Teatro: «El pato salvaje» de Carlos Aladro

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En un momento dado de esta extraordinaria función se reflexiona sobre la labor ingente de Henrik Ibsen intentando ofrecer —a esta sociedad mercantil, atea y egoísta— dar palabras que la expliquen y la contengan. 

Y es que esa sociedad del primer mundo —cruel, hipócrita y caprichosa— para la que escribió el genio noruego no ha hecho otra cosa que crecer y sus grietas convertir se en señas de identidad. Tanto es así que bien puede argüirse que buena parte de la dramaturgia contemporánea no deja de ser, en buena medida, reelaboraciones de la obra de Ibsen.

Y así lo ve Carlos Aladro que ha puesto en manos y el talento de Pablo Rosal el entallamiento, ajuste y puesta al día de la pieza para dejarla como recién escrita en el siglo XXI para dirigirla como si fuera un espejo —tan poderoso, tan cautivador—  en el que para verla no queda más remedio que mirarse.

Aladro y Rosal han respetado (e incluso fortalecido para resignificarlas) las reglas argumentales del melodrama que fijó Ibsen como cauce para contar lo que realmente le interesaba: la relación de los humanos con la realidad para hacer —de esto que damos en llamar existencia—  algo medianamente digno de ser aceptado.

Además, han añadido, junto a una saludable y nada pomposa ironía , todo tipo de distanciamientos brechtianos y acercamientos bertoldianos, una cuarta pared fulminada hasta hacerse añicos y una desbordante humanidad que irradia un espléndido y entregado reparto ( Juan Ceacero, Pilar Gómez,Nora Hernández, Ricardo Joven, Javier Lara, Jesús Noguero Eva Rufo) una bandada en la que es tan innecesario como imposible hacer distinciones y que retrata —con convicción , complicidad, naturalidad e intensidad— a los miembros de dos familias entrelazadas por deudas y prejuicios, por debilidades y silencios, por necesidades y anhelos.  

Y es a lo largo de esta insondable, densa, simbólica y, sin embargo, limpia y diáfana  función donde se busca —más allá de grandes principios y valores, siempre tóxicos y egocéntricos—  una razón, una finalidad para vivir: esa que se envuelve en mentiras y cuentos, en invenciones y maravillas, en susurros y parpadeos, mientras se acuerda un pacto con los demás y con uno mismo que permita habitar una realidad imaginada ( que no imaginaria) en la infancia que se guarda en lo más lejano dulce de un desván donde grazna un pato.

Teatro de La Abadía. De martes a viernes a las 19: 30 horas. Domingos a las 19 horas. 

Ficha artística

Reparto

Hjalmar Ekdal: Juan Ceacero
Berta: Pilar Gómez
Hedvig Ekdal: Nora Hernández
Capitán Ekdal: Ricardo Joven
Gregers Werle: Javier Lara
Dr. Relling / Sr. Werle: Jesús Noguero
Gina: Eva Rufo

Dirección: Carlos Aladro
Versión: Pablo Rosal
A partir de la traducción de Cristina Gómez-Baggethun
Ayudante de dirección: Paula Castellano
Espacio escénico: Eduardo Moreno
Vestuario: Almudena Bautista
Iluminación: Pau Fullana
Espacio sonoro: JUMI
Imagen de cartel: Miguel Vallinas (de la serie ‘Segundas pieles’)
Fotos en escena y de ensayo: Eva Rufo
Fotos del espectáculo: Luz Soria
Realización escenografía: Scnik Móvil S.A.

Una producción del Teatro de La Abadía

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