Aferrada al empeño de hacer que su vida sea una sucesión de secuencias de películas clásicas, borda con esmero, cariño y gratitud cada fotograma mientras se espolea sin reservas, espera un abrazo sincero y sobrelleva monsergas, burocracias y eufemismos malgastando la paciencia y las sonrisas que debería usar brindando con amigos ausentes y amores pendientes.

No se deja arredrar y no se concede un paso atrás. Se planta cara y no se deja autoengañar. Se llama Sandra Marchena Rejas y se vuelca en su espectáculo para darse a conocer a sí misma y mientras, de paso, al público encandilado y absorto que la rodea.

Ha escuchado todas las voces y se ha enamorado de todas las sinceridades, por eso tiene dudas de todas las sombras y todas las causas para ser rebelde. Las desilusiones le han vuelto alerta; los anhelos, infatigable y las decepciones, melancólica; pero se da por no enterada para poder narrarse con un humor descarnado, sereno y una pizca triste.

Y, así, recluta a bordo a Ángela Baturone y Álvaro Quintana para que, leales, derramen sobriedad, eficacia y versatilidad, que le sirvan de sostén, apoyo y compañía, para contar y contarse arropada, mientras saca flashback a flashback del baúl de los recuerdos (tururú)  para desmenuzarlos con el bisturí del ingenio, y despojarles de todo lo que les sobraba de impostura y vanidad, de equivoco y malentendido, de tópico y de típico, de bilis y de pus y dejarlos ,así, con todo lo que tuvieron (y permanece) de candor, verdad e ingenuidad.

Y mientras, con la insolencia de una cuarta Hermana Marx, con los rayos x de las gafas de Woody Allen, con la elasticidad de un dibujo animado, con el descaro de quien nada tiene que perder, con el aplomo de quien le sobran las vivencias de todos los colores, con la determinación de quien sabe que hasta aquí ha llegado, Sandra Marchena, comedianta de raza y de ley, no deja de embaucar al público para participe en su strip tease emocional, tan íntimo, tan sencillo, tan honrado y tan difícil de llevar a cabo que solo queda al alcance de quien sabe que siguiendo los vericuetos se llega antes que siguiendo el camino de baldosas amarillas, de quien   es capaz, en fín, de haber conseguido mirarse al espejo y no volver la cara; de alguien como Sandra.

Teatros Luchana (Madrid). Todos los domingos a las 20 horas             

Ficha artística

Texto y dirección: Sandra Marchena Rejas
Reparto: Ángela Baturone, Álvaro Quintana y Sandra Marchena

Diseño gráfico y video montaje : Ismael Ceballos Vivas

Diseño de luces y sonido Néstor López 

Diseño escénico : Sandra Marchena Rejas

Diseño de vestuario : Cesca Marchena

Una producción de Evoca Entertainment S.L y Producciones Estupendas  

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