Dejémonos de magnolias y luz de luna propone Rhett Butler, es decir Clark Gable, a Escarlata O´Hara, es decir a Vivien Leigh; como una suerte de grito de guerra con el que iniciar un amor tan mítico como discordante, tan poderoso como contradictorio, tan sucio como reluciente, tan agresivo como exacerbado, tan tóxico como saludable.

No es casual, me temo, que «Luz de luna y magnolias» sea, originalmente, el título de esta espléndida, completa y profunda función, que trata sobre el barro que se amasa, las costillas que se arrancan y las tormentas que se desatan cuando los simples mortales quieren invocar, para emularlo, el acto divino por excelencia, la creación.

Así, David O´Selznick, un productor independiente de grandes estudios y capitales corporativos soñó en hacer una historia-sentimental y arrebatada, épica e ilusionada – sobre como el ayer agoniza ante el hoy, a partir de un bestseller llamado «Lo que el viento se llevó»; pese a mil dificultades, inconvenientes y riesgos, lo consiguió. El resto es historia. Y esta función es la historia de esa historia.

José Troncoso, se erige en maestro de ceremonias, y  monta con habilidad y firmeza un tiovivo vertiginoso, una noria frenética, un carrusel desbocado, en la que ruedan un Gonzalo de Castro (O´Selznick, claro)  sublime que —poseído y arrebatado, ridículo y portentoso, embustero y bailarín— manipula embauca y convence a Pedro Mari Sánchez que llena  al guionista Ben Hecht de lucidez y taciturnidad, escepticismo y distancia , en contrapunto con un José Bustos que da vida al inflamado, altivo y sanguíneo director Víctor Fleming.

Entre los tres —sin parar, sin pausar, sin respirar— tiran y estiran, hacen y deshacen, prueban y descartan, percuten y discuten, amenazan y presionan, y de la nada inicial van dando forma a cada escena y va apareciendo más grande que la vida la película más grande que vieron los tiempos, mientras Carmen Barrantes, deliciosa y enredadora, va y viene como una dama duende que brinca, convida a plátanos y cacahuetes, salta y revolotea a su alrededor para ser su musa y su espejo, para ser el alma de Escarlata O´Hara, y para ser, sobre todos ellos, la diosa a quien poner por testigo que son creadores y son eternos, y que en un pedazo inmortal de celuloide,  Atlanta siempre estará en llamas, el crepúsculo siempre estallará sobre Tara y mañana, siempre, siempre, será otro día, en el que la luz de luna brilla sobre las magnolias.     

Teatro El Pavón (Madrid). De miércoles a viernes a las 19 horas, sábados a las 19 y 21:30 horas
Domingos a las 18 horas 

Ficha artística

Autor: Ron Hutchinson
Adaptación al castellano: Daniel Anglès
Versión y dirección: José Troncoso
Intérpretes: Gonzalo Castro, Pedro Mari SánchezJosé Bustos y Carmen Barrantes
Escenografía: Silvia de Marta
Vestuario: Guadalupe Valero
Iluminación: Javier Alegría
Música original y espacio sonoro: Mariano Marín
Movimiento: Luís Santamaría
Caracterización: Chema Noci
Dirección de producción y producción ejecutiva: Maite Pijuán

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