Muchos lo etiquetan y hablan de él; especialmente hoy 13, su día Mundial. ¿Pero qué es realmente el TDAH? ¿Sabría reconocer sus síntomas y consecuencias?

La afección del TDAH contempla una combinación de problemas persistentes en los niños que lo manifiestan: desde hiperactividad y dificultad para mantener la atención, hasta un comportamiento impulsivo o un bajo rendimiento escolar. Con motivo del Día Internacional del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad, hoy, 13 de julio, abordemos un trastorno que ha escrito su propio capítulo en la historia de la medicina y la discapacidad.

¿Qué es el TDAH?

Crónica, aunque no progresiva ni genética, el TDAH es una afección que millones de personas presentan, desde la infancia aunque a veces se detecta en la edad adulta. Y es que si bien los síntomas suelen ir disminuyendo conforme uno va creciendo, no son pocos quienes nunca terminan de superarlo, viéndose obligados a aprender diversas estrategias con las que lograr exitosamente el mismo efecto.

Las causas exactas del TDAH aún son muy difusas. No obstante, el consenso de las investigaciones se inclina más a pensar que la genética, el medio ambiente y ciertos problemas que se dan en el sistema nervioso central en los momentos más claves del desarrollo de un niño constituyen los factores que más influyen en la aparición y evolución de este trastorno.

Señalan, asimismo, otra tanda de factores de riesgo que inclinan la balanza hacia el platillo del sí a la hora de desarrollar o no el TDAH. Hablamos de padres o hermanos u otros familiares consanguíneos que presentan alguna perturbación de salud mental o comparten el mismo trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

El nacimiento prematuro, el consumo de drogas, alcohol o tabaquismo durante el embarazo, e incluso la exposición al plomo y toxinas ambientales de talla similar que muchas veces se encuentran en pinturas y viejas tuberías pueden provocarlo.

Por ello los médicos suelen recomendarle a la madre que evite cualquier cuestión que pueda dañar el desarrollo fetal, como fumar o drogarse o beber alcohol, a fin de ayudar a reducir el riesgo de que el bebé padezca TDAH.

Un consejo que también se expande a una protección contra la exposición a contaminantes y toxinas, y la limitación del tiempo frente a las pantallas de televisores y videojuegos y ordenadores y dispositivos similares, ya que evitar una excesiva exposición a estos juegos durante los primeros cinco años de vida puede resultar beneficioso —aun cuando esta idea aún no ha sido evidenciada científicamente—.

Se trata de un trastorno que, de igual modo, ocurre más frecuentemente en los hombres que en las mujeres, con comportamientos que varían según la persona, aunque más habitualmente según el sexo.

Los niños con TDAH tienden a ser más hiperactivos, mientras que las niñas se muestran menos atentas.

Cabe aclarar, ahora bien, que los especialistas catalogan a esta enfermedad en tres subtipos en total: conducta hiperactiva o impulsiva predominante, falta de atención predominante, y un combinado de ambas. Consultar con el médico de familia o el pediatra ayudará no solo a determinar si un niño sufre de TDAH o no, sino también a clasificar su tipo, si es que efectivamente lo padece.

Será el médico quien derive al pequeño a la atención clínica del especialista oportuno, prescribiendo visitas al psiquiatra, a un neurólogo pediátrico o un pediatra del desarrollo y el comportamiento, ya que son los profesionales mejor capacitados para realizar una evaluación médica con la que confirmar el diagnóstico o detectar otras posibles causas que expliquen las dificultades del pequeño.

¿Qué supone tener TDAH?

Popularmente se cree que el consumo de azúcar provoca hiperactividad; pero, a decir verdad, no hay pruebas confiables que confirmen esta sospecha; tampoco hay que olvidar que hay una larga lista de problemas sufridos en la niñez que motivan la aparición de dificultades para mantener la atención, algo que muchos confunden con TDAH y que en el fondo no tiene nada que ver.

Por otra parte, este trastorno plantea varias complicaciones a los niños que la sufren, haciéndoles más propensos a tener conflictos para interactuar con adultos y otros niños de su edad. Por ejemplo, encuentran dificultades para ser aceptados; tampoco ayuda a su estigma el hecho de que muy a menudo suelen meterse en peleas en la escuela, lo que poco a poco conduce al fracaso académico y al juicio de otros niños, por no hablar de que se ganan una mala imagen.

