Tuberculosis pulmonar, esa infección bacteriana que recuerda a la Covid-19

0

¿Qué es la tuberculosis? ¿Tiene cura? ¿Por qué se da y cómo comienza? ¿Cuánto tiempo se sobrevive con ella? Hoy, en su Día Mundial, respondamos a estas dudas.

Hay días que son para el recuerdo, y otros que invitan más bien a visibilizar y concienciar. El 24 de marzo es una de esas jornadas mundiales que es indebido pasar por alto, si se quiere aunar recuerdo y memoria social, salud y visibilidad patológica. Y menos cuando la comunidad global celebra el Día Mundial de la Tuberculosis, esa enfermedad infecciosa vestida de microbio que aún hoy sigue siendo un serio motivo potencial de preocupación.

¿Qué es la tuberculosis y cuándo debuta?

Conocida también por su abreviación de TB, la tuberculosis es una infección bacteriana que el germen Mycobacterium tuberculosis, una bacteria infecciosa abreviada M tuberculosis, produce al atacar a los pulmones, principalmente, dañando colateralmente a otras partes del cuerpo.

Hablamos de una enfermedad bastante contagiosa por su estrategia de diseminación por el aire, o así lo suscriben en esta enciclopedia médica, cuyo círculo de transmisión comienza cuando las bacterias se propagan con total facilidad e impunidad de una persona infectada a otra no infectada, y que continúa al inhalar los individuos sanos gotitas microscópicas  de agua o aerosoles provenientes de un infectado que tose, escupe, estornuda, canta, ríe o habla.

Tal vez esto les suene, a la vista sobre todo de la pandemia del coronavirus. Y lo cierto es que las similitudes de contagio no terminan ahí, pues al igual que el virus SARS-CoV-2, la tuberculosis puede presentarse ante cualquier persona, si bien existen factores que pueden aumentar el riesgo de padecer la enfermedad.

¿Como cuáles? Pues ya sea al consumir tabaco, alcohol u otras sustancias intravenosas; al trabajar, vivir con personas ya infectadas; o sencillamente al emigrar o viajar a zonas con altas tasas de tuberculosis, léase África, América del Sur o Europa del Este.

De este modo, puede decirse que la TB siente la misma preferencia de asentamiento hacia las personas mayores, los bebés y aquellos sistemas inmunitarios debilitados por el sida, la diabetes, el cáncer, la quimioterapia y demás tratamientos oncológicos; por no hablar de aquellos que sufren una enfermedad renal grave, una malnutrición, el bajo peso corporal, los medicamentos para prevenir el rechazo de los órganos trasplantados, ciertos fármacos utilizados para tratar la psoriasis, la artritis reumatoide o la enfermedad de Crohn.

Por ello es absolutamente recomendable consultar a un médico si uno ha estado expuesto a la TB, sometiéndose así y lo antes posible a los exámenes pertinentes de la detección de la enfermedad.

¿Se puede convivir con la tuberculosis?

Sí… y no. Esta enfermedad pulmonar puede ser mortal, si no se trata adecuadamente, siendo esta actitud de actuación la principal característica que lo distingue del coronavirus que, por señalar una diferencia, en algunas personas puede ser leve y hasta asintomática.

La mayoría de las personas con TB acaban recuperándose de esta infección bacteriana pulmonar, sin embargo, sin manifestar grandes señales de la enfermedad, que en ellos permanece latente, aunque inactiva durante años, sin llegar a contagiar a nadie en esta fase. Su tratamiento es importante, no obstante, sobre todo para evitar que pase a modo activo.

Otros contagiados de TB, empero, presencian una fase de reactivación, donde el germen se activa de nuevo transcurridas varias semanas desde la infección inicial; cabe matizar que buena parte de la gente con tuberculosis activa sometida a un tratamiento apropiado durante dos semanas, como mínimo, ha dejado de ser contagiosa, gracias a los medicamentos que ingiere.

Pese a ello, la tuberculosis sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo, debido principalmente al aumento de cepas resistentes a los medicamentos prescritos en los tratamientos contra esta patología.

