A poco que nos fijemos, a poco que abramos esos ojos que, férreamente mantenemos cerrados como platos, no tardaremos en darnos cuenta que Eli y Nicolás somos nosotros, nosotros dos. Tú y yo.

Si, ya se siempre que hemos hecho todo lo posible —con un cierto éxito, todo hay que decirlo— por reconocerlo, por no reconocernos. 

En la oficina, en la calle, en el parque, en el circo, en tu casa o en la mía nunca nos han gustado los espejos. Y ahora no nos queda otra. Tú y yo; ése y ésa; aquél y aquélla, somos Malena Alterio y David Lorente y, como ellos, vivimos encerrados con un solo juguete, y, como ellos, no queremos saber que ya no podemos más, y, como ellos, no queremos preguntarnos ¿ahora qué?

Ellos dos, Nicolás y Eli (que así nos llamamos en esta ¿ficción?), sin embargo, tienen suerte Matías del Federico y Daniel Veronese han escrito con precisión de cirujano, lucidez de visionario y mirada de rayos X su vida ( la nuestra) y les han tomado el pulso, marcado el paso y afilado el pulso.

Y cuentan su historia que, queda dicho, es la nuestra y las de quienes abarrotan la platea mirando fascinados el hipnótico paso a-dos de Alterio y Lorente con ese extraño morbo y fascinación de sentirse (de saberse) reconocidos en  esta pareja que vive, que existe, que se construye, a expensas de la aprobación de los rituales sociales, los modelos estandarizados, y los uniformes de gala.

Y, como en Alterio y Lorente, en ti, en mí y en ellos, crepita una suave, dulce y contenida desesperación que viene y proviene de saber que somos menos que nada, como decía la canción, nada de ti, nada de mí, nada de nada.  

Y, poco a poco, con cada paso de baile de Malena y David, la imagen, la careta, el yo que usamos para protegernos se desmenuza y las jerarquías que habíamos acatado, los valores que habíamos ensalzado se deshacen y las códigos con los que tan alegremente habíamos jugueteado se deshacen y las palabras, todos esos miles de palabras que creíamos de nuestra propiedad ya no valen nada, son solo inocuos golpes de voz y sonidos inconsecuentes.

Y, así, sin ejemplo, sin su modelo, sin su aprobación. Sin su terrón de azúcar o palmada condescendiente nos vemos – como ángeles sin alas, como santos inocentes –  desamparados y desorientados, condenados a ser invisibles e ignorados, como perros sin collar, como vacas sin cencerro, como siervos sin amo. 

 Naves del Español en Matadero. Sala Max Aub. Hasta el 16 de junio. De martes a domingo. Horario especial San Isidro: 11, 12, 14 y 15 de mayo a las 18 horas. Del 16 de mayo al 16 de junio a las 19:30 horas

Ficha artística

De Matías del Federico y Daniel Veronese

Dirección Daniel Veronese

Con Malena Alterio y David Lorente

Diseño de iluminación Pedro Yagüe

Diseño de espacio escénico Elisa Sanz

Diseño de vestuario TallerEs

Dirección de producción (Producciones Off) Ana Guarnizo

Producción ejecutiva (Producciones Off) Mónica Regueiro

Una producción de Teatro Español, ProduccionesOff y Vania

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