Hay quien tiende a pensar que lo merece todo.

Yo prefiero dar gracias.

Cruzo mis manos calientes sobre el mundo

sobre la gratitud a salvo del olvido.

Pienso en todas las manos

las que abrieron ventanas en los muros

las que besan el trigo para que haya pan

las que cortan el cuero que nos calza.

Amo todas las manos.

¿Qué son? ¿Qué pueden solas?

Son otras manos las que mueven los trenes

otras las que conectan las bombillas

otras las que abastecen los bazares.

Y serán otras manos

tal vez aún no nacidas

las que caven la tierra que me habrá de cubrir.

Raquel Llanseros

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