Cabe imaginar un triángulo que, en uno de sus vértices, tuviera a Beckett pergeñando sus preguntas existenciales a la Nada; en otro, se asentara Valle Inclán delirando atávicos patetismos hispánicos y, por último, en el vértice restante, estuviera Pirandello dando cuerda a unos personajes que anhelan ser títeres.

Cabe, también, imaginar que esos tres vértices confluyen en un centro donde aparece Raúl Cortés para cocinar una sopa de ganso con aroma a Berlanga y que, reveladoramente, la bautizase como “Solo puede caer” en la que se narra —con brillantez y vértigo— eso que pasó, pasar y seguirá pasando por debajo del brilli – brilli , de la caspa y del oropel que supura esta España tuya, esta España mía y esta España nuestra.

Raúl Cortés mueve la manivela de un tiovivo multicolor al que se suben unos poderosos y desbordantes Sara Velasco, Pablo Rodríguez y Cristina Mateos para, como títeres de cachiporra en llamas, encarnar a los españolitos/as que se acercan a pulular por los alrededores del poder. 

Y son españolitos/as como usted y como yo, de los que sustituyen el pensamiento por la frase hecha, de los que prefieren el refrán al silogismo, de los que se les va la fuerza por la boca, de los que no acaban de tirar la piedra, pero si esconden, por lo que pudiera pasar, la mano.

Son españolitos/as de los que arreglan el mundo en reboticas, en la cola del colmado y en las barras de bar, de los que profieren ininteligibles medias palabras —que saben a faria y a sol y sombra— con un palillo en la boca, son damas e hidalgos que no pueden caer más alto mientras guardan las sacrosantas apariencias y suspiran maledicencias que chorrean flato, retranca y malestar.

Y, así, Velasco, Rodríguez y Mateos, temerosos y criticones, dan vuelta tras vuelta al ruedo sin perder el paso procesional, ampuloso y reverente, que les marca Raúl Cortés hasta llegar al palco presidencial desde donde —como reliquias incorruptas, como prebendas sagradas— les llueven una peineta, un hisopo y una banderilla.

Son apenas unas migajas de poder pero les intoxican y aturden y se vuelven mezquinos y desconfiados, envidiosos y fantoches, burócratas y figurones, que se acochinan en chiqueros, serviles y lacayos, ante la aparición del Amo que les (y nos) maneja, a cambio de un carguito de nada, desde mucho antes de que se pusiera el sol por Antequera, de que existieran las picas en Flandes y de que ésta no fuera la tierra de las flores, los fandanguillos y la alegría.

Teatro de La Abadía, hasta el 10 de marzo. De martes a domingos a las 20 joras

Ficha artística

Reparto Sara Velasco , Pablo Rodríguez y Cristina Mateos

Texto Raúl Cortés

Dirección Raúl Cortés

Reparto Cristina Mateos, Pablo Rodríguez y Sara Velasco

Asistencia de dirección: Cristina Mateos
Escenografía: Paco Chía | Raúl Palacios | Gabriela Albanese
Iluminación: Carmen Mori
Vestuario: Ángeles Varó Vestuario Escénico
Vídeo, fotografía y cartelería: David Blanco y Patricio Hidalgo

Producción La Periférica compañía de cómicos

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