Entre el mucho lirili y el poco lerele, España despacha septiembre para mayor gloria de los que manejan los hilos de la barca hablando de las cosas importantes como son las que le suceden a Tamara, la pija. ¿Qué fue de Remedios Amaya —la de Eurovisión—, por cierto?

Entretanto, se nos acumulan los salseos y parece que algo que es importante, pasa a segundo plano porque aparece algo más conmovedor aún. Han muerto personas que en días con menos trajín hubieran sido portada, pero no, hoy todo lo copa el tamarazo de «Tamara, la pija».

No sabemos si entre el «guasa-guasa» y el «guli-guli» todo está orquestado por la china de las baldosas —que es más lista que otro poco—, porque triste, triste, no se la ve a la muchacha. El perla —que ni empresario ni mandangas— es un tieso llamado a sí mismo «Relaciones Públicas» —que es tanto como decir que te tienes que coger cogorzas con tal de llenar el local— que ha ido a dar el braguetazo, porque no creo que departiera con Vargas Llosa acerca de su último libro.

Si bien es cierto que, a la vez, estamos en un sinvivir con el trailer del ahí-te-quedas de la moza veinteañera a Risto, se nos han solapado las historias relativas a las cosas del querer; esas que cantaba Ángela Molina en aquella cinta maravillosa. Así que Laurita —la Escanes— el dinero va p’a «Tamara, la pija», que es la que quiere España junto a la Ayuso. Has calculado mal dejar al borde.

Imagen @ElComercio

Entre el publicista con gafas de sol y la nena —que sí, que todo es guay—, mucho amor #todoelrato, aparte del tiktok ¿de qué hablábais durante siete años?. Según Laura, a la tal Roma —la churumbela que han traído a este mundo— la cuidaba ella. Porque eso de levantarse a las tres de la mañana a poner el chupete con la quinta década en el lomo se nos hace cuesta arriba y las protusiones se notan, oye.

Pero volvamos al «tamarazo». Ese sí que nos hace ver qué importa en esta España de charanga y pandereta. Ahora mismo paramos a cualquiera que pase por la calle y quizá no sabe dónde está Cuenca pero dile que te narre de quién es hija la señá marquesa. Para eso tenemos un culturón que marea, como Babilonio. Porque a todo esto, con sus cuarenta añazos es «hija de» y no se la conoce actividad alguna salvo MasterChef que la coronó como cocinera porque eso de chef suena demasiado cool. Ahora se refugiará en «El Rincón», la finca del finado, tras grabar la docuserie de Netflix hablando de sus intimidades y con Onieva de prota; planazo, oye.

Dicho lo cual, la España a la que me refería, está en un sinvivir mientras la ya talludita señora se embolsa —vaya usted a saber qué cuantía— por contar en las televisiones sus miserias, unos cuernos más narrados que otro poco —-parecidos a los que ponía su madre—, y la poca vergüenza que tiene el vividor que pretendía vivir de los baldosines de Isabel.

Al final no importa la inflación ni la subida de la cesta de la compra. Aquí lo que nos mola es encontrarnos con una persona como usted y como yo, que a la sazón, es marquesa y le pasa eso tan familiar que es irte con otro/otra/otre. ¡Pronúnciate Irene, que solo nos faltas tú!

Titulares, aperturas de diarios serios e incluso telediarios le han dedicado algo más que una información, porque como sabrán:

«Los cuernos duelen al salir pero luego ayudan a comer» dice el refranero popular.

Se nos han quedado en medio las elecciones italianas y la Meloni; la vuelta del Berlusconi con su bótox; la guerra de Putin y sus nuevas amenazas; el pedazo de viaje de los señores de Sánchez a los «estates-unides» y su consiguiente regalazo; los paseos de Yolanda entre las mariscadoras y las leches de María León a la policía nacional —un mal día lo tiene cualquiera—.

Finalmente tras rezar tres padresnuestros, la doña se ha ido a México lindo para poner el charco de por medio y así cuando vuelva seguirá llenando la buchaca en los platós del salseo patrio. No sin antes vender una que otra exclusiva al ¡Hola! de su mamá y dar el «KO» como abre ABC al chaval.

¡Que no somos monos!

eso es lo único que nos queda claro de todo este sarao.

ABC ©

Aquí el que no corre, vuela. Lo que no sabe el tal Íñigo Onieva es la pasta que va a ganar hablando de la china, los diecisiete cuartos de baño y lo que se cuece en Villa Meona. Eso sí que le va a alejar de poner copas. Que se lo digan a Rocío Carrasco que ya no sabe qué inventar de «La más grande», del guardia civil y de los docudramas con sus niños. «Como una ola» nos ha dejao el sembrao…y dale Perico al torno con sus penas.

Ahora a ver qué hacemos con el anillaco que exhibió tiempo ha, veo que va a subir de precio como las naranjas de Día.

Voy a ver si me compro el vestido fucsia de Mango de «Tamara, la pija» —como dice La Vanguardia— más querida en España que Lola Flores, no vaya a ser que me quede sin él. En tiempos había un anuncio de los caramelos Praims que nos hacía sonreír: ¡qué cosas tiene mi novio!.

Pues eso, va por ti, chavalote:

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