Trastorno bipolar: ¿cómo convivir con la enfermedad?

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Alzheimer, Parkinson. Cerebro y genética. Foto:©FLICKER

El trastorno bipolar es diferente según cada persona; mas lo cierto es que se puede sobrellevar, aprendiendo a convivir con ella. ¿Cómo? Siga leyendo.

Entre cambios drásticos de humor, problemas serios de comportamiento y fuerte sentimiento de pérdida de esperanza, con periodos entre medias donde el temperamento vuelve a la normalidad, el trastorno bipolar es una enfermedad tan extremadamente preocupante como molestosa, que dificulta la vida no sólo de quien la sufre, sino también de sus familiares.

Las personas con trastorno bipolar no sólo deben lidiar con sus síntomas, sino además con las consecuencias de las acciones realizadas en pleno ataque. ¿Significa eso que es imposible vivir con la enfermedad? No, y en el presente artículo veremos unas cuantas pautas que lo atestiguan.

¿Qué es el trastorno bipolar?

El trastorno bipolar es una enfermedad seria y grave que pone en jaque la salud mental de quien lo padece, iniciándole por un camino difícil, lleno de retos y de desafíos, donde el estado de ánimo y el comportamiento sufren un revés importante. Se la conoce también como “depresión maníaca”, tal y como informan desde esta enciclopedia médica que la desglosa con minuciosidad; un nombre que responde precisamente a los episodios serios de depresión y manía que causa.

Aparece por primera vez en la adolescencia o durante los primeros años de la adultez, generalmente, llegando para quedarse hasta el final de la vida. Niños menores de doce años han sido diagnosticados con este desequilibrio en la estabilidad mental, si bien no es frecuente que este trastorno se dé a conocer durante esta etapa de la niñez.

Se trata de una de las enfermedades de salud mental más frecuentes en la sociedad de nuestros días, ya que su afectación alcanza a hombres y mujeres por igual, agrupando en su colectivo entre el 3 y el 5 por ciento de la población mundial adulta.

El trastorno bipolar es una de esas patologías psicológicas que se les escurre muchas veces a médicos y psiquiatras y profesionales similares, a veces llegando a confundirla incluso con otros trastornos, por lo que su diagnóstico suele llegar tarde, después de un periodo de meses o años de sufrimiento innecesario para quien lo padece.

La combinación de medicina y psicoterapia permite que el trastorno bipolar sea una de las enfermedades mentales más tratables, al menos en la mayoría de los casos, y eso a pesar de su condición debilitante.

¿Cuáles son los síntomas que reconocen la presencia del trastorno bipolar?

«Mi propio cerebro es para mí la más misteriosa de las máquinas, siempre excitado con un zumbido continuo, volando hacia las alturas para después caer en picado y hundirse en el barro». Así definió Virginia Woolf su trastorno bipolar, unas líneas que plasman fielmente el síntoma principal de esta enfermedad, el sube y baja constante en el que somete a sus pacientes.

Antes de pasar a enumerar sus señales, sin embargo, hay que admitir, ante todo, que el trastorno bipolar es muy difícil de reconocer y, por ende, de diagnosticar. ¿Y por qué? Debido a la capacidad de vincularse a otras enfermedades y aparentar ser uno de sus síntomas, por no hablar de que también puede encubrirse al ingerir sustancias químicas o de drogadicción, o al tener problemas y un comportamiento irregular en la escuela o trabajo.

Los psiquiatras culpan también a la hipomanía de la dificultad de dictamen del trastorno bipolar. Para entender esta señalización es preciso explicar que, si bien la hipomanía sí es una temprana señal de este trastorno mental, descarga en quien lo sufre un chute de energía, por decirlo de algún modo, bajo cuyo influjo desfilan ideas impulsivas, pensamientos tan grandiosos como irreales y un comportamiento perturbador y alarmante.

Síntomas que, en otras palabras, aparecen como algo bueno y positivo a ojos de quien los padece. ¿Y quién puede llamar enfermedad o mirar con malos ojos a algo que sienta bien? He ahí el quid. Esta positividad camufla la presencia del trastorno bipolar, una negación de su existencia que empieza ante todo en la persona.

Se tiene trastorno bipolar, no se es bipolar

Pero los síntomas de la manía y de la depresión son las mejores luces de neón del trastorno bipolar, a decir verdad. Por ello, hablar de los signos que chivan sobre su presencia es mencionar al aumento de energía, como ya hemos mencionado antes, el cual se manifiesta en mucha inquietud y en un habla rápido y pensamiento también rápido.

La negación de que existe algún problema también es una señal del trastorno bipolar, junto a la fácil distracción, la irritabilidad extrema, el insomnio prolongado y el cansancio durante días; la confianza exagerada, el optimismo maximizado y sin fundación, la falta de juicio fuera de carácter, la creencia de habilidades portentosas, una inusual compulsión sexual, un comportamiento agresivo o entrometido, el abuso de drogas y, cómo no, las emociones sentidas con una alta intensidad, una euforia que lo sitúa en lo alto de una cresta de felicidad que ni las malas o trágicas noticias pueden disipar.

