Teatro: «Lluvia de Ángeles» de Santiago Serrano dirigida por Imán Velasco

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Siempre quise saber dónde habían ido a parar las adorables y candorosas tías del gran Mortimer Brewster (aquel tipo impecable y atolondrado que se empeñaba en hacerse llamar Cary Grant) una vez brotaba el «The End» en la pantalla.

Y resulta que, tanto tiempo después, las he encontrado; resulta que ahora viven —tan encantadoras y dulcísimas como siempre en un pequeño parque— a este lado de Beckett a la vuelta de Ionesco, espolvoreado con hojas de otoño y acosado por moles de hormigón.

Y resulta que, tanto tiempo después, se dedican a observar con pasión de entomólogas y fervor de devotas la caída de aquellas personas que dicen “basta ya” en un susurro.

Las tías de Brewster se hacen llamar ahora Imán Velasco y Natalia Fisac y aparecen en escena como dos duendes locuaces, vivarachos e hilarantes; dos duendes que no saben si hay un mañana pero saben a ciencia cierta que hay un presente que se empeñan en apurar mientras dan vida, encandiladas, al macabro y emotivo texto de Santiago Serrano que usa la sonrisa para hurgar en las carencias, anhelos y necesidades que van pudriendo a quienes escogen decir adiós.

Con exquisitez y contención Velasco y Fisac. Fisac y Velasco, manejan la función con enorme compasión y ningún arsénico llevando (y llegando) a la reflexión a través de la (aparente) liviandad, a la empatía mediante la despreocupación y a introspección usando el bullicio mientras les acompaña la espuma de los muertos, las muertas y otras fantasmagorías.

Bajo la batuta de Imán y Velasco, Fisac y la propia Velasco, Velasco y Fisac, se convierten . la una de la otra y la otra de la una, en la Dra. Livingstone y su Supongo; en dos fabulosas damas —requetefinas y medio chifladas, casi divinas y disparatadas— que se realimentan y espolean para ir al paso, al trote y al galope hasta llegar al Árbol de la Ciencia del Bien y el Mal, morder la manzana y escupirla porque no sabe a nada.

Y, mientras mantienen diálogos imposibles sobre lo posible de lo imposible empeñadas en vivir antes de la muerte hasta explotar cantando convirtiéndose en Celia y Cruz, en Mick y en Jagger, en Azúcar y en Moreno y se vuelcan, arrolladoras y conmovedoras, sobre el público que queda, claro, arrollado y, conmovido y, además, agradecido y correando de gotas de lluvia angelical.

Con razón Mortimer Brewster (aquel que se hacía llamar Cary Grant) quedó fascinado por ellas. 

Yo también y no se me ocurre quien, después de conocerlas, no pueda estarlo.

Teatro La Encina (Madrid): viernes de septiembre a las 20 horas. Sábados de octubre a las 21 horas 

Ficha artística

Compañía: Sin Telón

Dirección: Imán Velasco

Interpretes . Natalia Fisac e Imán Velasco

Autor//adaptador: Santiago Serrano

Coloquio 

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