Un poema

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Copa y una rosa roja
Copa y una rosa roja. Foto: Pixabay©

En desmayada beldad 
De una rosa, sol de flores, 
Con crepúsculos de sangre 
Se trasmonta oriente joven. 

Cortóla un dentoso arado 
Que, a no ser de ayal torpe, 
Por la púrpura que viste, 
Le juzgara marfil noble. 

Cerdoso Júpiter vibra 
Rayos, marfil, sobre Adonis, 
Y el alma que trae de Venus 
Hiere más, mientras más rompe. 

Espumoso coral vierte 
Que en verde esmeralda corre, 
Mar de sangre en quien a Venus 
Naufragio prepara Jove. 

Verdugo monstruo ejecuta 
De inflexible Dios rencores, 
Y siendo amor el vendado, 
Son cadahalsos los montes. 

«¡Ay!, fiera sangrienta, dice, 
Si asegundarte dispones, 
Advierte que en la de Venus 
No en mi vida, has dado el golpe. 

Y matar una mujer 
Con hazaña tan enorme, 
Más para escupida es, 
Que para esculpida en bronce». 

Con esto se vino a tierra 
Esta hermosura Faetonte, 
Y exhala beldad, ceniza 
Del sol que agoniza ardores. 

De la herida a la ventana 
El alma, al golpe, asomóse 
Y aunque halló en la sangre escalas 
Saltó atrancando escalones. 

Cuando de cansar las fieras, 
Ciudadanos de los bosques, 
Venía la diosa Venus 
Guisando a su amante amores. 

Perlas desata en la frente, 
Y su cuerpo exhala olores, 
Que en amorosa porfía 
Mejillas y aire recogen. 

Juega la túnica el viento 
Y entre nube holanda expone 
Relámpagos de marfil, 
Migajas de perfecciones. 

Arroyo de oro el cabello, 
Libre por la espalda corre, 
De la cual pende un carcaj, 
Vientre de dardos veloces. 

Duplica en la espalda flechas, 
Rigores ostenta dobles, 
Bruñido dardo a las fieras, 
Sutil cabello a los hombres. 

Al pequeño pie el coturno 
Le pone armiñas prisiones, 
blando muro a dura espina 
Que a tanta beldad se opone. 

Fuentes le abrió de coral, 
Quizá previniendo entonces, 
Que tanto fuego tuviese 
Por la sangre evacuaciones. 

Hilos de rubí desata 
Para que su nieve borden, 
Con que en la tez de las rosas 
Lácteos purpureó candores. 

Ramos de sangre en tal cielo 
Fueron cometas atroces 
Que le escribieron desastres 
En tan sangrientos renglones. 

Espoleóle a su desgracia 
Con la espina y arrojóse 
Desde el risco del amor 
Al zarzal de confusiones. 

Trajinaria de distancias, 
La vista escudriña el orbe, 
Ve un atleta con la muerte 
Luchando en rojas unciones. 

A Adonis vio, jaspe yerto, 
Por lo manchado y lo inmoble, 
Y por dudar lo que ve, 
Adrede le desconoce. 

Asómase toda el alma 
A los ojos, conocióle, 
Y por dudar y engañarse, 
Con engaños se socorre. 

Beber la muerte en sus labios, 
Cervatilla herida, escoge, 
Muerte bebe en barro y vida 
En boca rubí propone. 

A voces le encaña el alma 
Y a la de Adonis, sus voces, 
Como se va por la herida, 
Son a su prisa empellones. 

Mira al cielo de su rostro, 
Que alumbraban zarcos soles, 
Y halla que a eclipsarlos vino 
La luna de su desorden. 

De las mejillas, que en rosas 
Desabrocharon botones, 
Si bordados, no alelíes, 
Cárdenas violetas coge. 

El panal dulce del labio, 
Que entre ambrosia daba olores 
Si es ámbar flor maltratada, 
Hiel al néctar corresponde. 

Mas las víboras de sangre, 
Que se arrastran por las flores, 
Nueva Eurídice, la muerden, 
Miembros de mármol la ponen. 

Rabiosamente se arroja, 
Y es el remedio que escoge, 
Beberle en la boca el mismo 
Veneno que la corrompe. 

La boca avecina al labio, 
A heredarle el alma, adonde 
Como llegó Venus muerta, 
Alterna muerte matóles. 

Ay Píramo!, ay, Tisbe nueva! 
Riscos ablandáis que os lloren, 
Pues caváis en una herida 
Hoyo a dos vidas conforme. 

Con las palabras enjagua 
Y dando nieve en sudores, 
Con cansados huelgos dice 
Estas quejas a los dioses: 

«¡Ay Dios bronce! 
¡ay Dios diamante! 
¡ay Júpiter!, cuando adores 
A Europa toro, oro a Dafne, 
Tus amores se malogren. 

¡Ay, Apolo vengativo!, 
Cuando con pies voladores 
Sigas a Dafne, de ingrato 
Laurel tus sienes corones. 

¡Ay!, náufraga vida mía!, 
Que un mar bermejo te sorbe 
Y en la roca de la muerte 
Te estrellas ya sin tu norte». 
Dijo, y por la herida misma 
Hasta el corazón entróse, 
Que aún más allá de la vida 
Un dulce amor se traspone.

Hernando Domínguez Camargo

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