Cuando, como dice la canción, se tiene “el cuerpo roto y las esperanzas muertas” … ¿Qué queda en una pareja? ¿Que queda cunado el reloj si marca, segundo a segundo, las horas?

Queda una complicidad perversa, un mutuo abuso adictivo, una conexión corrupta, una afinidad malvada.

 Julián Teurlais ha tenido que bucear hasta muy adentro (y despojarse de trabas, pudores y miramientos) para escribir este texto desgarrador y sincero sobre una pareja que se va pudriendo lentamente a lo largo de un enfrentamiento constante e implacable.

El propio Terlauis hace el papel de marido con dolorosa y catárquica intensidad no inferior a la de Silvia Hernández y juntos entablan un combate psicológico y verbal —arbitrado con inteligencia por Coan Gómez— en el que invocan demonios y frustraciones, desprecios e insectos, aspiraciones e insultos. 

Con asombrosa frialdad ninguno de los combatientes renuncia, ninguno quiere romper la pareja, atados por un odio que les une y les fortalece, permanecen en pie, realimentados por su tedio y sus desprecios, por su asco y sus miserias, por su desdén y su hastío.

Y se miran y se entienden, grotescos y formidables, poderosos y despreciables, repugnantes e invencibles como solo lo están quienes son conscientes de renunciar al Cielo para ir al Infierno, siempre que vayan juntos —hechizados, miserables y abrazados— fatal e inevitablemente.

Por los siglos de los siglos , amén.

 Sala Plot Point, sábados a las 21 horas

Ficha artística:

Intérpretes: Silvia Hernández y Julián Teurlais.

Texto Julián Teurlais

Dirección: Coan Gómez.

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