La opinión profesional advierte que los pequeños con TDAH tienden a tener baja autoestima, pueden autolesionarse más veces incluso que los niños que no sufren el trastorno y experimentan accidentes de todo tipo.

Igualmente, los jóvenes con TDAH tienen un mayor riesgo de inclinarse hacia el abuso de alcohol y drogas, incluidas también otras conductas delictivas.

Si bien es cierto que este trastorno no causa más problemas psicológicos o de desarrollo de los que le atañen, los niños que conviven con ello se ven obligados a coexistir con otras afecciones, véase algunos otros problemas, a saber: aprendizaje, escritura, lectura, comprensión y comunicación.

Asimismo, es habitual que otros presenten algún trastornos por abuso de sustancias, un trastorno de conducta en forma de comportamiento antisocial; o un patrón negativo de trastorno de oposición desafiante a la autoridad; o un trastorno de desregulación disruptiva del estado de ánimo, con problemas para tolerar la frustración.

A la lista se suma el TEA o trastorno del espectro autista, los trastornos de ansiedad, los trastornos del estado de ánimo, e incluso una convivencia con el síndrome de Tourette, cuyos habituales tics involucran sonidos no deseados o movimientos repetitivos que cuestan bastante controlar.

¿Cuáles son las principales características del TDAH?

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad tiene unos síntomas que comienzan a manifestarse antes de los 12 años, aunque no son pocos los niños que empiezan a dar señales de tenerlo cuando apenas cuentan con 3 primaveras, aproximadamente. Son síntomas que en algunos son leves y en otros moderados e incluso graves, y que en cualquier caso continúan vigentes al alcanzar la edad adulta.

El comportamiento hiperactivo-impulsivo y la falta de atención encabezan la enumeración de los síntomas más referentes del TDAH, seguidos de una dificultad para prestar atención minuciosa, lo que lo conduce a una falta de atención a los detalles y a cometer errores por descuido, normalmente en los trabajos escolares.

De hecho, los niños con falta de atención parecen no escuchar, aun cuando se les habla directamente, y les cuesta permanecer concentrado en tareas o juegos, mostrando claras dificultades para seguir instrucciones y terminar las tareas. Asimismo, presenta problemas para organizar sus tareas o actividades, lo que a su vez le empuja a evitar esas actividades que requieren un esfuerzo mental de concentración, ya que les disgustan, por la dificultad extra que entrañan.

De igual forma, los expertos afirman que los niños con TDAH de falta de atención pierden los elementos necesarios para realizar sus actividades o trabajos escolares, se distraen con facilidad, y hasta olvidan realizar sus tareas diarias.

En cambio, quienes tienen un subtipo de la hiperactividad e impulsividad manifiestan un patrón sintomatológico levemente diferente que incluye dificultad para mantenerse quieto en un mismo sitio, además de una inquietud que les empuja a retorcerse en la silla o a dar golpecitos con manos o pies.

Amén, cómo no, de hablar demasiado, estar en constante movimiento incluso en situaciones no apropiadas, responder apresuradamente o interrumpir los juegos o a quien le hace preguntas, mostrarse inquietos para esperar su turno, entrometerse en los juegos de otros o les cuesta seguir las actividades y juegos más tranquilos.

Cabe señalar, por último, que una simple falta de atención no responde al TDAH. De hecho, el comportamiento típico de desarrollo de la mayoría de los niños es que no presten atención o que sean algo hiperactivos o impulsivos en un momento u otro del día, con periodos de atención cortos y actividades que se niegan a seguir durante mucho tiempo. Esta es una conducta absolutamente normal, tenga uno TDAH o no, y es algo que también se ve reflejado en jóvenes y adolescentes que muestran un nivel de atención parejo al interés que tengan en el tema.

Una tendencia normalizada que se repite con la hiperactividad, siendo que los niños son muy activos por norma general, tan llenos de energía que drenan a sus adultos mientras ellos siguen aún con ganas de más.

El trastorno por déficit de atención e hiperactividad va más allá de todo eso, así que no, nunca debe decirse que un pequeño lo tiene solo porque es más revoltoso o inquieto o activo que el resto de los niños de su entorno.

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