Y es que algunos gérmenes de la tuberculosis han evolucionado hasta convertirse en cepas con capacidad de resistir y sobrevivir a los medicamentos. ¿Cómo es posible? Gracias, en parte, a que las personas afectadas no siguen al pie de la letra las indicaciones de los fármacos o, peor, no completan el tratamiento prescrito.

Como consecuencia, las variantes del germen de la tuberculosis se resisten a dejarse vencer por los antibióticos, convirtiéndose éstos en anticuerpos ingeridos que ya no son efectivos contra la bacteria original, sin llegar a matar todos los microbios expuestos e infecciosos.

De esta forma, las bacterias sobrevivientes no solo se hacen resistentes a ese medicamento abandonado en cuestión, sino también a otros antibióticos que poco o nada tienen que ver con la tuberculosis.

¿Cuáles son los síntomas de la tuberculosis?

A la infección pulmonar resultante de la bacteria de la tuberculosis se la denomina TB primaria, por cierto; las personas que tienen latente esta bacteria en el organismo pueden tomar medicamentos previsores que impiden el desarrollo de una TB en activo. La tuberculosis activa, en cambio, puede curarse con varios medicamentos, generalmente, fármacos prescritos y administrados durante un largo periodo de tiempo.

En cualquier caso, entre las señales más típicas de la tuberculosis pulmonar activa se incluyen los sudores nocturnos, la fiebre y los escalofríos, una honda debilidad o fatiga, la reducción de peso a ojos vista, y una tos severa que dura tres semanas o más y que además escupe mucosidad o, peor, sangre.

Ahora bien; tanto los problemas en las funciones del hígado y/o en los riñones como el dolor al respirar o al toser son algunas de las consecuencias muy propias de esta enfermedad, igual que los escalofríos, los trastornos cardíacos, la pérdida del apetito, la meningitis o inflamación en las membranas que recubren el cerebro, y el daño articular o artritis tuberculosa en caderas y rodillas.

Es importante señalar, tal y como recuerdan los expertos, que la tuberculosis también puede afectar a otras partes del cuerpo y no solo a los pulmones, dañando la columna vertebral y a ciertos órganos vitales como los riñones o el cerebro.

La literatura científica de esta enfermedad indica que las señales sintomáticas de la TB varían significativamente en los casos en que se deja notar en otras zonas que no son los pulmones, en comparación sobre todo con las señales antes mencionadas, adaptándose en tales casos a los órganos afectados. Es el caso de la tuberculosis de la columna vertebral, por ejemplo, capaz de provocar dolor en la espalda; o de la tuberculosis en los riñones, mismamente, que puede causar sangre en la orina.

¿Cómo protegerse ante la tuberculosis?

Aparte de lavarse las manos, tiene que utilizar una mascarilla o pañuelo al hablar con los demás y desecharlo enseguida a la basura envuelto en una bolsa bien cerrada. También es conveniente mantener un aislamiento preventivo durante las primeras semanas de activación de la bacteria ya que ayuda mucho a prevenir la propagación de la tuberculosis.

Por otro lado, es necesaria una buena ventilación y, lo más importante, completar el tratamiento médico, no saltarse ninguna dosis y no dejar a medias la terapia farmacológica.

Y es que el germen de la tuberculosis no vacila a la hora de mutar y resistirse, desarrollando cepas resistentes a los medicamentos, lo que le permiten sobrevivir a los fármacos más potentes, por un lado, y mostrarse más letales incluso que antes, llegando a ser mucho más difíciles de tratar.

Y si bien existen hoy en día docenas de vacunas contra la tuberculosis, la mayoría de las cuales se encuentran sumidas en diversas etapas de desarrollo, prueba y perfeccionamiento, lo cierto es que ninguna de ellas se suele recomendar para los adultos afectados, ya que no es muy eficaz a cierta edad. A los bebés, en cambio, se les suele administrar un pinchazo de la vacuna del bacilo de Calmette-Guérin, sobre todo en aquellas regiones donde la tuberculosis es más frecuente y común.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí