Abandonar debo la choza donde vive mi adorada
y con paso sigiloso vago por la selva árida.
Brilla la Luna en la fronda, alienta una brisa blanda
y el abedul, columpiándose, a ella eleva su fragancia.
¡Cómo me place el frescor de la bella noche estival!
¡Qué bien se siente aquí lo que nos colma de dicha!
¡Trabajo cuesta decirlo…! Y sin embargo
daría yo mil noches como ésta por una junto a mi amada.
Wolfgang von Goethe

























