Las cuestiones de importancia en España pasan de largo como bien sabemos en todo lo referido al empleo. Y en esta ocasión no iba a ser distinto. Los centros especiales de empleo tienen una labor que parece que solamente se tiene en cuenta en algunos casos.

Esto sucede con el Libro Blanco de Empleo y Discapacidad, al parecer un instrumento que tiene como objetivo asegurar el derecho al trabajo de las personas con discapacidad en España y establecer la orientación de un marco legislativo y de la política pública en el ámbito del empleo, reza en un comunicado, pero eso deja de ser cierto en el momento en el que quedan excluidas entidades y organizaciones que llevan décadas promoviendo el acceso al empleo de las personas con discapacidad.

La pregunta está encima de la mesa: ¿puede un Gobierno validar que se quede fuera la Confederación Nacional de Centros Especiales de Empleo (Conacee) así como otras asociaciones que trabajan a favor de la discapacidad? Sí. Esto sucede en España cuando se ignoran las propuestas de otras entidades entre las que se enmarcan todas las derivadas de los derechos laborales, el empleo de calidad o los salarios.

Las numerosas perspectivas relativas al empleo de calidad de las personas con discapacidad se ve relegada una vez más, un año más a los criterios de la ONCE, Cermi y Fundación ONCE cuando en la pluralidad cualquier Gobierno estimaría oportuno dar voz a las demás entidades que no solo emplean a las personas con discapacidad sino que se preocupan de ellas a todas luces.

Estamos ante un escenario que deja de ser blanco porque en la exclusión en términos de apoyo al empleo, Conacee o el CEDDD luchan desde hace décadas por estas personas y quizá son los mandatarios los que ignoran qué sucede y no solo no cuentan con ellos sino que intentan callar su voz.

Escuchemos todas las voces desde una perspectiva transversal para que juntos podamos ampliar cuanto se conoce y se desconoce en algo tan importante como es validar a la persona que nace con una discapacidad o la tiene sobrevenida porque en la esta vida, nada elegimos.

Abramos la puerta al diálogo. Quizá tras el «23 jota» algo más debería cambiar. Propongo desde la tribuna de la libertad que aún sigue siendo la prensa, que el Libro Blanco de la Discapacidad aúne todas las voces. Acabáramos.

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