La etapa depresiva, que eventualmente aparece en las personas con trastorno bipolar después de una etapa maníaca o después de un periodo con el ánimo y comportamiento normal, generalmente, tiene sus propios síntomas, no obstante, los cuales pueden achacarse a un ánimo persistente de ansiedad, tristeza y/o soledad; pesimismo o desesperanza; fatiga, lentitud y decaimiento de energía, y una persistente Inquietud e irritabilidad.

Asimismo, también surge un sentimiento de culpabilidad, impotencia o de desvalorización propia; una pérdida evidente de interés o placer en las actividades que antes sí interesaban; trastorno del sueño; problemas de concentración y olvido; pérdida o aumento de apetito y peso. Sin olvidar mencionar el dolor crónico persistente que no viene causado por alguna enfermedad física, así como el repetido pensamiento sobre la muerte o el suicidio.

¿Cómo se puede vivir con la enfermedad?

Mark Twain dijo una vez: «todas las generalizaciones son falsas, incluso esta». Así que empecemos por ahí. En aclarar que no existe una manera correcta o incorrecta de vivir con el trastorno bipolar, y que no existen dos personas diagnosticadas con el mismo trastorno que la padecen igual. Pero aprender a convivir con ella, dentro de los límites que la enfermedad demanda, es posible, extrapolando esa tolerancia en el ámbito familiar, social y laboral.

Según la guía ‘Vivir con trastorno bipolar’, difundida por el Hospital Clínic de Barcelona, entre otras entidades involucradas en el proyecto, está demostrado que la educación, consejo y apoyo de un psicoterapista ayuda, y mucho, a las personas con trastorno bipolar, echándole una mano para que mantenga una autoimagen saludable y se enfrente a las relaciones personales, asegurándose en el proceso de que la persona no descuide su tratamiento.

Tomando lo ahí aconsejado como fuente para esta recopilación de pautas recomendadas, podemos afirmar asimismo que la psicoterapia, por su parte, también puede ayudar al diagnosticado con trastorno bipolar a que se enfrente con los efectos secundarios de las medicinas prescritas.

Lo que debe quedar claro, ante todo, es que el trastorno bipolar no es consecuencia de una debilidad o defecto de carácter, como tantas veces se tiende a calificar. Se trata de una enfermedad mental que surge cuando algo no funciona bien en el interior del cerebro, sencillamente, de modo que la primera batalla a combatir para convivir con esta enfermedad es la eliminación de la culpabilidad, pues su aparición no es culpa de nadie.

Después de todo, el Alzhéimer no cae selectivamente sobre quienes lo eligen, el cáncer no tiene un club de fans que sueñan con padecerla, precisamente, la artritis no tiene una lista de espera de voluntarios a sufrirla, y el trastorno bipolar no es diferente a ninguna de ellas en este sentido.

Lo que sí es frecuente que ocurra es la estigmatización de esta enfermedad, desafortunadamente, exponiendo a las personas que lo sufren a una discriminación y aislamiento al final. Condiciones desventuradas que no ayudan en nada a afrontar la enfermedad y que, aún peor, reduce la calidad de vida.

Lo bueno que tiene el trastorno bipolar es que una vez se logra identificar con diagnóstico y comienza el tratamiento psiquiátrico es posible subsanar bastante los efectos negativos ya señalados, gracias a que con el tratamiento los cambios severos de ánimo se empiezan a controlar, un punto de partida sobre la cual reconstruir la vida normal.

Por otra parte, a veces para sobrellevar la enfermedad se necesita hacer un cambio en el estilo de vida, como una regulación de los hábitos o el no tomar ni alcohol ni drogas ni otros tóxicos. De igual forma, ayuda mucho huir del estrés, reservar tiempo para el disfrute personal, pues ello ayuda a rebajar la tensión, lo que a su vez minimiza las posibilidades de sufrir uno de los ataques maníacos o depresivos del trastorno bipolar.

La autoobservación, asimismo, es muy fundamental en este precario equilibrio de la salud mental que se establece con el trastorno de la bipolaridad, pues con ella se puede llegar a prevenir recaídas.

Al autoobservarse se detectan enseguida los cambios de ánimo, se capta un aumento del habla, de la discusión, la irritabilidad… se puede realizar una lista con los primeros síntomas que otros han detectado, ya que el mínimo cambio puede guardar un gran significado y advertencia. Con esta práctica de observación personal se consigue, además, prestar atención al sueño, pues como advierten en la guía, la percepción reiterada de la falta de necesidad de dormir es el primero de los eslabones que forman la cadena de la descompensación.

Escuchar las advertencias de las personas de confianza que hay alrededor es otra ayuda más, junto a mantener una regularidad en los hábitos, tanto a nivel del sueño como en las actividades y la alimentación, disminuyendo así la vulnerabilidad a las recaídas.

Asimismo, es preciso tomar correctamente la medicación y no abandonarla, ya que ayuda a evitar las recaídas de los ataques del trastorno bipolar, ya que al abandonar la medicación sólo planta resistencia a los beneficios del fármaco. Y, quizá lo más importante, no negar la enfermedad ni enfrentarse a ella. Rehusar darse por enterado de que se padece un trastorno bipolar no ayuda a nadie, al revés; y es que no por sufrir esta enfermedad mental se es mejor o peor persona, especialmente porque el trastorno bipolar no tiene nada que ver con la personalidad.

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