Un, dos, tres y cuatro, como los famosos mosqueperros, salen a escena Virginia Muñoz, Pablo Puyol, Noemí Ruiz y Miguel Ángel Martín, dispuestos a coger chispas del aire y crear sus propias bengalas que les van a servir para iluminar un ceremonial, que, a la vez, es un duelo, que, además, paradójica y consecuentemente, va a celebrar la vida a base de exhibir y hasta ostentar las ganas (muchas, muchas) de vivir. 

Para ello, para ellos, Álvaro Carrero convierte el escenario en el patio del recreo que, al tiempo, es el patio de su casa que, de ninguna manera, es particular y, por mucho que llueva no se piensan mojar mientras tengan toneladas de palabras con las que enredar y perder el respeto a esa melancolía y a ese absurdo que enrarece el aire y que, a poco que se descuiden, se enquista y pudre.

Y para ello, para ellos, Carrero les ofrece palabras – en ristra y en manada, en caudal y en aluvión, en cascada y en arroyo –, para que las intercambien y las desmantelen, para que, usándolas de cartuchos de fogueo, jueguen y disparen.

Y, así, un, dos, tres y cuatro, como los famosos mosqueperros, Virginia Muñoz, Pablo Puyol, Noemí Ruiz y Miguel Ángel Martín se ponen a hablar mil lenguas como si celebrasen un pentecostés verbenero y, así se vuelven y revuelven desatinados y estupendos, se ponen de lado y se ponen de frente, se hacen imprevisibles y desnortados.

Joviales e irredentos, hacen un juego de palabras, alteran una oración o destilan un par de gestos, para hacer de cada disparate una candela, para reventar una convención o averiguar un significado impensado e impensable.

Y las palabras se vuelven, se van volviendo, charco y susurro, chapoteo y sudoku, trabalenguas y caricatura, chicle y golosina, pregunta sin respuesta, respuesta sin pregunta.

Y no paran, no quieren parar; los cuatro, Muñoz, Puyol, Ruiz y Martín, festivos e hilarantes, se estiran y se descoyuntan, elásticos como dibujos animadosque obedecen a una lógica marxianapara llevar a cabo su gran chiquillada;son, al fin y al cabo, cuatro trumans haciendo su show y sintonizados en una frecuencia cómplice y exclusiva.

Y si, es verdad, son macedonios y onomatopéyicos, guturales y desmedidos, cronopios y greguería, pero son, también, capaces de elucubrar a partir de un cepillo de dientes, un bocata de migas o una epilepsia vudú y mientras, como quien no quiere la cosa y sin que nadie les vea, pintan corazones de tiza en la pared, porque en esta función todo pasa y todo sigue pasando, y todo queda y todo sigue quedando.

Al fín y cabo, es una función de tigres (tigres), leones (leones) y son todos unos campeones, capaces de descubrir, mostrar y reir, sin dejar lugar a dudas, algo que siempre supieron Los Beatles (curiosamente, también eran, siempre serán, cuatro) : que todos los días sale el sol, chipirón. 

Todos los días sale el sol.  

Teatro Muñoz Seca (Madrid), jueves y viernes a las 20 horas; sábados a las 20 y 22 horas y domingos a las 18 horas

Ficha artística

RepartoVirginia Muñoz, Pablo Puyol, Noemí Ruiz y Miguel Ángel Martín. 

Autor y director Alberto Carrero.

Produce La Cochera S.L.

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