Cuando hablamos de soledad raramente consideramos que los niños y jóvenes puedan sentirse solos en este mundo hiperconectado, y es que al hablar de soledad en esta España nuestra es tremendo la sensación que ellos trasladan a sus terapeutas cuando acusan depresión, tristeza o soledad; una inmensa soledad.

Al menos catorce millones de euros se emplean en esa soledad no deseada; un uno por ciento del PIB pero la cosa no mejora. Ahora además de las personas con discapacidad, dependencia o mayores, los niños y jóvenes se sienten solos. ¿Quién es el responsable de ello?

El estudio «El coste de la soledad no deseada en España» impulsado por SoledadES, refleja unos datos alarmantes si consideramos qué supone tener juventud. Bien es sabido que damos por hecho que las viudas y viudos pueden permanecer solos durante años y aunque acusan soledad, no les pasa nada o pueden llegar a solucionarlo, pero no nos cabe en la cabeza que niños y jóvenes que conviven con sus padres y/o abuelos, se sientan solos en compañía y quieran suicidarse.

Lo curioso es que la franja entre 65 y 74 años es la que menor soledad sufre pero a partir de 75 años —cuando la salud puede quebrarse—-, el 12,2 por ciento la nota. En ese sentido las mujeres son las más perjudicadas, un catorce con ocho por ciento lo considera así.

¿Pero qué hay de los jóvenes?

Entre 25 y 34 años un 16,5 por ciento se siente abandonado y entre los 35 y 44, hasta un 13,2%. Los cuatro mil cuatro mayores de quince años que participaron en este estudio sienten ese aislamiento involuntario sobre todo los fines de semana o los días de fiesta. Si hablamos de soledad, hasta un 79,1% nota esa soledad que viene de la falta de apoyo familiar, falta de convivencia, falta de amigos, falta de cuidadores…

Algo sucede en esta sociedad narcisista que tiene como prioridad ir al cine, ver una serie o acudir a diario al gimnasio antes que hablar con sus hijos o nietos. Estamos creando una familia a base de individualismo en donde cada uno ve su dispositivo; cada uno cena a su ritmo y en un lugar pequeño apenas hay roce aunque aparentemente todos vivan juntos.

«Del roce nace el cariño y de la distancia, el olvido», dice un refrán español. Algo estamos haciendo mal necesariamente. La soledad civil es débil y está crispada y no hay proyectos planeados para hacer todos juntos. Hasta un 12,7% de los jóvenes tienen problemas para relacionarse con sus iguales; no hablemos si además tienen discapacidad visual o física; hasta un 20,8% de los encuestados notan esa misma soledad por el abandono de los que fueron familiares, parientes o amigos cercanos.

No hay compromiso, no hay apoyo, solamente soledad.

Luego nos preguntamos por qué han subido las cifras de suicidio en adolescentes. Miremos dentro; quizá con un simple gesto todo se pueda resolver. Mientras exista ese abandono y ese silencio en compañía, las cifras serán más altas, la población envejecerá sin afectos y los jóvenes crecerán sin saber qué es sentirse querido.

El precio del yoismo está claro: queda poco para que no tenga solución. Amemos, es así de fácil.

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