Teatro «Vania x Vania» de Pablo Remón

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¿Cuántos Vania hay en Vania?

¿Cuánto y que cabe en una obra clásica?

¿Cuándo se agota, si es que tiene fín, Chejov?

¿Hacemos hueco, en el medio de Madrid y en pleno 2024, al Tío Vania?

¿Hay un Vania de entonces?

¿Hay un Vania de hoy?

¿Habrá un Vania mañana?

¿Y Vania por qué y para qué?

Las respuestas son imposibles y, tengo para mía, que Pablo Remón lo sabe y que esa certeza ha sido su acicate para ponerse a prueba buscándolas y, para ello, no ha dudado someterse a toda una ordalía a la caza y captura de razones y sinrazones que le conducen a Vania.

Todo comienza con el primer (o final) Vania tan desnudo y despojado que solo se tiene a sí mismo. Es un Vania arrebatado de neurosis flamante y agresividad contenida, un Vania que se recrea en el escepticismo como norma y en el desacuerdo como regla, un Vania acribillado de énfasis y sofocado de cansancio, es un Vania desencantado e indiferente.

Es, en definitiva, un Vania del siglo XXI donde los personajes —a cargo de un colosal reparto formado por Javier Cámara, Juan Codina, Israel Elejalde, Marta Nieto, Manuela Paso y Marina Salas—  exprimen su psiquis al límite, lo que les permite el lujo de ser neuróticos y desesperados, egocéntricos e irritados, lapidarios e implacables, flexibles e histriónicos.

Sí, autoconscientes y tensando al máximo, se desnudan para contar su penitencia de soledades y frustraciones, su vacío y su carencia, con el humor sarcástico, cruel y autodespreciativo, para entendernos, woodylalleniano en suma, de quien se regodea en no saber si quiere o no salir de su celda y , mientras se decide, dilucida el color, tono y sombreado de cada barrote para que vayan a juego y en contraste.

Apenas media hora más tarde toca enfrentarse al segundo Vania que, a su vez, se desdobla, en un ejercicio de caligrafía postmoderna, en otros dos , uno manchego y otro eslavo, que se fertilizan y contaminan, yendo y viniendo del uno al otro por los misteriosos pasadizos que comunican la socarronería sanchopancesca con la languidez tolstoiana, el valdepeñas con el vodka , la rabia reprimida con el cabreo de siempre, la decadencia con el no tener donde caerse, la tristeza con la tristeza y la nada con la nada,  en un toma y daca tan desconcertante como suculento, tan estimulante como imprevisto, tan inesperado como sorprendente.

Hay muchos Vanias en Vania.

Naves del Español en Matadero (Madrid). Hasta el 7 abril de 2024. De martes a domingo a las 18 horas (Vania 1) y las  20:30 horas (Vania 2)

Ficha artística

Texto y dirección Pablo Remón

Con Javier Cámara, Juan Codina, Israel Elejalde, Marta Nieto, Manuela Paso y Marina Salas

Diseño de espacio escénico Monica Boromello

Ayudante de espacio escénico María Abad

Diseño de iluminación David Picazo

Diseño de vestuario Ana López

Diseño de sonido Sandra Vicente

Ayudante de sonido Kevin Dornan

Producción ejecutiva (Teatro Kamikaze) Pablo Ramos Escola

Dirección de producción (Teatro Kamikaze) Jordi Buxó y Aitor Tejada

Ayudante de dirección Raquel Alarcón

Asistente de dirección Laura Garmo

Una coproducción de Teatro Español y Teatro Kamikaze

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