El suicidio siempre nos alarma, pero cuando hablamos de suicidio en la adolescencia la cosa cambia de color. Éste tiene un origen multifactorial y realmente es una causa prevenible si se busca ayuda y esa conducta autolítica se aborta,

Desde la tentativa de suicidio hasta la decisión firme de acabar con la vida, las cifras no paran de decir la verdad; un aumento imparable y sobre todo, impredecible. Las redes sociales y el móvil están contribuyendo a exponer qué está pasando en la vida de ese menor que opta por cerrar la puerta a la vida.

Pensemos que a lo largo de la pandemia, esos chicos y chicas no tuvieron asideros durante mucho tiempo y hoy, la demanda se desborda y los recursos resultan insuficientes. Cuerpos perfectos; conductas maravillosas; pornografía; mucha imagen irreal en un mundo totalmente artificial genera un daño importante en la salud mental de los jóvenes.

Para revertir estas cifras dantescas los profesionales exigen que los pacientes puedan acceder a una detección temprana del problema; atender los protocolos de salud mental debidos y ajustarse a programas de salud emocional y prevención del acoso escolar fomentando la inteligencia emocional.

Por otro lado, es importante disponer de una atención psicológica o psiquiátrica para poder determinar el cuadro al que se enfrenta el menor y por último aumentar los recursos humanos especializados. Que hoy existan seis psicólogos en el Sistema Nacional de Salud (SNS) por cada cien. mil habitantes es muy poco.

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