Un poema: Nuestra muerte

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Nuestra muerte es nuestra boda con la eternidad.
¿Cuál es el secreto? «Dios es Uno».
La luz del sol se divide al entrar por las ventanas de la casa.

Esta multiplicidad existe en el racimo de uvas;
no está en el zumo extraído de la uva.

Para aquel que vive en la Luz de Dios,
la muerte del alma carnal es una bendición.

De él huelga hablar mal ni bien,
pues ha trascendido más allá de bien o mal.

Fija los ojos en Dios y no hables de lo invisible,
para que Él proyecte otra mirada en tu mirada.

Es en la visión de los ojos físicos
donde no existe cosa invisible ni secreta,

pero cuando el ojo se vuelve hacia la Luz de Dios,
¿qué cosa podría permanecer oculta bajo una Luz semejante?

Aunque toda luz dimane de la Luz Divina,
no las llames a todas «Luz de Dios»:

La Luz eterna, ésa es Luz de Dios;
la luz efímera es atributo de cuerpo y carne.

¡…Ay, Dios que concedes la gracia de la vista!
El ave de la Visión vuela hacia Ti con las alas del deseo.

Rumi

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