Vamos al revés:

mientras el mundo trata

de sobrevivir aprendiendo a aferrarse

a cada momento, aquí,

desde el cansancio de invertir en lo efímero,

sólo queremos las alas imperfectas del mañana.

nunca un espacio tan reducido

se había parecido tanto a una ciudad,

ya que la ciudad asume pronto el reflejo

de quien la distorsiona, pero también del farol

que generosamente la ilumina,

y acepta que dentro de ella

nazcan, como buenas malas hierbas,

pequeñas soledades satélite que, aun contradiciéndola,

la imiten con otro brillo,

  con un ansia distinta.

no le tengo miedo a los cimientos

del aire, hemos sostenido nuestras vidas

con la precipitación de una ambulancia;

ya lejos,

  lo suficiente para que el dolor no alcance,

-pero dentro de este idilio de luz

en el que perderse viviendo-,

la posibilidad de una nueva tarde

abre la breve ruta de la reconciliación.

Marc J. Mellado

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