En la última revuelta del camino, en el último escalón de la bajada, en la contraventana final del laberinto, una mujer se acecha a sí misma y no se consiente dar el paso determinante. No quiere. Quiere quedarse ahí donde se aloja su dolor, donde se remueve su pasado, donde puede quedarse esperando a que le digan —como en una canción de Cat Stevens— dónde juegan los niños.

Esa mujer no tiene más nombre que Ella y la habita, hasta en su última molécula, Antonio Paso, quien se apodera de todas y cada una de las palabras —las que se dicen y las que no— del valiente, nada complaciente y conmovedor texto de Dennis Kelly sobre una mujer destruida por un hombre que la creyó suya.

Paso derrama toda su intensidad, poder y sentir, guiada por Lucía Miranda, que la pinta —con sobriedad blanca— con todo el poder de su palabra y su gestos desnudos mientras a su alrededor suenan —palpables, físicas, sobrecogedoras— las pisadas y las miradas de los inocentes que ya no están y permanecen, de los niños perdidos que no se van y se quedan. En este cuarto y en el de al lado. Y nunca se irán, nunca se irán.

Teatro Quique San Francisco (Madrid), hasta el 12 de junio. De miércoles a domingos a las 19.30 horas

Ficha artística

Reparto: Antonia Paso

Dramaturgia: Dennis Kelly
Dirección: Lucía Miranda

Escenografía: Anna Tusell
Vestuario: Adolfo Domínguez
Iluminación: Pedro Yagüe
Sonido: Irene Maquieira
Diseño Cartel: Paula Bonet
Fotografía: Alejandra Duarte
Producción ejecutiva: Javier Ortiz
Producción: El Sol de York

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