No, no lleva una mochila sobre los hombros como tú y como yo pero lleva una maleta a cuestas (daría lo que fuese por echarle un vistazo) que nunca se molesta en abrir y que hace las veces de amuleto o acompañante.

No, este no es un tipo cualquiera o sí, si sí lo es. Es un tipo cualquiera y eso es lo que le hace extraordinario. Es un santo y es un inocente que camina entre Charles Chaplin y el vecino del quinto y parece que se ha escapado de un circo al que no tiene prisa por volver.

Habita ese mundo cuyo Dios Creador fue Ramón Gómez de la Serna invocando greguerías mientras bebía café y miraba la otra cara de la luna; de hecho, “Encerrona” es una larga, formidable y radiante greguería en la que las cosas hablan, viven, se revelan y rebelan ( si, con v y con b, también) para hacer tangible lo imposible.

Y por ese planeta al alcance de la mano deambula Pepe Viyuela— mientras Elena Rodríguez le fija el rumbo— convertido en un dibujo animado —elástico e imposible— para impugnar las leyes físicas como un incongruente e intentar encontrar esa lógica inverosímil que solo ve preclara el hombre perdido de sí mismo.

Poseído por el espíritu del celestial Harpo Marx, Viyuela —borracho de candor e ingenuidad— se enfrenta —en una realidad sin dudas y con dadás— a un molino de viento tras otros; gigantes que se encarnan en una escalera con azogue, una guitarra insolente, una silla de tijera rabiosa y su propio (y traicionero) traje. 

Y de todas las gestas sale Viyuela vencedor, como un Goofy tronante, como un Buster glorioso, para recibir, radiante y sudoroso, el largo y cerrado aplauso de un público agradecido, perplejo y encantado de la vida que es la única manera de danzar por ella.   

Teatro del Barrio, (Madrid). Lunes 26 de septiembre

Ficha artística

Dirección: Elena González
Interpretación: Pepe Viyuela

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