Mira tu mano, que despacio se mueve, 
transparente, tangible, atravesada por la luz, 
hermosa, viva, casi humana en la noche. 
Con reflejo de luna, con dolor de mejilla, 
con vaguedad de sueño,

mírala así crecer, mientras alzas el brazo, 
búsqueda inútil de una noche perdida, 
ala de luz que cruzando en silencio 
toca carnal esa bóveda oscura. 

No fosforece tu pesar, no ha atrapado 
ese caliente palpitar de otro vuelo. 
Mano volante perseguida: pareja. 
Dulces, oscuras, apagadas, cruzáis. 

Sois las amantes vocaciones, los signos 
que en la tiniebla sin sonido se apelan. 
Cielo extinguido de luceros que, tibios, 
campo a los vuelos silenciosos te brindas. 

Manos de amantes que murieron, recientes, 
manos con vida que volantes se buscan 
y cuando chocan y se estrechan encienden 
sobre los hombres una luna instantánea. 

Vicente Alexaindre

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