos para que puedan desarrollarse como personas, del mareo administrativo, y de la exclusión constante que vivimos.

Las cuidadoras no podemos trabajar en el sentido proletario del concepto, no devengamos sueldo y nuestros ingresos se reducen a las aportaciones que familiares y/o los beneficios míseros que entrega el gobierno en calidad de “apoyo”.

Las cuidadoras no profesionales desempeñamos un papel crucial al proporcionar apoyo afectivo y asistencia en actividades diarias. No tenemos formación específica, solemos depender de experiencias personales y adaptarnos a las necesidades ellos.

¿Qué requisitos nos piden a las cuidadores de un hijo dependiente? Ser madre, hermana, tía, no tenemos horario laboral, estamos disponibles 24h 7 días a la semana los 365 días, no tenemos contrato y la única titulación que tenemos es ser mujer tener para poder ejercerlo.

Las madres cuidadoras no profesionales también necesitamos tiempo y espacio para cuidarnos.

Necesitamos establecer límites, buscar apoyo у dedicar momentos para el auto cuidado que son cruciales en nuestra labor. Es una maternidad que nos ha puesto la vida cuesta arriba.

Tenemos que lidiar con la incomprensión de la gente que ni se imagina la dureza del día a día. Nos tenemos que apoyar los que lo comprendemos. Dicho esto hay que entender que la cuesta es mucho más empinada para nosotras. Por eso me hace feliz que cada vez más cuidadoras de hijos con discapacidad no nos quedamos calladas.

Una madre cuidadora es quien asume la responsabilidad total del dependiente ayudándole a realizar todas las actividades que no puede llevar a cabo, es ocuparse de ellos, de la higiene, médicos, trámites, ocio, hacerse cargo de su fragilidad, más el trabajo de la casa entre otras responsabilidades, es un trabajo no remunerado, y hace que las mujeres que cuidamos no nos de tiempo para ocuparnos de nosotras mismas, de nuestra salud, de trabajar con remuneración, de nuestros proyectos de vida, de ser independientes, de hacer alguna actividad recreativa o simplemente descansar, por que para quienes cuidamos no existen ni fines de semanas ni días feriados.

Nuestros hijos crecen y con ello desaparecen nuestras ilusiones, asumimos el papel de cuidadora porque se asume, no se negocia y con el más honesto amor del mundo, amor de verdad. Se normaliza tanto la abnegación que poca gente se cuestiona la sobrecarga que recae sobre quienes cuidamos. Se asume que lo se hacemos por «amor» y claro que muchas veces se cuida desde el amor, pero eso no hace que el cuidado sea placentero ni paga facturas.

Por que seremos cuidadoras de por vida de nuestros hijos dependientes, desde que nacen y hasta que morimos, cuidamos 24×7 y con un porcentaje significativo de padres que desaparecen y se desentienden de estos cuidados.

Nuestros hijos con discapacidad son vistos como un problema para la sociedad, para la política, para el sistema escolar y de salud. Tristemente no saben qué hacer con ellos o para muchos son invisibles.

Nuestra mayor angustia es ¿qué pasará con nuestras hijas e hijos dependientes cuando nosotros no estemos? Cuando explotemos de cansancio. No tenemos tiempo ni de enfermarnos, no dormimos 8 horas seguidas y tenemos que iniciar el nuevo día con las pilas al 100.

Pero sépanlo bien, las madres cuidadoras no nos rendimos.

Somos una generaron de mujeres cuidadoras que cambiamos súbitamente nuestro proyecto de vida para apoyar y ayudar a otra persona, y es un trabajo que se debe reconocer y retribuir por parte del Estado pues nosotros no escogimos este rol, así como tampoco lo eligieron las personas a cargo nuestro, tenemos derecho a desarrollar libremente nuestra personalidad, a tener metas y luchar por ellas y ser cuidador no duele, lo que duele es la falta de apoyo por parte de la sociedad. Ya es tiempo de que nuestro trabajo sea visible y reconocido,

Como cuidadora no quiero ser modelo a seguir, ni heroína, y cuando los medios abordan notas sobre personas con discapacidad todavía caen en términos incorrectos donde muestran a las personas como «guerreros” o «héroes”. sólo queremos recibir el mismo trato que cualquier persona, que cualquier madre y derribar las barreras sociales y de accesibilidad que tanto afectan a nuestra vida.

Por esto es importante reconocer y respaldar nuestra labor, brindarnos recursos ya que perdemos derechos y oportunidades, y no por la persona a la que cuidamos, sino por la desidia de las administraciones que nos anulan como mujeres.

Este 8M queremos poner el foco sobre los cuidados y las mujeres que cuidan, reivindicar la importancia de este trabajo y poner de manifiesto cómo sigue recayendo sobre las mujeres esta labor, para dar visibilidad a todas las mujeres que cuidamos y que el sistema esconde, por los tiempos de los políticos no son los nuestros.

¡Porque criar y cuidar también es trabajar!

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